TRIBUNA
Erika J. Rivera

Se puede esclarecer la importancia de la prospectiva mencionando que los seres humanos, en general, intentan anticiparse a los desarrollos de todo tipo. Tratamos de utilizar las posibilidades de la razón para reducir la incertidumbre y alcanzar las metas que nos hemos trazado. La prospectiva constituye la anticipación para iluminar las acciones presentes con la luz de un futuro posible y deseable. La prospectiva puede ser vista como la preparación ante los cambios previstos y como la necesaria acción para inducir la evolución deseada y para evitar los errores en la apreciación de acciones futuras. La prospectiva es necesaria hoy en día porque los hombres tienen sed de futuro, es decir de esperanza, y esta necesidad colectiva se manifiesta mejor si está canalizada por métodos científicos.

   Justamente hoy, a la vista de la inesperada pandemia del coronavirus, hay que utilizar la prospectiva para limitar sus riesgos. La prospectiva es una anticipación para esclarecer la acción. La meta normativa de la prospectiva consiste en reducir la incertidumbre sobre el futuro. Este es el principio metodológico por excelencia de la prospectiva. La prospectiva tiene como finalidad establecer estrategias para limitar de las incertidumbres, y su fin es el ahorro de los medios que se utilizan.

   Hay diferentes escuelas de prospectiva. La tendencia determinista de la prospectiva hace prevalecer la fuerza de los hechos y predice el porvenir como una extrapolación a largo plazo de los datos que conocemos en el presente. La corriente voluntarista de esta misma disciplina se apoya en las decisiones que toman los seres humanos para construir el porvenir de acuerdo a planes elaborados por la propia voluntad. Este enfoque acumula una enorme cantidad de datos y mediante modelos matemáticos trata de extrapolar, es decir, anticipar el comportamiento de las variables hacia el futuro partiendo de los datos del presente.

   Todos estos enfoques toman los hechos en una porción del futuro que podemos avizorar sin grandes problemas. Esta tendencia tanto en el corto como en el largo plazo nos muestra el posible desarrollo de la acción, de modo que podemos reducir riesgos y evitar equivocaciones. Desde una visión optimista de la prospectiva podemos considerarla como el arte de conducir la historia. Pero en general la prospectiva tiene solo un carácter provisional, enmendable y solo probable. Su mérito radica, sin embargo, en su función positiva: en el fondo toda prospectiva es una actitud relativamente optimista ante el futuro.

   La prospectiva se ha convertido en un mecanismo extraordinariamente importante, porque nos permite mediante datos más o menos seguros y por medio de una interpretación plausible de los mismos, hacernos una idea relativamente clara de las posibilidades y de los problemas que vamos a enfrentar en el futuro. Conocer el futuro no tiene sentido si no existe una decisión previa de modificarlo para manejarlo.    La población boliviana debería formarse pedagógicamente dentro de una visión estratégica del conjunto de sus posibilidades, no sólo en el campo tecnológico, sino también con una perspectiva amplia de mediano y largo plazo. En el caso de la pandemia que hoy nos aflige y, en general en todos los terrenos del desarrollo, urge una educación que se dirija a los niños con espíritu científico, para que ellos, en la edad adulta, sepan producir con cierta facilidad una visión estratégica correcta de las necesidades de nuestro futuro.