Infografía: Franz Rosas

Gabriela Ramos/Bolivia Digital

Han pasado 27 días desde que los primeros dos casos de coronavirus (COVID-19) se confirmaron en Bolivia, el 10 de marzo. Desde entonces se registraron tres picos, es decir, fechas en las que la cantidad de pacientes confirmados se disparó, hasta llegar a los 183 positivos que notificó el Ministerio de Salud hasta ayer.

Al respecto, un médico epidemiólogo observa que la curva de casos del COVID-19 en Bolivia representa un llamado a mantener la calma.

Al igual que el resto del mundo, el país enfrenta la pandemia de coronavirus, un virus de origen animal pero que mutó hasta hacerse asimilable por el organismo humano. Dicho microorganismo, al ingresar al cuerpo humano afecta a las células pulmonares provocando complicaciones a nivel respiratorio, que en varios casos derivan en la muerte.

El 10 de marzo pasado el ministro de Salud, Aníbal Cruz, notificó la presencia de los primeros dos casos en el país, dos mujeres que adquirieron el virus en Italia. La primera de ellas reside en Oruro y la segunda en Santa Cruz.

Sólo en el caso de la ‘paciente cero’ orureña, esta contagió a siete personas, de su núcleo familiar, según consta en los datos del Servicio Departamental de Salud (Sedes) de Oruro.

En los primeros once días posteriores a la notificación de los primeros casos, el sistema de salud boliviano registró una media de tres casos por día. Hubo jornadas, como la de 12, 16 o 18 de marzo en que el Ministerio del ramo no reportó pacientes confirmados.

Para entonces, el Gobierno de la presidenta Jeanine Áñez, dictó una cuarentena total para contener la propagación de casos de coronavirus, en la que se suspendían las actividades laborales, educativas y comerciales, exceptuando las de provisión de alimentos, servicios básicos y sanitarias.

La medida se endureció con el establecimiento de un cronograma de días para que la gente salga a proveerse de alimentos, de acuerdo a la terminación de su cédula de identidad, y la prohibición de movilizarse en fines de semana.

Sin embargo, el 26 de marzo el país se alarmó con la confirmación de 22 casos en un solo día, con los que la cifra oficial saltó e 39 a 61 casos.

Al día siguiente, 27 de marzo, se reportaron 13 casos, y aunque el dato era menor al de la jornada anterior, elevaron la cantidad de pacientes contagiados a 74.

El 29 de marzo es otra fecha pico, pues se reportaron 15 casos y se registró la primera persona fallecida por el virus, en Santa Cruz.

Desde el 30 de marzo al 3 de abril se produjo un periodo de baja, con una media de ocho casos por día, pero la curva epidemiológica iba a ingresar a una nueva escalada, ya que el 4 de abril se anotaron 18 nuevos casos y el 5 de abril se reportaron 26 casos, lo que elevó el total de pacientes confirmados a 183 personas, 11 personas fallecidas y un recuperado.

“Los casos aún no se dispararon”

El médico epidemiólogo, Gonzalo Taboada señaló que la cantidad de casos que se fueron reportando en el transcurso de los días son un llamado a mantener la calma y las medidas de contención, ya que “aún no hay un disparo de casos, que ponga en riesgo la capacidad de respuesta de los centros de atención médica”.

En criterio del galeno se está conteniendo adecuadamente el brote de COVID-19, pues la demanda de atención al sistema de salud está por debajo.

En otros países como Italia, España y Francia, la cantidad de casos sobrepasó su capacidad hospitalaria, y obligó a los gobiernos a habilitar hospitales en ambientes que no pertenecen a nosocomios, e incluso trasladar enfermos de un centro hospitalario a otro donde si había cupos.

Aunque Taboada asegura que aún no hay una eclosión de casos positivos, observó que es importante incrementar la cantidad de análisis de diagnóstico, para asegurarse de que no haya casos que se estén pasando por alto y que representen posibles focos de contagio.