Elvira Espejo

Jackeline Rojas Heredia

Agudo timbre que cual raíz parece surgir, ramificarse en la tierra y elevarse junto al viento hacia el infinito. Una propuesta que convoca y que una vez aceptada la invitación se convierte en viaje, en pasado, en pampa, en aroma a lana, en palpitar caliente, esa es la tierra de la memoria expresada a través de Thakhi: Sonares comunes, la senda, producción que tiene como base la investigación, el rescate y que fue realizada por Álvaro Montenegro y Elvira Espejo. Es la poética antropológica que acompañada por una fusión de música de las alturas y el jazz se traduce en historia.
Espejo, quien también es  directora del Museo de Etnografía y Folklore (Musef), se hallaba en pleno trabajo de investigación sobre los tejidos, la cadena operatoria de las tejedoras, los tintes naturales, cuando fue contactada por el músico, arreglista y docente Álvaro Montenegro, quien a su vez deseaba conocer más sobre la poética andina, luego de leer el texto Ríos de vellón, ríos de canto. 
Ambos se dedican entonces a recopilar y rescatar la memoria oral, primero el aporte de las tejedoras, los relatos que heredaron sobre el primer proceso de domesticación de los camélidos. “Empezamos a hablar con las tejedoras y cada una comenzó a contribuir; una contó sobre el arreo de los rebaños, otra sobre la ceremonia de los aretes, otra de los colores, y poco a poco fuimos reestructurando. Fue una investigación a largo plazo que ha llevado unos cinco a seis años, ya que no se entiende a cabalidad en una sola oportunidad; hasta ahora sigo participando en las ceremonias para lograr entender completamente”, dijo Espejo.
Es el diálogo musical que revive aquellos ‘haceres’ de la comunidad aymara-quechua Qaqachaka, del departamento de Oruro. A través de la música se narra cómo se domesticó al camélido (llamas, alpacas, vicuñas) de las partes más altas de Bolivia. “Tiene una poética impresionante de cómo cuidarlo, cómo criarlo, cómo te acompaña a los valles, cómo regresa con los productos de un intercambio, es espectacular; pero hoy está completamente depredado porque todo es mecánico”, explicó Espejo.
Dijo que el estudio se estructuró buscando más allá de sólo aquel que narró saberes y costumbres (el abuelo del abuelo). “Retrocediendo, uno entiende que el camélido no siempre ha estado en un rebaño, se lo ha arreado de las alturas; incluso en el arte rupestre se ve cómo los jalaban con sogas. Es toda la historia de la domesticación y se ve que ésta no fue violenta, sino con cariño, con amor; incluso en la primera parte, la primera canción dice que lo ha traído en el sobaco de la almilla, en los acsus que tienen esa forma y que lo ha metido ahí (entre el pecho y el brazo), el lugar más cálido”.
Thakhi: Sonares comunes, la senda es la primera producción del proyecto que integra una segunda grabación, distinta para Álvaro Montenegro, Cantos a las casas. “Si bien el primer disco fue una fusión, el segundo ya es más trabajo de Elvira, que integra la música y la investigación”, dijo Montenegro. Además, afirmó que trabajar con una artista tan completa, como Espejo, es una grata experiencia.
En proceso se encuentra otra producción que aún no tiene nombre definido. Elvira Espejo señaló que podría llamarse Canto desde los alientos del cerro, mientras que Montenegro indicó que quizá se denomine Cantos a los alientos sagrados. Todo surge del rescate oral de la riqueza y memoria de la comunidad qaqachaka, por lo que si uno escucha la fusión o solo el instrumental de percusiones y vientos, pareciera transportarse a la misma intimidad de la Pachamama.