Por: Gustavo Torrico Landa/

Llegó el tan esperado 22 de enero, más esperado quizá que la fecha del primer año de Gobierno de Luis Arce y David Choquehuanca, legítimos ganadores de las elecciones del 2020 bajo a sigla del MOVIMIENTO AL SOCIALISMO (M.A.S.).

Recuerdo que fue una experiencia muy conmovedora esperar los resultados de la votación con la plena seguridad de haber ganado y solamente discutiendo sobre el porcentaje con el que se dio la victoria. Los pesimistas creían que sería con un 40% contra un 35% y debíamos alistarnos para una segunda vuelta, los más tranquilinos creían que se ganaría con un 45% contra un 30% y por ende no habría necesidad de una segunda vuelta, pero también estaba yo, que mantenía mi moral en el cielo —condición que no me la quitó la derecha fascista porque jamás agache la cabeza— y al mismo tiempo recordaba a mi amigo Cesar Navarro que al ser detenido en el aeropuerto, luego del golpe, gritaba “¡Viva la democracia, abajo la dictadura!”.

Pensé también en los rostros de Evo y Álvaro en la noche de Chimoré, saliendo hacia México y en nuestros cumpas gritando “¡Volveremos!”. Me acordé también de aquella escena en el aeropuerto de El Alto, en la que Luis Arce acompañado de varios amigos y compañeros como Jimmy Iturri, la Tamara Núñez Del Prado salían hacia el exilio dejando todo atrás, viajando hacia la nada, pero sobre todo recordé a nuestros hermanos siendo masacrados por los militares y policías, aliados a bandas delincuenciales como la Resistencia Juvenil Kochala, la Unión Juvenil Cruceñista, la Resistencia Kilómetro Cero y varias otras bandas en el país.

Yo mantenía mi apuesta, por cierto jamás pagada por mi amiga Amanda Dávila, ella me llamó desde Buenos Aires para preguntarme cómo veía el escenario electoral y mi respuesta fue clara y contundente “¡Alístense a volver, ganaremos con el 54%!” y se dio así.

El pueblo boliviano tan sabio y politizado es como un libro que se debe saber leer y entender, este pueblo te da su más amplio apoyo o su espalda, cuando se va en contra ruta de sus mandatos, es de admirar, amar y morir por él. Por eso esta victoria tenía otro sabor, un sabor a justicia y reencuentro con nosotros mismos, regocijo inmenso por haber derrotado en menos de un año a los asaltantes del poder y hacerlo en las urnas, luego de obligarlos a convocar a elecciones. No podemos dejar de mencionar a esas jornadas con Orlando Gutiérrez, con “El Mallku”, Felipe Quispe; a las movilizaciones de los autoconvocados. A los miles de ciudadanos anónimos, a los que fueron perseguidos, torturados y encarcelados, muchos de ellos obligados a declararse culpables de terrorismo e ir a un proceso abreviado para salir de la cárcel, otros que seguían en las cárceles con todo tipo de delitos inventados, por eso la victoria tenía sabor especial, sabor a tierra sudor y dignidad.

Se acerca la fecha del primer año del Gobierno de Arce-Choquehuanca y “la mediática” comienza a marcar agenda, especulando sobre cambios ministeriales y nuestros cumpas —los de siempre y los recién llegados— se sumaron al carro especulativo. Los más vividores exigiendo varios ministerios, otros calificando de mala la gestión de los ministros, también están los que se autoproclaman, estos que sufren el “Síndrome de Cheta” y así se pinta el panorama, hasta que pasa la fecha y no pasó nada.

Se aproxima el 22 de enero y aumenta la especulación, llegan las amenazas y conminatorias y al final no pasa nada, porque los únicos que saben cómo funcionan los miembros de su Gabinete son Lucho y David. Todos podemos opinar y ya, pero de ahí llegar a estos extremos es demasiado. ¿Acaso El Alto luchó para que cuatro o cinco ciudadanos sean alteños?, ¿Es obligación nombrar a miembros de las organizaciones sociales para ministros?, no lo creo, considero que el presidente y su vicepresidente deben nombrar a las mujeres y hombres más capaces y políticamente comprometidos con el Proceso de Cambio, para que los acompañen en la conducción del Estado.

El Gobierno Arce-Choquehuanca está claramente dedicado a salvar primero la salud y la economía, para —como ya ocurre ahora— comenzar a reconstruir lo que en menos de un año los golpistas destruyeron, causando un retroceso equivalente a 12 años. Así que todos dejen de especular y entre todos los y las bolivianas que amamos a nuestra patria cuidemos nuestra democracia, trabajemos unidos y sin importar quienes sean los ministros, porque esa es y será decisión y responsabilidad de la cabeza del “Ejecutivo”, pero sobre todo es atribución privativa de nuestro Presidente Luis Arce. (Gustavo Torrico Landa es analista y estratega político)

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