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Fernando del Carpio Z.

La reivindicación marítima es uno de los pilares fundamentales de la política exterior boliviana, por lo que distintos mandatarios, a lo largo de la historia, no renunciaron a ese derecho.

El 20 de octubre de 1904, tras la ocupación militar de Chile, se firmó el Tratado de Paz y Amistad, pero la convicción de retornar a las costas del Pacífico siempre estuvo latente en el corazón boliviano.

Ese pacto reconoce a favor de Bolivia el libre tránsito comercial por su territorio y puertos, y la construcción de un ferrocarril entre Arica y La Paz; sin embargo, dichos compromisos no son cumplidos y son permanentemente violados por el vecino país.

Esta situación llevó a que Bolivia y Chile, tal como está detallado en El libro del mar, suscriban una serie de compromisos unilaterales y bilaterales. La comunidad hemisférica e internacional nunca desconoció ese derecho.

Propuestas infructuosas

Uno de los primeros antecedentes de la reivindicación marítima se registró en 1920, cuando el diplomático chileno acreditado en La Paz, Emilio Bello Codesido, propuso a Bolivia una “salida propia” al mar, independientemente del Tratado.

Otro escenario fue abierto por el entonces presidente de Chile, Arturo Alessandri Palma, en junio de 1922, quien manifestó abiertamente su deseo de buscar “fórmulas de solución” al enclaustramiento.

Después, el mandatario chileno, Gabriel González Videla, en 1950, aceptó iniciar negociaciones y comunicó a su homólogo de Estados Unidos, Harry Truman, que Bolivia obtendría acceso soberano al mar a cambio de que Chile pueda utilizar las aguas del lago Titicaca. En ese entonces, el país rechazó la propuesta.

En abril de 1962, Chile desvió unilateralmente las aguas del río Lauca, lo que provocó la ruptura de relaciones diplomáticas y truncó todos los acuerdos sobre el mar.

Abrazo de Charaña

El 8 de febrero de 1975, los generales Hugo Banzer, de Bolivia, y Augusto Pinochet, de Chile suscribieron una declaración conjunta en Charaña, donde el vecino país propuso la cesión de una costa soberana en Arica, entonces propiedad de Perú.

Al comprometer ese territorio se hizo la consulta al Perú, que aceptó, siempre que sea un área compartida por los tres países, pero Chile rechazó y ante la condición del canje territorial se rompieron nuevamente las relaciones.