La economía boliviana demostró, pese a los graves conflictos sociales que se atravesó en octubre y noviembre, su solidez, fortaleza y madurez gracias a su aparato productivo eficiente construido en los largos años de democracia que vive el país.  

Ni siquiera las noticias falsas que circularon en las redes sociales y algunos medios de comunicación que hablaron de la salida de oro y dinero de las bóvedas del Banco Central de Bolivia (BCB) hicieron mella en el sistema financiero.

Todos los rumores, aunque existe una investigación en curso, desestabilizaron el sistema financiero que tiene su salvaguardia en la Reservas Internacionales Netas (RIN), inversión pública, el desarrollo del mercado interno, la estabilidad del sistema financiero y el eficiente manejo de la economía.

Datos del Ministerio de Economía y Finanzas identifican dos pilares para el crecimiento económico: el sector estratégico conformado por los sectores de los hidrocarburos, minería, electricidad y recursos ambientales, que produce excedentes, y el generador de ingresos y empleo que está alineado por la industria manufacturera, turismo, vivienda, desarrollo agropecuario y otros.

En los últimos años, la efectividad del modelo económico se traduce en importantes logros que hoy muestran a Bolivia con menos pobreza y mayor crecimiento; en este último el país fue líder durante seis años en Sudamérica. Todos los logros fueron ponderados por organismos internacionales como la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) y otros que reconocieron este manejo eficaz de la economía.

Y es que el Estado, en los últimos años, adquirió la capacidad de transferir recursos a los generadores de empleo e ingresos, abandonó el modelo primario exportador y se puso manos a la obra en la construcción de un país industrializado y productivo.

Este esquema permitió al Estado Plurinacional reducir el índice de la pobreza extrema en “magnitudes muy importantes”, como calificó el presidente del Banco de Desarrollo de América Latina (CAF), Luis Carranza, del 38,2% en 2005 a 15,2% en 2018, y convertirse en el país con el mejor crecimiento económico en Sudamérica, con promedios que superan al regional, y que lo situaron en el podio más alto por seis años, cinco de manera consecutiva (2009 con 3,4%, 2014 con 5,5%, 2015 con 4,9%, 2016 con 4,3%, 2017 con 4,2% y 2018 con 4,2%).  

Como parte de la solidez de la economía, en los años recientes Bolivia demostró que está ubicada entre los países con menor índice de morosidad de Sudamérica, por lo que el riesgo crediticio está en niveles bajos y controlados, y las previsiones para cubrir pérdidas se encuentran en los niveles adecuados. 

Asimismo, la capacidad de ahorro de la población creció en los últimos años. Un informe de la ASFI a agosto de este año muestra que los ahorros se incrementaron en 5,1 veces entre 2005 y agosto de 2019, pasando de $us 4.289 millones a $us 26.330 millones, mientras que el número de cuentas de depósitos registraron un aumento más importante, de 1,9 millones a 12 millones, 5,3 veces más.

La creciente confianza en el sistema financiero se asienta en los mayores niveles de inclusión financiera que el país experimentó en los últimos años, donde los depósitos pasaron de representar el 38% del PIB 2005 a 64% en el PIB de 2018. Sin duda, un avance destacable en este indicador de profundización financiera, pues se constituye en el más alto de la región.

El manejo responsable y eficiente de la economía, la pujanza de los sectores industriales, agropecuarios, la solidez de la banca y el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) otorgan certeza y dan cuenta de la solidez de la economía boliviana.

Hay que seguir construyendo un blindaje económico que nos permita capear el contexto internacional adverso, la guerra comercial entre algunas potencias económicas mundiales y las crisis que afectan a algunos países vecinos como Argentina, Chile y Ecuador. También es menester trabajar para que algunas empresas estatales se vuelvan eficientes en su administración y dejen de mostrar números rojos.