El cocalero Morales ha sugerido desde Buenos Aires que el avión que él compró sin licitación y pagó 38 millones de dólares sea vendido ahora que el país necesita desesperadamente algunos recursos.

La idea es muy buena, aunque se refiera a algo que fue comprado sin que se hubieran cumplido las normas referidas a la adquisición de bienes para el Estado.

El Estado boliviano pagó por el avión francés, que era usado, la suma de 38 millones de dólares y quienes ordenaron la compra y el pago ni siquiera se enteraron de que existiera una nave de la misma calidad, pero de un precio menor. Eso se hubiera podido saber si existía una licitación, como manda la ley. Pero por esos días la ley estaba confinada.

La idea del cocalero podría aplicarse a otros bienes comprados para el Estado durante si gobierno, sin licitación y sin estudios de factibilidad, que terminaron siendo la causa de la quiebra del país.

De la misma manera que se propone la venta del avión Falcon, se podría sugerir la venta de la planta de urea y amoniaco de Bulo Bulo, que fue comprada también sin un estudio de factibilidad ni una licitación, pero que costó 1.000 millones de dólares. O la planta separadora de Yacuiba, que costó 700 millones de dólares y que, por supuesto, fue comprada sin estudio de factibilidad ni licitación.

Es tan larga la lista que llega hasta los 310.000 millones de dólares que el cocalero y su pandilla de ministros gastó en catorce años, cuando el monto hubiera servido para 70 años de gobiernos normales.

Pero nada de esto fuera necesario, ni vender aviones ni plantas industriales que no funcionan, si el gobierno del cocalero hubiera tomado por lo menos la más elemental previsión.

Si hubiera invertido en salud por lo menos el porcentaje del presupuesto que sugiere la Organización Panamericana de la Salud, que es de 6%, pero decidió dedicarle solamente 2%, o menos.

La venta podría ser muy grande, aunque el problema sería que los compradores, en este momento, no estarían dispuestos a pagar mucho, o pagarían mucho menos de lo que le costó al país toda esa chatarra.

Hubiera sido mejor que el cocalero pensara un poco antes de autorizar el mayor despilfarro de la historia del país, o de sugerirlo, lo que no habría que descartar.

Tendría que haber recapacitado cuando estaba destinando 4.000 millones de dólares a la propaganda durante trece años y solamente 1.800 millones a salud.

Si está preocupado por la crisis del sistema de salud, lo que inspiró su arranque de proponer la venta del avión, quizá esté lamentando no haber destinado a salud los recursos que estaba invirtiendo en propaganda.

Le sería difícil recuperar todo el dinero que sus colaboradores le robaron al país a través de sobreprecios y el mayor festín de corrupción de que el país tenga memoria.

Lo indignante es que la propuesta de la venta del avión no parece un gesto de preocupación, sino una exhibición de cinismo. Lo que muestra que el país se equivocó al tener durante tanto tiempo un gobierno dirigido por este personaje.