La iqiqa de cerámica, colección particular. (Foto: David Mendoza)

.David Mendoza Salazar/ Crónicas/

La fiesta ritual andina de la Alasita guarda tantos secretos que descubrirlos implica una pretensión por comprender la fuerza de esta tradición. ¿Dónde surgió la celebración de convocar a las fuerzas de la abundancia que tanta falta hacen para revertir la carencia?

Tal vez la necesidad de vida, la carencia e incertidumbre de vivir fue la causa real humana de revertir el hambre en abundancia con la ayuda de fuerzas energéticas de la naturaleza y las divinidades andinas de la Pachamama, achachilas, el Tata Ekeko y la mujer, la warmi iqiqa.

Actualmente, el imaginario popular concibe al Ekeko como un dios de la abundancia, patriarcal y todopoderoso, omnipresente en la fiesta de la Alasita. Esta nueva faz del Ekeko ocurrió desde la colonización cuando un cronista español descubre los atributos sexuales del Ekeko y lo tipifica como un demonio de muchas trazas o personalidades, claro, cuando lo vio estaba desnudo y con el falo erecto listo para la fecundación. ¡Qué atrevimiento a los ojos de la moral católica del siglo XVI! Ídolo pagano sexualizado, propio de “salvajes sin alma”, tan popular entre las imillas/chicas y waynas/chicos aymaras y quechuas. Los colonizadores no conocieron las bondades del Tata munañani —el señor del amor— como era el Ekeko para la Iqiqa o a la inversa, cultivando el valor del munay/amor.

Lo que los doctrineros católicos coloniales no se percataron fue de la existencia de la mujer llamada Iqiqa que era la pareja del Ekeko. La Iqiqa también estaba desnuda y con los pechos llenos de leche para amamantar a los hijos del Ekeko. Para los aymara-quichuas no puede existir vida y su reproducción si no hay la copulación dual de la relación chacha-warmi (hombre-mujer), exactamente igual ocurre con las divinidades y deidades de la cosmovisión andina, como su representación entre la Pachamama —madre— y Achachila o Tata; Paxsimama —Luna— y el Tata Inti —sol—; la mama quta/deidad del agua y el Lari Lari/ supay.
En la memoria de los actores artesanos de la feria de Alasita está viva la presencia de una mujer llamada Iqiqa por los años 30, antes de la guerra del Chaco, era una mujer campesina que iba cargada de una wawa, mientras el Ekeko estaba cargado de muchos productos agrícolas. Extrañamente desapareció la warmi Iqiqa sin dejar rastros, pero se mantuvo en la memoria de artesanos decanos que se acordaron de la pareja del Ekeko.

La unión entre el Ekeko y la Iqiqa es una réplica de objeto arqueológico de la zona del lago Titicaca. (Foto: David Mendoza)

Esta manera de concebir la dualidad andina está lejos de la idea errónea de que hay un “dios patriarcal poderoso”; al contrario, nos lleva a considerar la reciprocidad entre las mujeres solteras con el Ekeko para tener un buen marido; asimismo, los jóvenes solteros buscaban a la Iqiqa mujer para conseguir el amor de la mujer. En esta búsqueda los Kallawayas produjeron una illa de la fertilidad llamada warmi munachi —amor de mujer— o chacha munachi —amor de hombre. Este idolillo es un amuleto que hasta ahora se lo puede encontrar en el “Mercado de las brujas” como una pareja en acto copulativo. Así como este amuleto, el Ekeko era esculpido en miniatura en piedra, oro, plata y cerámica que era ensartado en collares y los llevaban las jóvenes en el cuello o en la cabellera para que les sirviese de amuleto para conseguir enamorados y encontrar un marido para casarse. Por tanto, la Iqiqa tiene relación con el término aymara ecata que es florecer y q’eta es sinónimo de semen fecundante del Ekeko. Ambos términos muy sugerentes que hacen referencia a la fertilidad humana o natural de tiempo de jallupacha, cuando la lluvia riega el campo sembrado.

En cuanto a la presencia diminuta del Ekeko y la Iqiqa, en el contexto de la reproducción humana son jaqilla o warmispalla; el Ekeko sería el Jaqi illa como el atributo de reproducción y la Iqiqa warmi como la ispalla, reproductora de la semilla.
Finalmente, la potencia de la Alasita es el contexto de la fuerza fecundante de la vida asociada a la naturaleza que parte de la dualidad andina de chacha-warmi, Ekeko/Iqiqa. No sólo es prosperidad y abundancia material lo que los andinos buscaban, sino la reproducción agrícola de la ispalla/semilla de la papa y otros productos para alimentarse; asimismo, la pareja para amar y ser feliz, condición humana emocional para reproducirse en sociedad. Porque los bienes materiales, vienen por añadidura.

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