Por: Rolando Prudencio Briancon /

Abogado

Por donde menos y cuando menos se esperaban ha comenzado a resquebrajarse, a dividirse la “unidad” entre los cruceños. Aunque siempre lo de la “unidad” fue un mito que las manipuladoras élites cruceñas crearon para estar siempre ellas mandando y sometiendo al pueblo.

Decía que por donde y cuando menos esperaban que aquella supuesta “unidad” de la que se ufanaban que existía entre los cruceños contra el centralismo colla ha comenzado ahora a develar que era tan sólo un disfrazado discurso para mostrar que en Santa Cruz existía una unidad monolítica, frente al, cuando no, andino centrismo del occidente del país.

Nunca antes se había visto que las dos autoridades más importantes del departamento de Santa Cruz, así como también el titular del Comité Cívico, quien representa realmente el poder, o es el poder “detrás las sombras”; ése que ejercen las logias —caballeros del Oriente y Toborochis— y que además manejan el aparato agroexportador e industrial de Santa Cruz a través de las Cámaras de ambos sectores, fuera a producirse desde el inicio del paro, que hoy hayan tomado rumbos distintos, se hayan dividido.

¿Qué ha pasado para que sorpresivamente suceda esta fractura, esta crisis del crisol de la cruceñidad? Son varios hechos que van desde la “arrofaldada” —dentro la jerga de los cruceños: rebelde, arrojada— actitud del alcalde Johnny Fernández, quién esta vez decidió apartarse de la polarizada posición del gobernador Luis Camacho y del cívico Rómulo Calvo, y oponerse a la medida.

Las razones son tan básicas y obvias además que van desde del perjuicio económico de parar por 48 horas, con el antecedente de que ya hubo otra similar medida previa de 24 horas, lo cual representa una parálisis en los ingresos de quienes viven del día a día, hasta también el atentado mismo a los derechos constitucionales de la “libertad” —una palabra con la que se llenan la boca de defenderla— de circulación.

Pero, además, dentro de estos cuestionamientos que han cundido dentro el sentido común de los cruceños está el grado de credibilidad como la idoneidad que tiene su primera autoridad electa, como es el gobernador Luis Camacho, quien en este más de un año como autoridad no ha mostrado capacidad de gestión por ningún lado que se analice. Es más, la crítica a su gestión es contrastada constantemente con su dedicación a su vida familiar en el 4to matrimonio en su vida, después de 3 fracasos, y que lo hace no sólo una persona inestable, sino que es a costa de la desatención del departamento.

Y si a ello le sumamos un otro factor de inapelable desgaste, como es el hecho de que el gobernador, el presidente del comité cívico, como todas las autoridades que apoyaron el paro tienen pues asegurados sus salarios —y que no son bajos— es que se ahonda, se agrava el repudio y condena contra la medida. Pero también es un caldo de cultivo para el descontento social que termina, como es natural, dividiendo a los cruceños entre una élite privilegiada y el resto de una “poblada” —tal como suelen despectivamente denominar a los demás que debe arreglárselas para pasar el día—, las fracturas son irreconciliables.

De hecho, vinieron los afanosos análisis respecto al “éxito” de la medida, y que no es sino una actitud distractiva para ocultar —política del avestruz— lo más preocupante de analizar, como es la división que de facto se produjo entre quienes apoyan al alcalde y quienes apoyan al gobernador, y que en resumidas cuentas reflejan esa división de las dos Santa Cruz. Una del trabajo y la otra la del paro.

¡Qué ironía!; aquel discurso con el que disparaban contra los collas centralistas, les está saliendo por la culata a los logieros regionalistas.