Libertad¡¡ Manuelas

El ejemplo de valor indomable de un puñado de madres y mujeres cochabambinas.

Jackeine Rojas Heredia

—Ya vienen… están en la Angostura. Dicen que matan a todos los que encuentran… que han quemado las casas… ¿qué va a ser de nosotras, Virgen Santísima de las Mercedes? —dijeron todas juntas en quichua, pronunciando a un tiempo cada una alguna de las frases anteriores u otras parecidas.
La abuela se levantó golpeando fuertemente la mesa con su báculo. 
—¡Ya no hay hombres! —gritó—. Se corren delante de los guampos condenados!…
—¡Que no vengan los chapetones! ¡No faltaba más! ¡Que se vayan! ¿Qué quieren en nuestra tierra? ¿Por qué han de venir si no queremos nosotras? —gritaron las mujeres.

Es el inicio del capítulo XX El Alzamiento de las Mujeres, en la obra Juan de la Rosa, de Nataniel Aguirre. Novela que según expertos mezcla la historia con la ficción. Sin embargo, gracias a la descripción detallada de los hechos y rasgos de las protagonistas se forjó la escultura de las Heroínas de la Coronilla, emplazada en la Colina de San Sebastián, en la ciudad de Cochabamba.
Una edición reciente de Juan de la Rosa fue publicada por la Biblioteca del Bicentenario de Bolivia (BBB), dependiente de la Vicepresidencia del Estado Plurinacional en 2016, la que puede adquirirse en la librería de la BBB.
El hecho histórico como tal es el más sangriento en la historia de la lucha por la independencia de Bolivia del dominio español. No solo fueron mujeres las que se enfrentaron, también hombres comerciantes, sobrevivientes de la batalla de Amiraya, ancianos, adolescentes y niños. En medio de fuego y sangre, el jefe español Goyeneche y sus hombres no discriminaron edades ni género. No terminó ese día. 
Los llamados ‘chapetones’ tomaron el valle para sí y como bestias hambrientas se dedicaron al saqueo y a las violaciones masivas de mujeres y niñas que aún quedaban en las viviendas de familias que no participaron en el enfrentamiento. Cochabamba sucumbió y fue golpeada por varias semanas.
Las manuelas, cine documental del director Luis Mérida Coímbra, narra ese episodio que duele aún entre las herederas de aquellas rebeldes. La voz de la cantautora Estela Rivera Eíd y su composición Armaduras de Mantos es una pieza musical que permite entender el espíritu combativo que ese día empujó a las cochalas. “Sagrada es nuestra casa!, ese es el grito. No pediremos audiencia, no pediremos clemencia. Moriremos si es preciso”.
De retorno a Nataniel Aguirre, la descripción de los recuerdos de Juan hombre muestran no solo la valentía de las mujeres, también la educación que en ese entonces se tenía, el uso casi secreto del idioma quechua, el amor a la tierra, a la Virgen de Las Mercedes, al hijo y al hombre. La obra recupera muchos de los rasgos presentes en las mujeres bolivianas de hoy, su cariño expresado a través de platos llenos de abundantes manjares. Su capacidad para enfrentar las adversidades en todos los sentidos, en lo económico, en la discriminación social, en el dominio patriarcal y en el abandono. 
Esta es la historia de la mujer boliviana. Y el final de la obra Juan de la Rosa cierra junto a la letra de otro yarawi: 
Soncoi ppatanña kuakainii juntta… 
Porque mis ojos no lo han vertido 
En mi quebranto. 
Reventar puede mi seno henchido. De triste llanto; Llorar sería grato consuelo, Pero por nada quiero que entiendas, al ver mi duelo, que estoy domada