Juan Marchena Fernández

Entrevista a Juan Marchena Fernández:

El 8 de septiembre se defendió por primera vez en la ciudad de Sevilla, España, una tesis en idioma aymara, la que fue transmitida en vivo para estudiantes en la Universidad Pública de El Alto (UPEA). El tesista fue Vicente Alanoca Arocutipa de Ilave, Perú, profesor de la Universidad Nacional del Altiplano, Puno, y el tutor Juan Marchena Fernández, catedrático de Historia de América por la Universidad Pablo de Olavide. Este medio quiso conocer el inicio de un movimiento académico que crece y revaloriza las lenguas originarias de América, y al académico que junto a otros lo impulsa.

¿Cómo surge su interés por las lenguas originarias y por la formación profesional de estudiantes andinos con respeto a su lengua?
Mi primera visita a Bolivia se remonta al año 76, es decir hace más de 40 años que pisé tierra boliviana, y como ahora tengo 60, pues fíjese que dos tercias partes de mis días los he pasado en contacto directo con Bolivia casi cada año. ¿Sirve eso para obtener la nacionalidad? Entonces no es que surja en mí en algún momento un interés por las lenguas originarias, sino que, después de tanta vida vivida, forman parte de lo cotidiano y de mi forma de entender el mundo. Los hermanos aymaras, quechuas, de El Alto, de Huarina, de Guaqui, de Potosí, de Chayanta, Llallagua, Yamparáez, se han encargado de enseñarme cómo ser y sentir. Hay una vida académica que se enlaza y se entrecruza con la vida vivida, y eso no hay forma de separarlo. He dado clases en tantos lugares de Bolivia que para mí seguir dándolas en Sevilla es una continuación; puede cambiar el lugar, pero como no cambian mis estudiantes (en Sevilla son el 95% latinoamericano) pues poco cambia. Yo al menos no, y lo que puedo enseñar, tampoco. Estar en un aula en Sevilla (Sevillajta, decimos) con estudiantes de 12, 15 países de América Latina, muchos de ellos indígenas originarios de Bolivia, Colombia, Perú, México, Ecuador, Chile… todos frente a una historia común y una problemática similar, y un destino universal, es una de las tareas más hermosas que uno puede llevar a cabo: un aula donde nadie es extranjero, nadie es otredad, todos somos; seguimos siendo; kachkaniraqmi.

¿Sabe hablar aymara?
Mi conocimiento en la práctica de las lenguas indígenas es rudimentario, muy básico. Lo suficiente para mantener una relación y desde luego para manejar y entender los topónimos. Pero sus culturas y su historia conforman la parte sustancial de mis saberes. Por otra parte, he trabajado en zonas aymara hablantes, quechua hablantes, guaraníes,  tupí, emberas, kogi, maya hablantes, al final hubiera terminado por ser un mal babel hablante… preferí, por respeto a esas  lenguas, focalizarme en el estudio de su historia y cultura antes que destrozarlas hablándolas todas mal, todas a pedazos. Una de mis últimas experiencias al respecto, como director que soy de la revista Americanía, editada por nosotros en Sevilla, ha sido publicar un número completo de la misma en 16 lenguas indígenas de todo el continente, sin traducir. Cualquiera puede acercarse a ese número que es de acceso libre, tecleando en Google Americanía. Pruébenlo. Sólo pasar los ojos por esos textos maravillosos, sin mayor traducción, dejándose subyugar por sus sonidos, sus expresiones, el nervudo talento de sus sintaxis, es adentrarnos en ese universo lingüístico que conforma uno de los patrimonios más importantes y sagrados de la historia de la humanidad. Aquí está el link: https://www.upo.es/revistas/index.php/americania/issue/view/162. Ahora, obviamente se está procediendo a publicar sus traducciones. Pero la revista ha estado colgada el suficiente tiempo como para, por una parte, llamar la atención a la comunidad científica internacional sobre lo poco conocidas que son estas lenguas que por otra parte hablan millones de personas en el continente, mientras otras están en serio peligro de extinción, y también para llamar la atención a los compañeros indígenas señalándoles que y en el mejor de los casos sólo conocen su propia lengua, desconociendo las demás, y hacer ver el gran capital que juntas conforman y que tan poco valoramos… En fin esa ha sido nuestra pequeña contribución,  zarandear un poco esta cuestión.

¿En qué consistió la tesis defendida en aymara el 8 de septiembre?
Esta tesis en aymara trata sobre la lucha de los pueblos del lago Titicaca, en este caso de Ilave, por su identidad, su cultura, su lengua, el respeto a sus formas de entender y practicar la justicia comunitaria, de mantener sus tradiciones y sus formas propias de gobierno, a sus autoridades… La larga historia de una larga lucha desde 500 años atrás, la Colonia, la República, pasando por la actualidad y explicando cómo esta lucha, que adquiere mil y una formas, forma parte del hecho de crecer y de crearse porque la capacidad creadora de los pueblos andinos es extraordinaria.

¿En la universidad española en la que usted trabaja no hubo objeciones ante la defensa en lengua originaria?
No la hubo ni puede haberla. Al tratarse la Pablo de Olavide de una universidad pública, si se desea tener y mantener, como es el caso, la mayor excelencia académica y científica, y el programa que dirijo se llama Historia de América Latina, y en él se estudia al más alto nivel la historia de los pueblos indígenas del continente, el criterio científico tiene que prevalecer sobre todos los demás. Y así ha de ser. Cuando se trata de temas que se sumergen en las raíces de las culturas americanas ¿Cómo se van a desarrollar y exponer los logros y resultados de sus investigaciones si no es en sus propias lenguas? Eso no significa que no se puedan traducir para su mayor difusión, pero el tronco vertebrador de las tesis que tratan sobre estos saberes y estas culturas, sus argumentos y explicaciones, se han de construir en las lenguas originarias que los soportan, porque forman parte fundamental de lo que se pretende estudiar y porque renunciar a ellas es dejar atrás una parte esencial de estos saberes y estas culturas. Otra cosa distinta es que luego la tesis se traduzca a las lenguas francas entre los pueblos indígenas americanos, que son el castellano y el portugués. Fíjese que todavía para que un aymara hablante y un maya hablante o tupi hablante se puedan entender entre sí hay que recurrir a estas dos lenguas francas continentales. Nosotros hacemos una llamada a todos los compañeros y compañeras indígenas del continente para que se acerquen a las lenguas originarias, las conozcan y, en un futuro ojalá no muy lejano, comiencen a conocerse y comunicarse entre sí en las lenguas de unos y de otros, por lo menos las más cercanas entre ellas, como mayas y náhuatl hablantes, o aymaras y quechuas, o tupies y guaraníes, etc… 

La  tesis corresponde a un aymara peruano. Entre las naciones indígenas no existían antes los límites que hoy hacen que seamos Bolivia, Perú, Ecuador, etc., por ese motivo,  ¿más adelante está abierto a ser tutor de tesis de aymaras bolivianos?
Ya lo soy, por supuesto. Tenemos actualmente más de una docena de doctorados bolivianos, quechua hablantes y aymara hablantes, que están a punto de defender sus tesis, espero que algunos en sus lenguas originarias. Para nosotros los pasaportes no existen. Tratamos de hacer lo posible para eliminar esas fronteras, las de los puntos y las rayas pintadas en los mapas, las primeras, para eliminar después otras fronteras que también están ahí, menos visibles, pero igual de contundentes y excluyentes.

Sé también que el tribunal es especializado en conocimientos andinos, ¿cómo se integró a profesionales tan abiertos en una universidad extranjera?
Me cuesta trabajo pensar en la extranjeridad de nuestro programa en la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla. Nuestra experiencia es muy diferente. Ser tierra común y de todos es lo que pretendemos: la de los profesionales de toda América Latina, indígenas algunos de ellos por supuesto, y de otros países del mundo, también de España, que son nuestros profesores y que se desplazan a Sevilla temporalmente a dictar los cursos, y también la de nuestros estudiantes de posgrado, maestrías, doctorados y posdoctorados, de toda América Latina, indígenas, afroamericanos, blancos, mestizos, ellos, ellas, más mayores, con mayor experiencia, más jóvenes, ansiosos de adquirirla, procedentes de universidades grandes, de las pequeñas de provincias y ciudades, cada cual con su lengua y su cultura y su acento, y sus gustos propios por vestir o comer, y su historia a cuestas, la suya, la de su familia, su pueblo, su ciudad, su región, su país… Considerarnos extranjeros entre todos es difícil: o lo somos todos o no somos ninguno. Puestos juntos, piel con piel, ¿Qué diferencia habrá entre unos y otros? Las diferencias se notan en la distancia, pero repito, piel con piel, ¿Quién va a notar las diferencias? Eso sucede con las culturas: cuando se desconocen, todo es otredad; cuando se estudian y se conectan, se valoran, se comparten, se entrometen en la piel de uno.

¿Qué futuro avizora para los estudiantes que deseen adquirir y defender sus conocimientos sin el quiebre al que antes se obligó con su cultura?
Todo el futuro. Nosotros no trabajamos ni pasado ni presente. Trabajamos futuro.  La historia es una herramienta de análisis del pasado para actuar desde el presente construyendo futuro. Eso es lo único que tiene sentido. Pasado por pasado es erudición. No me interesa conocer de memoria la lista de emperadores incas o de presidentes de Perú. Nosotros, nuestros estudiantes, nuestros profesores, somos constructores de futuro. Gente peligrosa.

¿Cómo mirar y entender Bolivia a partir de los cambios por los que ha pasado los últimos años?

¡Uf! Los últimos 20 años de Bolivia han sido una eclosión de fuerza, producida con tal ímpetu que uno se queda casi sin aliento analizando esos años. ¡No digo vivirlos! Dudo que se hayan producido cambios tan importantes y trascendentales en la historia del país como en los últimos 20 años. De la Bolivia de García Mesa del golpe de 1980 a la Bolivia de hoy, sus hombres y sus mujeres, sus estudiantes, sus trabajadores, sus pensadores, sus maestros y maestras, nada que ver… haber sido testigo y acompañante de este proceso le puedo asegurar que es una de las cosas fundamentales por las que he vivido mi vida. Un privilegio. 

¿Visitará Bolivia alguna vez? ¿Cuándo?
Nunca me fui. Yo digo siempre que sé cuándo llego, pero nunca cuándo me voy. Creo que nunca regresé a ninguna parte. Lo digo sobre América Latina en general, pero sobre Bolivia en particular. Mi esposa Nayibe dice que mi rostro se dulcifica, se relaja, cuando piso tierra boliviana, sea por El Alto, por Villazón, por Yacuiba, por Cobija, llegando del Acre, por Desaguadero… Soy hijo adoptivo de Potosí y muchos de mis mejores y mayores amigos y hermanos y hermanas son bolivianos y bolivianas, desde Huarina a Tupiza o a Cobija. Cómo no tener presente cada día a mi hermano Fernando Cajías, a mis queridas amigas y compañeras admiradas María Luisa Soux, Ximena Medinaceli, Rosana Barragán, Eugenia Bridikhina, Clara López, o a mis cochabambinos del alma Huáscar Rodríguez, Juan Mamani, Alber Quispe, mis potosinos hermanos Pánfilo Yapu, Vladimir Cruz, Edgar Valda, mis hermanitas de Sucre Solange Zalles y Consuelo Durán, mi compa entrañable de El Alto y Huarina, el profe Zenón Quispe, mi hermano de Llallagua Fortunato Laura, los amigos Diether Flores, Eberti Burgos, mi estimada Andy Urcullo, Jorge Azad o Julio César Calderón de la ‘U’ Amazónica de Pando, en Cobija, los compañeros profesores de la Tomas Frías de Potosí, y me dejo algunos y algunas atrás por no hacer la lista interminable, en fin, tan larga como son los y las que pueblan mi corazón. Como no me fui, seguro me encuentran en cualquier momento en una flota camino de Potosí, tomando té con tesito a lado de la ruta, una noche de frío allá por Chayanta.

Juan Marchena es doctor en Historia de América Latina desde 1979, profesor de Historia Latinoamericana y director de los programas de grado, posgrado, doctorado y posdoctorado en la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla. Autor de más de 150 trabajos de investigación. Doctor Honoris Causa por varias universidades de América Latina y Europa, miembro de las academias de la historia de Ecuador y Bolivia, profesor de honor por la Universidad Tomás Frías de Potosí.

(Entrevista vía internet realizada por Jackeline Rojas H.)