(Fotos: Marcelo A. Maldonado Rocha)

Marcelo A. Maldonado Rocha/

Los escudos coloniales eran una forma de otorgar ciertos honores a las élites indígenas, de esta manera ellos mantenían ciertos estatus como parte de su memoria familiar. Estos elementos existían para ser exhibidos, no obstante, hubo algunos caciques, como los Ayaviri-Coysara de Sacaca, que no los mostraban, por tanto no existe ninguna representación plástica o arquitectura de su pasado.

Aunque sí existe una descripción del escudo de los Mallkus Ayaviri-Coysara que fue reconstruida en la investigación titulada Imágenes y presagios. El escudo de los Ayaviri, Mallkus de Charcas, de Silivia Arze y Ximenada Medinaceli, y esbozada por Enrique Acosta. ¿Qué se esconde detrás de los elementos y el lenguaje emblemático hispánico, o heráldico, de un escudo? Es una pregunta que conecta con las experiencias en la fiesta patronal de San Luis de Sacaca.  

La apuesta es una interpretación de un encuentro, conectando mi experiencia de agosto del 2018 con algunas fuentes escritas, enfocadas a entender el tinku, encuentro de comunidades, en el marco de la festividad del Señor de San Luis de Sacaca. Cabe mencionar que Sacaca era la capital y centro de administración de la macro étnica de los Charkas, que junto a los Qaraqara eran los grupos aymaras más importantes de la vertiente Sur del Tawantinsuyu. Bajo su poder estaban las tierras de Puna de Chayanta y Sacaca, las zonas de Quianquian (actualmente Bolívar) al Norte, Panacachi al Sur, Torotoro y Carasi al Este y Llallagua al Oeste. Además de mencionar que accedían a islas en diversos pisos ecológicos, incluidos los valles orientales y Yungas de Tiraque, Pocona y Totora. De ahí que su acceso a la alimentación era variado, pues poseían una variedad de granos, coca, así como semillas (maní), fibras de diverso tipo (algodón), ají, frutos y variedad de animales. Acá establezco un primer puente con el pasado.

En el marco del tinku de Sacaca se desarrolla una feria agrícola y comercial que mantiene el trueque como forma de intercambio. Es decir, ‘rescatiris’ llevan a la feria diversos productos para ser cambiados utilizando canastas y cestas de diversos tamaños y colores. En ese canje de productos se ofrece ropa usada, menaje de cocina, ganchos, chucherías de todo tipo, abarrotes, una jalea concentrada de color caramelo y refresco de muqunchinchi, servido caliente y frío. Todo en la feria se intercambia por chuño, papa y granos.

En la Colonia, según se cuenta, Sacaca fue una reducción de más de 75 pequeños poblados, bajo la nominación de San Luis a razón de que su segundo encomendero, de nombre Luis de Ribera, era devoto de Luis IX de Francia, también conocido como Ludovico Nono o San Luis Rey de Francia, muerto un 25 de agosto de 1270. Además de que era parte de la Confederación Charka, con Sacaca como Anansaya y Chayanta como Urinsaya. En la actualidad Sacaca forma parte de la provincia Alonso de Ibáñez.

La palabra quechua ‘Unancha’ puede traducirse como símbolo y permite expresar a través de algo perceptible o una idea un conjunto de componentes inmateriales. El escudo Ayaviri Coysara representa a través de animales (pájaros, como forma de presagio o felinos en referencia a su acceso a tierras bajas), arquitectura (pucara o torre), tejidos y armamento de combate que dan detalles de un pasado de guerra y de amplio alcance territorial. Elementos que se mantienen en la iconografía de los textiles que producen las comunidades. Estos son símbolos portadores de determinados significados que permiten comprender características de espacio, población y ecología.

Los Mallkus Ayaviri remontan su ascendencia hasta ‘Paullu’ (Cristóbal Vaca Tupa Inca), quien cambió de nombre para ser considerado fiel sirviente de la Corona española y se lo considera la antítesis de Manco Inca, quien es recordado por encabezar la resistencia desde las tierras cálidas de Vilcabamba. ‘Paullu’ se puso a las órdenes de Pizarro y regía su poder sobre diez mil indios que fueron los primeros en adherirse a la fe católica además de despertar el entusiasmo de los recién llegados por la plata, al permitir que descubriesen las minas de Porco. Ayaviri asistió con comida a los soldados y a causa de sus diligencias nunca faltaron indios en las minas, fue declarado alcalde mayor y capitán de todos los indios de Potosí.

Como novel y fiel creyente promovió la extirpación de idolatrías “procurando que se apartasen de sus ritos y ceremonias y que los caciques se vistieran de españoles”. Su rendición ante el nuevo imperio fue aceptada a cambio de la entrega de las minas de Porco. Y su autoridad alcanzaba hasta los Caciques de Cochabamba y Chayanta, lugar donde después se asentó el centro administrativo despojando así a Sacaca.

Aquel 25 de agosto, mientras los paisanos del pueblo celebraban prestes al Santo Patrono (San Luis de Sacaca) se acompañaba el recorrido con danzas folklóricas (morenadas, salay, diabladas y otras), para que luego de la misa los devotos se resguarden en fiestas de cortinas, mesas y tarimas gigantes, bailando con grupos de cumbia en vivo y a todo volumen. Una vez guarecidos los migrantes desaparecen del panorama al interior de los prestes y deviene el tinku en las comunidades. Ritualidad que permita que devenga mi experiencia de Sacaca, como “un pájaro de colores verde, amarillo y colorado encendido en muchos ríos a la redonda a manera de llamas” (una de sus traducciones) en múltiples temporalidades. 

Los que cargan los cóndores y tata ‘Wilakrus’

Un gran número de comunidades toma el espacio central de la capital de la provincia Alonso de Ibáñez, aquel 25 de agosto, la fijación de las comunidades estaba dirigida a la torre mayku, que es una infraestructura fálica al lado de la iglesia, que los coterráneos a la familia de mis abuelos bautizaron como la torre de París. La torre, o pucara, tiene una conexión directa con la plaza o t’alla, que es una forma de representación de la Pachamama (Platt Tristan), los “recién llegados” comienzan ch’allando ahí para dar inicio a una fiesta de varios días.

En el tinku de San Luis las calles son tomadas por el júbilo guerrero y místico de un encuentro, entre lo contemporáneo y el pasado inmemorial. En la actualidad los guerreros del tinku de Sacaca en su mayoría utilizan las clásicas chaquetas de la región con los bordados característicos y, también, se visten con jeans ajustados, botas industriales o de construcción, camisas entalladas de colores chillones y apariencia plastificada, bufandas coloridas y parches industriales bordados con símbolos patrios, destaca la bandera boliviana y otras. Estos grandes grupos de jóvenes dan inicio a la “segunda procesión”, la de las comunidades. Procesión encabezada por los alférez o pasantes que entran acompañados de qharatakas o tolqhas, quienes bailan cargando cóndores en su cabeza y su espalda. La forma en la que cargan evidencia una conexión mística con el ave y su entorno, a la vez que demuestra los cargos y responsabilidades de los prestes para con sus comunidades.

Los movimientos de los ‘tolqhas’ imitan el andar del cóndor ya que van rascando los adoquines de la plaza, con un salto bamboleante que conecta el cuerpo de los bailarines con la tierra a través del talón, las falanges y con la monstruosa ave sobre sus espaldas. En su mayoría los que bailan son muy jóvenes y realizan estos movimientos llevando en la mano derecha “como flor un hacha”, es decir un instrumento de combate precolombino que a la vez era un báculo, que representa el bastón de mando (mayuras). Se evidencia que los movimientos y el espectáculo performativo que realizan recuerda el ritual de casería de los cóndores para con sus presas.

Entre la multitud, había algunos que no saltaban porque tenían acurrucados entre sus aguayos a los Tata wilakrus, que son cruces de madera pintadas y decoradas con símbolos e iconografías de las comunidades, muchas de ellas refieren o conmemoran la fertilidad. Inclusive se viste a los tatas con ponchos y son los ‘chumpis’, amarrados a las espaldas de los jóvenes, los que sostienen las cruces. Con todo el conjunto de ritualidad la diversidad de colores e imágenes entran a la iglesia y escuchan misa, para luego, al salir de la iglesia, comenzar a quitarse los pulmones soplando sincronizadamente los jula-julas, que van acompañando los movimientos de los hombres que cargan los cóndores y las cruces. 

Mientras salía de la iglesia quedé pasmado con los ‘chumpis’ que sostenían las impresionantes aves, dándome cuenta de que lo extraordinario se refugia en lo concreto, en algo tan pequeño como un tejido cargado de potente iconografía, ya que en los ‘chumpis’ de los jóvenes se podía distinguir los pájaros de fuego, traducción de la palabra Sacaca, que en otros tiempos habían presagiado el deceso y la derrota de Huayna Capac o Atahuallpa. Aquellos pájaros de fuego, citando a Arze y Medinaceli, son símbolos de presagios que anuncian momentos constitutivos que están por venir. Por tanto, son “animales con alas, orejas, colas, cuatro pies y encima de las espaldas muchas espinas como de pescado y de lejos dicen que les parecía todo fuego” (Santa Cruz Pachacuti). Aquellas estelas de fuego estaban acompañadas de felinos que podrían ser jaguares, tigres monteses o pumas, que sin duda cuentan esa conexión que tenían las habitantes de los ayllus Charcas con las tierras bajas.

Luego de lo que vi me adentré por las calles del pueblo, entre jula-julas, tolqhas, cervezas en lata de marcas argentinas y enterado de que se venían largos días de fiesta. Muchos de esos días acabarían en encuentros desenfrenados y descontrolados (ch’awa), peleas solitarias y en grupo. Yo ya me había sorprendido demasiado, tocaba encontrarme con mi papá, que recordaba su infancia en el pueblo de los abuelos, y mientras bajábamos a la escuela mi corazón latía de alegría por un encuentro a múltiples escalas y periodos socio-históricos. Un encuentro, un tinku, que estuvo cargado de imágenes, símbolos y formas que me conectaron a un pasado que aún hace vida en un ‘chumpi’, una cruz o en el baile de los cóndores.

Hace días en el Centro de la Revolución Cultural (CRC), dependiente de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia (FC-BCB), se expone una muestra museográfica, que conecta investigación, imágenes y arte, que tiene diversos soportes (fotografía, instalaciones artísticas y datos), que en coordinación con la Casa de la Libertad de Sucre (CL) lleva el título de ‘Tinku: encuentro, ritualidad y arte’. La muestra se adentra a los múltiples lenguajes y estéticas que se producen en torno a la festividad, en espacios urbanos como rurales, y resalta la apuesta del CRC de visibilizar los nuevos lenguajes y estéticas en torno a prácticas inmemoriales. Una parte de la muestra está enfocada en Sacaca y al ver aquellas imágenes me volví a conectar con el pueblo de mis abuelos y mi experiencia en el tinku de San Luis, un 25 de agosto del 2018.