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PARTE II / Nicolás Fernández Motiño /

¡Jesús! deben haber dicho los que cayeron en sus manos. Y hoy, tantos años después podrían decir: ¡qué hijos de… del diablo! Hablaban de Klaus, Claudio y Guido. Quizá ahorita estén juntos en uno de los siete círculos del eterno Infierno de Dante, recordando sus experiencias de cuánto dolor, sangre y carne martirizada causaron a sus víctimas.

Los tres compartieron el macabro arte de hacer sufrir hasta el extremo a humanos, primero para meterlos miedo, dominar su voluntad y segundo, para hacer con ellos lo que querían, o liquidarlos si resistían. 

Los tres vivieron tiempos diferentes, pero para similares gobiernos autoritarios y militares, dejando su huella sangrienta en “cuartitos azules”, “campos de concentración”, “casas de seguridad”, celdas policiales, cárceles y cuarteles militares. Los cuartitos aquellos funcionaban irónicamente frente al Palacio de Justicia, de Gobierno y el Legislativo, entre 1952 y 1980.

Las víctimas del “cuartito azul”, relatada en la primera parte de esta crónica, la mayoría mujeres, no lo sabían que sufrieron torturas producto de técnicas estudiadas y recomendadas por médicos y psicólogos, principalmente, para generar dolor preciso en el lugar preciso hasta llevarlos al umbral de la muerte, a fin de obtener información de valor político que conduzca al enemigo organizado.

La tortura científica, así dirían del empleo de alfileres, agujas, agua, alicates, clavos, palos, capuchas, golpes, aislamiento, hambre, violaciones sexuales, amenazas, humillaciones, chantajes, secuestro de familiares, uso de ratas, perros amaestrados, fusilamientos simulados, uso de narcóticos, arrasamiento de barrios, villas, ciudades, para inspirar terror colectivo.

Las técnicas estas fueron aplicadas por la temible Gestapo o SS de Hitler en la segunda guerra mundial y perfeccionadas años después en manuales en la Escuela de las Américas de EEUU, el mayor centro de entrenamiento de los futuros dictadores de la región, el manual de Kubarck diseñada y actualizada por la CIA, superados en todo caso en el mayor centro de torturas del mundo: Guantánamo, el enclave militar norteamericano en Cuba.

Klaus (Altman) Barbie, capitán de las SS, a la caída de Hitler (1945), fue reclutado y utilizado por la Inteligencia estadounidense de una parte de parte de la Alemania derrotada -la otra estaba en poder de la Unión Soviética-, desde 1947 hasta 1951. Sus nuevos jefes tuvieron que sacarlo por la “ruta de las ratas” hasta Italia y de allí a Bolivia, por las acciones judiciales que le inició Francia por crímenes de guerra.

No hay evidencias claras del sello de Barbie en el asesoramiento al gobierno de Víctor Paz Estenssoro en el control de descontentos populares, represión a la oposición política de extrema derecha, como fue la Falange Socialista Boliviana (FSB), la organización de milicias armadas, refuerzo de la fuerza militar, y la creación de “campos de concentración” al estilo nazi, que funcionaron en Chonchocoro y Curahuara de Carangas, Corocoro, Catavi y Uncía.

Había que recordar que el MNR de Paz Estenssoro se apoyó en EEUU para reorganizar al ejercito derrotado en la revolución del 1952, entregar el control de la administración de las minas nacionalizadas, financiar a las milicias y crear la Policía Política por la CIA.

Todo este conjunto de acciones políticas, tenían por objetivo suprimir a los movimientos populares y de izquierda, sobre todo la de los mineros, que se habían declarado antiimperialistas y defensores de la nacionalización.

Barbie, el criminal condenado dos veces a muerte en Francia, se nacionalizo boliviano en 1957 con el alias Klaus Altmann. Su posterior actuación aparecería en los gobiernos de los militares de René Barrientos, Hugo Banzer y, sobre todo, de Luis García Meza.

Un dato confirma que el también conocido como el “carnicero de Lyon”, llegó con una misión importante encomendada por sus protectores. Confesó a su amigo íntimo boliviano, Álvaro de Castro, que para él “la guerra no había terminado”, así comenzó a extender la guerra nazi aquí, y era hombre de la CIA.

En Lyon, solía hablar con dulzura a sus víctimas, pero era un monstruo en su reacción. Las condenas que recibió en Francia, fue “por su participación en 4.342 muertes; envío de 7.591 judíos a la cámara de gas de Auschwitz, arresto de 14.311 resistentes seguida a menudo por torturas abominables”, “torturó y dio muerte al héroe de la Resistencia Francesa Jean Moulin y a otros luchadores”.

Dirían en la CIA que era un elemento valioso y experto en la organización de Inteligencia, archivos de Información política y operaciones anti subversivas o guerrillas urbanas, capaz de actuar a sangre fría e inteligencia, de ahí también su precio en oro.

¿Y en Bolivia que es lo que hizo?

Miró de palco la revolución triunfante del 1952, la derrota de la oligarquía minero – feudal y la potencia movilizadora de los mineros y campesinos, la actuación de los partidos antiimperialistas, con tendencias socialistas y comunistas, a los que precisamente combatió con saña.

Ha tenido que llorar de emoción cuando en La Paz vio un desfile de los “camisas blancas” en formación militar y con el típico saludo nazi de la FSB; y admitió su admiración y apoyo a este grupo político más nazista que derechista moderado en tiempos del primer gobierno de Victor Paz Estenssoro; la misma sensación debió vivir cuando Carlos Valverde Barbery fundó en 1957 la Unión Juvenil Cruceñista que fue creada para ser el ‘brazo armado’ del Comité Cívico de Santa Cruz, encargándose no sólo de la lucha callejera, sino también del adoctrinamiento popular y el apoyo militar al comité”.

Ya se conoce la larga trayectoria de ambas organizaciones, padre e hija, en la historia de la violencia paramilitar que desataron las posiciones políticas de la extrema derecha, pasando apoyando a los golpes de estado hasta hoy en conspiraciones de inestabilidad, aunque el gobernador de Santa Cruz, Luis Fernando Camacho, quiso separar aguas entre los unionistas “maleantes” del pasado, con los de la nueva generación que actuaron en el último paro cívico (con igual violencia). 

En adelante, Klaus (Altmann) Barbie, con toda su experiencia militar, asesore a Barrientos en la lucha contra la guerrilla del Che (1967), a Ovando en la eliminación total de las guerrillas de Teoponte (1969) y a Banzer en la persecución y liquidación de la guerrilla urbana del ELN; y entrene a policías y militares en técnicas de interrogatorio.

La represión política de las dictaduras militares llevaba la marca inconfundible del nazi en grupos paramilitares (militares, policías y civiles), además de sus centros de tortura o casitas azules” y de Inteligencia.

La máxima expresión de su tenebrosa carrera se reflejó en la organización del “Plan Cóndor”, cuya primera reunión la realizó con enviados especiales de las dictaduras de Argentina, Chile, Paraguay y Bolivia en Yungas, quizá en su antigua hacienda a la que llegó por primera vez a La Paz (1951); en su liderazgo de los “Novios de la Muerte”, integrada por sus antiguos camaradas, además de argentinos, italianos y bolivianos, que sirvieron al Rey de la Cocaína (Roberto Suárez G.) y a los luises García Meza y Arce Gómez; y por último, ganarse el respeto de militares y políticos derechistas con su título de “coronel honorífico” del Ejército.

Yo, Claudio San Román

Víctor Paz Estenssoro tenía la virtud de elegir a hombres leales a su servicio, como el teniente coronel de Ejército Claudio San Román, jefe del Control Político, entrenado en investigación, clasificación de información y, naturalmente, represión, en el FBI estadounidense.

Este hombre de apellido santo, comentaban sus víctimas, hacía hablar a los mudos y a las piedras; no se sentía satisfecho de su trabajo si en la “casita azul”, instalada al frente del Palacio de Justicia de La Paz, no había sangre y dientes desparramados por el patio. Lo mismo ocurría en la “casa de seguridad”, que era su propia casa, acondicionada como una catacumba. Hace recuerdo, que en 1973, el ministro del Interior de Banzer, Alfredo del Carpio se llevó “trabajo a su casa” en donde murió a golpes el general Andrés Selich Chop, a quien el dictador no lo quería de competencia.

Los ministros de Paz Estenssoro creían que tenían menos rango y jerarquía que el jefe del Control Político, porque éste no requería permiso previo para entrar al despacho del presidente o que este prefiriera hablar primero con él, antes que con sus ministros.

Tenía poder. Los batallones de milicianos, disuasivos y represivos, fueron de su autoría; obligó a algunos militares entregar armamento de su pertenencia, para armar a las milicias obreras; montó una red de Inteligencia o espionaje (para obtener información de los opositores, dirigentes sindicales y, también de los ministros, jefes militares carabineros) y la “casita azul”, además de los campos de concentración.

La santa estructura de Claudio necesitaba dinero para hacer funcionar la máquina represiva. El gobierno, le asignaba gastos reservados, sin rendición alguna; la Embajada de EEUU canalizaba otro tanto de dólares destinado a la mantención de las milicias armadas y el control político.

Por eso, V. Paz Estenssoro llamaba a San Román para que le informe de todo cuanto había hecho y escuchado, de modo que tome decisiones y ordene otras tareas.

Se podía decir que Klaus y Claudio eran un par que congeniaban con su “trabajo” y sus habilidades técnicas del sufrimiento, además odiaban a los comunistas que era cualquiera que se oponga a la ruta del gobierno derechizado; no se tiene datos de su trabajo coordinado en esa época.

Guido, el de ojos claros

El jefe policial Guido Benavidez arrastraba ya una larga carrera en la policía política, contó que hasta cayo prisionero del Che, en una emboscada en Ñancahuzu, tendida a las tropas militares entrenadas por los rangers o boinas verdes de la invasión de EEUU al rebelde y comunista Vietnam. No era soldado, era espía que buscaba información para las operaciones de la CIA.

Barbie tuvo que tener conocimiento de las acciones de Benavides, porque asesoraba y apoyaba a Barrientos en su lucha contra la guerrilla haciendo inteligencia, para planificar el siguiente paso a dar.

También es seguro, que los dos coordinaron el control y represión política en el gobierno de Banzer. La “casita azul” y las “casas de seguridad” seguían funcionando, ahora en la parte demolida del antiguo Palacio Legislativo y de lo que hoy es la Gobernación de La Paz, además del Ministerio del Interior, las celdas policiales, la Casa de Calamina en Achocalla, los cuarteles militares de Viacha y Chonchocoro, entre otros lugares.

Benavidez y Klaus volverían a coordinar sus acciones brutales, esta vez de manera sofisticada, antes del golpe de Luis García Meza y durante el gobierno de facto. Sus víctimas más emblemáticas fueron el periodista y sacerdote Luis Espinal Camps, secuestrado, torturado y fusilado en marzo 1980; Marcelo Quiroga Santa Cruz herido de bala, torturado y rematado, y Carlos Flores Bedregal, muerto en el instante, ambos en el asalto armado a la COB en julio del 1980; asesinato en la casa de la calle Harrington, todas víctimas del paramilitarismo fascista y de inspiración nazi.

Premio a los matones

Claudio San Román retorno del exilio en Paraguay y el presidente Víctor Paz Estenssoro (1985) lo ascendió al grado de general de ejército, hizo que le pagaran sus salarios y otros beneficios desde 1964, murió antes de que recupere su casa, la “casita azul o de seguridad”.

Klaus Alman fue designado por Barrientos como gerente de la primera empresa Transmaritima boliviana S.A. (creada con aportes de una campaña popular) alquilada (en lugar de comprar y quebrada finalmente) para navegar con bandera boliviana, aparentemente con la finalidad de realizar transporte de carga, lo hizo con los minerales de la minería nacionalizada, pero más con el tráfico de armas para Chile e Israel, y drogas.

Fue nombrado coronel honorifico del Ejército por Luis García Meza, una vez que juro lealtad y bajo garantía de su vida, como agradecimiento a sus servicios prestados en el entrenamiento de paramilitares; además por coordinar la recolección de fondos provenientes de narcotraficantes, como del Rey de la Cocaína, Roberto Suarez, y otros de empresarios cruceños de ascendencia alemana.

Guido Benavidez, aparentemente, se conformó con su poder de policía política y con capacidad de conocer todos los movimientos de la jerarquía militar y policial, lo que le daba poder político para influenciar en decisiones de su interés o simple chantaje.

Resumen sangriento:

La Comisión de la Verdad, integrada además por reconocidos luchadores sociales y políticos Edgar “Huracán” Ramirez y Nila Heredia, investigo a fondo las masacres, detenciones, torturas, ejecuciones sumarias, etc, desde 1964 a 1981:

-Masacre de San Juan

-Masacre en la Universidad Gabriel René Moreno

-Masacre del Valle

-Masacre de Todos Santos

-Masacre de la Harrington

-Asesinato en la Guerrilla de Ñancahuazú y la Guerrilla de Teponte

-Habrá que incluir la Masacre en la Mina Caracoles, que fue una maniobra típica alemana (1980)

Fuentes consultadas:

Espionaje y servicios secretos en Bolivia; Gerardo Irusta
Biografía de un célebre torturador del MNR; Blog Historia de Bolivia
Barbie Altman, de la Gestapo a la CIA; Carlos Soria Galvarro
Klaus Barbie, un Novio de la Muerte; Peter McFarren y Fadrique Iglesias
Minas, balas y gringos; Tomás C. Field Jr.
Benavidez: yo fui prisionero del Che; Tomás Molina
Barbie, la historia oculta; Ladisla de Hoyos