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Jackeline Rojas Heredia

El Coloradito de Aplomo es la adaptación realizada por Sergio Ríos para una obra de marionetas que integra la gran historia clásica: El Soldadito de Plomo, escrita por Hans Christian Andersen con elementos de la historia real de los Colorados de Bolivia en el feroz combate del Alto de la Alianza.
La obra se estrenó en 2015 y cobra mayor vigencia hoy cuando en el país se alimenta la esperanza de lograr recuperar una salida soberana al mar. La reciente función que se realizó en el Patio Cultural del Ministerio de Culturas y Turismo para estudiantes de primaria de la Unidad educativa Don Bosco dejó varias impresiones emotivas.
Los niños y niñas reían a carcajadas, se lamentaban gesticulando todos un ahhh…, en resumen, disfrutaron de las ocurrencias del protagonista,  la historia de amor del soldado con la bella enfermera que le quita la astilla del pie.
“Es la rabona más linda, la más linda…”, exclama la marioneta y enseguida explica el origen de la palabra rabona, denominativo que se solía dar a las mujeres que acompañaban los regimientos de soldados destinados a la línea de fuego, mujeres encargadas de los alimentos, de llevar agua y también de la provisión de medicinas y pequeños auxilios.
La adaptación traslada a los niños al contexto de los acontecimientos, la defensa marítima, la participación de jóvenes soldados, que antes de caminar hacia la línea de fuego escriben cartas a sus seres más queridos. “Carta de un soldado boliviano a su madre, carta de un soldado boliviano a la vecinita que lo trae loco de a…”.
Una mezcla ingeniosa de drama y comedia que logró mantener la atención del público de principio a fin. Los niños comprendieron la historia, la creyeron posible, además argumentaron más allá de lo que vieron.
“El cielo del soldado era el mismo mar, por eso estaba en el barco, pero como seguía vivo lo expulsaron del navío”, compartió Rafael de 7 años. Una de sus compañeras, Juliana, dijo que en ese cielo, que era el barco, estaba el héroe Eduardo Avaroa.
Como fuese, para ellos no existe un final triste, todo se puede lograr, y un día muchos soldados con sus enfermeras estarán juntos en el mar de Bolivia. Convicción firme que se refuerza más cuando se comparte pequeñas historias que rememoran sucesos históricos, una lección infantil basada en la esperanza”.
“La acción de contar cuentos permite consolidar ese vínculo precioso que se da entre el cuentista y su público. En el caso infantil se estimula además la imaginación y la curiosidad por llegar a conocer el desenlace de la historia”, explicó la artista y diseñadora de proyectos Cece Asturizaga.
“Una obra lúdica enseña, divierte y queda”, refuerza Asturizaga. 
De manera pedagógica, un cuento o una actuación de teatro permite dar a los pequeños información sobre la historia que nunca olvidarán. Quienes disfrutan de presentaciones así pueden aficionarse a la literatura o la historia, en ambos casos hay bastante ganancia, explicó la artista y experta en cuentacuentos. 
En medio de todos los niños y niñas que observaban la obra se halló a la ministra de Culturas y Turismo, Wilma Alanoca, con una niña sentada a sus faldas. La autoridad también disfrutó del singular show de marionetas y pasó casi desapercibida entre los espectadores.