SIN LETRA CHICA
Carlos Federico Valverde Bravo

Y no es exageración, porque más allá de que mi generación creció leyendo y “ensuciándose” con la tinta del periódico en los años 60, sea con El Deber, con la vieja La Estrella del Oriente, La Crónica o con Presencia y Los Tiempos de La Paz y Cochabamba, lo cierto es que el periódico va más allá de lo que uno pueda recordar y no quisiera perder, no se trata solo de afectos, memorias o sensaciones personales. Se trata que los periódicos (diarios) de papel son una especie de encargados (por el tiempo y la vida) de registrar la memoria histórica de los pueblos, la memoria “culta” la de los hechos trascendentales y también de “la otra”, de esa memoria cotidiana que define a las sociedades y sus comportamientos que distingue a unos de otros, porque ellos se encargan de mostrar las diversidades como nadie. Ellos se encargan de dejar plasmadas en las letras de sus reporteros, de sus investigadores, cronistas y columnistas o, en sus editoriales, eso que alguna vez alguien recogió (del pasado) y recogerá en el futuro, cuando este sea pasado, sea testimonios de vida y de culturas.

No me imagino al Che Guevara y su muerte, o al hombre en la luna sin periódicos. ¿Cómo tener presente la tragedia del turco Willy o el primer campeonato de Oriente Petrolero sin periódicos? No puedo pensar que alguna vez García Meza haya existido como dictador a partir del asalto a la COB y la muerte de Marcelo Quiroga sin haber tenido un periódico en la mano; no imagino los detalles de ese asalto sin los trabajos de investigación publicados luego en los diferentes medios, cada uno a su manera, a su modo. ¿Acaso alguien cree que se hubiera sabido lo que se supo de la masacre de la calle Harrington si no hubiera habido quién lo escriba en una disimulada manera de denunciar? ¿Cómo pensar la llegada de Siles el 1982 a la Plaza San Francisco sin los relatos de los diarios?

¿Y Noel Kempff? ¿El asesinato que le dio inmortalidad en su pueblo y conocimiento mundial, acaso hubiera sido lo mismo sin periódicos? ¿Saber de Huanchaca hubiera sido posible sin los papeles impresos en largas crónicas y detalladas noticias? ¿O la llegada al y posterior escape de Evo Morales a y desde la presidencia, después de Chaparina, o la masacre del Hotel Las Américas? ¿Y de los 21 días, qué se supiera hoy, sin periódicos como testimonio de un tiempo vivido por tanta gente?

Es que eso son los periódicos o diarios impresos en papel, son testimonios en distintas versiones pero todas concordantes porque salen con una sola premisa: comunicar, informar, testimoniar, en suma, registrar partes de la historia, esa historia a la que se acude luego en las hemerotecas de las bibliotecas o los museos; así se conservan y se escriben las memorias de los pueblos.

Todo lo escrito y que el lector sabe es cierto, está siendo puesto en peligro habida cuenta que los medios podrían no sobrevivir al tiempo del COVID-19 porque están en a punto de colapsar financieramente porque la razón de ser de los mismos, es decir, hacer noticias, imprimir y circular no es posible porque la gravedad de la pandemia recomienda quedarse en casa, no compartir en grupos, no circular. Los medios gráficos de comunicación, aun cuando sean privados no son empresas privadas clásicas; no tienen fines de lucro, sino de servicio o responsabilidad social; su entrega en la calle lo demuestra; los periodistas de todos los rubros, aunque en mayor preponderancia los de gráfica, son, por lo que dicen, los más amenazados y este oficio se convirtió es uno de los más peligrosos del mundo pero, ni eso los calló, es porque hay un compromiso de seguir haciendo, de seguir diciendo.

En los pasados 14 años, Evo Morales los consideró sus enemigos (más de uno sucumbió y se convirtió en portavoz adjunto del oficialismo mediático y justificador de las tropelías cometidas por el nefasto personaje) y los apretó contra las cuerdas con presiones de todo tipo, pero eso pasó, o al menos eso se creía, con el cambio de Gobierno, pero, extrañamente, la Presidenta Añez que no tiene nada que ver con Evo Morales y su nefasto pasado, respondió después de casi 20 días a la carta enviada por la ANP, en la que se le pide tienda una mano para evitar el colapso generado por el “tiempo del COVID”. Ahora hay posibilidad de que haya reunión para explorar alternativas y salidas a esa crisis. Tan difícil no era (¿o sí?).

Qué curioso, los medios no registraron en el papel los tiempos del COVID-19. La historia dirá que este histórico hecho los encontró “en cuarentena”. Esperemos que las innumerables acciones colectivas que nos involucran a gobernados y gobernantes no pasen a la historia. Sin historia, como deseo -esta vez va en primera persona– que tampoco ocurra la desaparición de algún medio sin registro en papel. Uno es lo mismo que todos: son necesarios para la democracia y el futuro.