Gabriel Campero Nava /

Desde negarse a las ocho horas laborales para el sector médico, la modificación al Código Penal, pago de impuestos por servicios de streaming, ley contra la legitimación de ganancias ilícitas son ejemplos de propuestas de normativa que son una necesidad para el pueblo boliviano y que en todo el mundo existen para crear una mejor sociedad.

Pero, en el Estado Plurinacional de Bolivia aparentemente es el único lugar del mundo en el cual las minorías logran imponer su capricho para continuar desarrollando actividades desde lo ilícito hasta lo ortodoxo; más allá de esta situación está la ironía, el 55% que ganó las elecciones y decidió quiénes son sus representantes congresales, presidente y vicepresidente deben supeditarse a lo que un grupo de millonarios con fortunas amasadas dudosamente y un grupo minúsculo de comité cívico (elegido por 200 personas) se opone.

Yo y otros 3.393.977 de personas votamos por Luis Arce y David Choquehuanca para que mejoren el país (y lo están logrando), pero también voté para que nuestro congreso apruebe leyes con las cuales el crimen organizado deje de lucrar con: narcotráfico, paraísos fiscales, trata de personas y posterior a ello puedan lavar ese dinero sucio de manera sencilla.

Somos mayoría electa democráticamente y debemos actuar en pos de la mayoría, hoy las élites, que son minoría y están en contra de dicha ley son los mismos que tachaban al gobierno de Evo Morales de narcogobierno y lo peor de todo es que lograron imponer su capricho para continuar lucrando a costa del sufrimiento y la explotación ajena. (Gabriel Campero Nava es Ing. Industrial)

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