Como lo había anticipado ella misma, la presidenta Jeanine Áñez decretó la emergencia nacional para reforzar la cuarentena, solo porque cree necesario tomar todas las precauciones para evitar que el virus nacido en China se ensañe con los bolivianos como lo está haciendo con españoles e italianos, además de neoyorquinos.

Las fronteras han sido cerradas precisamente porque es necesario impedir que el virus ingrese del exterior, y solo se permite la entrada de compatriotas que retornan de otros países, pero que son revisados con esmero a fin de que no traigan el contagio.

Algunos compatriotas han cometido algunos errores, que han sido condenados por la opinión pública, como asistir a fiestas a pesar de tener el contagio, algo que todo el país condenó. No se puede ser tan irresponsable, salvo que uno tenga el propósito de hacer daño.

Debido al estado de emergencia, en todo el país, los ciudadanos tienen prohibido salir de sus hogares porque se trata de impedir que el virus viaje saltando de persona en persona, como ha hecho en otros países hasta dejar tendales de muertos.

En todas partes se ha comprobado que lo que favorece a la expansión del virus es la irresponsabilidad de la gente, que se ríe de las prohibiciones y cree que las medidas de previsión responden a caprichos de las autoridades.

Los chinos que quisieron ocultar el virus desde noviembre pasado descubrieron pocas semanas después que el contagio no había tenido compasión, y menos sentido del humor, porque no se frena ante nada, excepto ante las medidas que impiden la circulación de las personas.

El virus no viaja solo, no vuela; va a bordo de las personas, por lo que se hace urgente frenar el paso de la gente, que es como parar un convoy que quizá lleva una carga peligrosa.

Por lo tanto, frenar el paso de las personas es la única forma de impedir el paso del virus, como lo han comprobado en todo el mundo, aunque en algunos países con cierta demora, lo que provocó que el daño sea mayor.

Eso ocurrió con la demora de los chinos, que esperaron desde octubre, cuando un médico advirtió del peligro y fue castigado por el partido comunista, y luego reconocido, aunque terminó muerto por el contagio.

Por lo tanto, la cuarentena y ahora el estado de emergencia son absolutamente necesarios. La decisión del gobierno nacional de aplicar esas medidas es la única que podía ser tomada, sobre todo de parte de un gobierno responsable.

El gobierno está tomando medidas para que la economía no se perjudique mucho, para que todo vuelva a la normalidad cuando el peligro haya pasado y cuando los bolivianos estén a salvo de esta pandemia que está sembrando la muerte en todo el mundo.

Ningún gobierno del pasado había enfrentado un reto tan difícil como el que le ha tocado al gobierno de la presidente Jeanine Áñez. Todo lo que haga ella será para proteger a los bolivianos y evitar que les ocurra lo que sufren habitantes de otros países.

Y la orden es mantenerse en los hogares. Ya vendrán tiempos mejores y el país recordará estas molestias como una pesadilla que pasó pero que fue enfrentada con responsabilidad.