Capilla Sixtina

Jackeline Rojas Heredia

A casi cinco horas de camino desde La Paz se llega a la población orureña de Curahuara de Carangas, donde se alza la iglesia local, ampliamente conocida por el legado histórico y el componente indígena del arte que alberga en su interior y que le han dado a conocer por el mundo como la Capilla Sixtina de los Andes
Su construcción data de 1587, aunque empezó a funcionar como templo en 1608. El viaje al lugar fue posible gracias a la visita que efectuó una delegación de expertos en arte patrimonial y conservación que llegó de Chile y Perú para las Jornadas Sobre Pintura Mural de los siglos XVI al XVIII en el Museo Nacional de Arte (MNA). 
Llegar a Curahuara fue una especie de clausura del mencionado evento.
Para ingresar al templo se solicitó permiso previo a las autoridades originarias y al Alcalde. Curahuara no parece ser muy grande pero se pudo notar que existe flujo turístico por la zona. Dos jóvenes del lugar, Alejandro Alarcón Mamani y Marcelo Pinaya, comentaron que se reciben más visitantes chilenos y peruanos.
Alarcón dijo que la población vive de la crianza de camélidos y la elaboración de textiles, también sugirió que como joven le gustaría saber más sobre turismo para aprovechar el potencial que existe en su pueblo y mejorar los ingresos de sus habitantes.
Pinaya comentó que Curahuara de Carangas está integrada por 14 comunidades y es la capital de la provincia Sajama, a su vez dividida en dos importantes grupos, Aransaya y Urinsaya. Las autoridades originarias son encabezadas por el Mallku y luego los tatawatiris y las mamawatiris. También están los sullkawatiris, que llegan a ser la segunda autoridad de la comunidad. Antes del ingreso a la Capilla Sixtina, se recomendó al grupo de expertos no tocar, caminar con cuidado y no captar fotografías con flash.
El municipio registra en general bajas temperaturas y en el interior de la capilla el frío se siente con intensidad, pero el atractivo de las pinturas y los colores vivos en medio de un ambiente semioscuro permite olvidar las molestias físicas. 

Pinturas y frescos
El padre Andrés, joven cura del templo, levantó la voz para iniciar su explicación y de entrada dijo que los presentes estábamos parados sobre cadáveres enterrados. Se escuchó un murmullo general.
La capilla se construyó sobre un antiguo cementerio. “Todos los cuadros son una homilía desde el Génesis hasta el Apocalipsis, tienen tres partes divididas, las cristológicas, mariológicas y partes santorales”, afirmó con el tono parternal que emplean algunos pastores en medio de sus fieles.
El entusiasmo del sacerdote era notorio, modulaba las palabras, elevaba el tono en algunas frases, se sentía cómodo en su papel. 
“En las mariológicas”, dijo señalando los cuadros en los que aparece la figura de María, “vemos a Santa María de las Nieves, María que está en cinta y cuando es coronada a los cielos, la parte de los santos, San Jerónimo, San Cristóbal y Santiago Matamoros. El cuadro de la Última cena y el del nacimiento de Jesús y el cuadro del juicio final, todos estaremos presentes en él y ahí está el Apocalipsis. Serán juzgados los vivos y los muertos”, afirmó con énfasis solemne en su última oración.
Explicó por varios minutos cada uno de los cuadros, los elementos que contenían e interpretó los mensajes que sus creadores querían dar.
Las imágenes del Sol con una rosa y la Luna con una espada fueron deducidas por el sacerdote como parte de la fusión cultural entre el cristianismo y la cultura aymara. Luego enumeró los siete pecados capitales y compartió un octavo, según lo denominó, el aborto. Para justificar su teoría mostró la figura de una mujer cuyas partes genitales están siendo devoradas por serpientes y sapos en el Apocalipsis.
En ese momento, el historiador y docente Fernando Cajías pidió la palabra y explicó que la mayoría de las pinturas de la Capilla fue realizada por artistas indígenas que se quedaron en el anonimato. “Seguro fueron creaciones supervisadas o dirigidas por el sacerdote mayor. La primera parte se hizo en el siglo XVII y luego en el XVIII, y casi seguro fueron pintores indígenas de los que se desconoce el nombre, pero se nota en la parte de perspectiva y proporciones en las pinturas”, señaló mostrando la figura de querubines con piernas muy gruesas.
La historiadora Margarita Vila le dijo al padre que además de su elucidación existe otra y refirió que el Sol y la Luna eran elementos ya utilizados por los romanos y los griegos mucho antes de conocer la existencia de América.
“Representan las luminarias de la creación; hay que recordar el Génesis, para marcar el paso del tiempo el Sol y la Luna están ahí. Aparecen comúnmente en el arte medieval acompañando a Cristo en momentos claves de su existencia terrena, pero para manifestarlo como el Señor del Universo, como el Dios de la creación”.
“La parte de la rosa y de la espada que el padre interpretó como creencias locales tiene referencias, como que la espada se hace referencia al Apocalipsis de Jua; es símbolo de justicia, acompaña la designación de jueces y reyes y recuerda que Cristo en el momento del juicio universal juzgará a todos con justicia. La rosa en el arte medieval y en la pintura gótica, estos dos elementos que acompañan la imagen del Justo Juez solo aparecen en la iconografía del arte gótico. En lo romano no están, ni en el bizantino, pero comienzan a aparecer en 1400. La flor es la misericordia divina. En las pinturas flamencas se debe ver la diestra de Dios desde la posición de la imagen, no desde la posición de uno, la flor es la misericordia o la rama de olivo es la paz y misericordia que siempre estará al lado derecho de Dios y lo más duro estará al lado izquierdo. El mensaje es que Dios juzgará con toda su justicia, pero también con toda su misericordia”, dijo.
Vila mencionó la importancia de la iconografía para comprender el arte, y recordó que fue la cultura egipcia la primera en desarrollar ese estudio. Luego analizó cada uno de los elementos anteriormente explicados por el cura, pero con un sentido distinto.
“Egipto fue parte del imperio romano, y a partir de todas esas tradiciones que vienen de Egipto el arte cristiano empieza a gestar la iconografía del Juicio que se visualiza y se consolida a partir de la Edad Media en el arte bizantino, segunda edad  de oro, sobre todo en el arte románico y demás. El infierno viene representado mediante el monstruo de Leviatán, una representación muy sufriente de los siete  pecados capitales. El pecado de la ira se representa con un soldado con casco, lo de las serpientes y culebras en la mujer es una referencia al pecado de la lujuria, hay un dicho en castellano bastante antiguo pero que se extiende a cualquier otro período, ‘Ser castigado por donde más se ha pecado’, y la lujuria es el pecado del sexo y ya desde el romano aparece y continúa con la misoginia medieval; está normalmente encarnado en la mujer con grandes pechos y sapos royéndole y devorándole sus propias entrañas”, comentó la experta. 
El grupo visitó “al vuelo” los otros dos ambientes del templo, hasta que las autoridades originarias pidieron a la delegación dejar el lugar, no sin antes remarcar el recelo con el que sus habitantes protegen la capilla.
La directora de la Fundación Visión Cultural, Norma Campos, enfatizó en que el encuentro además del paseo breve por Curahuara de Carangas permitió a los participantes de las Jornadas comprender la magnitud con la que se deben generar políticas de protección, conservación y difusión del patrimonio cultural.
En otros lugares, como las iglesias jesuitas en la zona de la chiquitania  al este de Santa Cruz, los municipios trabajan y coordinan sus actividades enfocados en la protección del patrimonio. A partir de las primeras jornadas de pintura mural, las instituciones que participaron crearán una red de información en todas las áreas que competen al tema y se repetirán las jornadas en otro de los países sudamericanos.

 

El patrimonio o la memoria de un pueblo

El viernes 28 de julio, cerca de 40 profesionales —peruanos, chilenos, mexicanos, bolivianos— llegamos hasta Curahuara de Carangas a visitar lo que se conoce como “la Capilla Sixtina de los Andes”. La visita cerró así las primeras Jornadas sobre Pintura Mural de los siglos XVI al XVIII. El evento fue organizado por el Consulado de Chile en La Paz, el Gobierno Municipal de la ciudad, la Fundación Visión Cultural,  Altiplano, el Museo Nacional de Arte y la Embajada de Perú. El simposio abrió un espacio de reflexión sobre la relevancia del patrimonio latinoamericano. En el caso de Chile, nuestro patrimonio es menguado en comparación con Perú y Bolivia. Sin embargo, es nuestro deber preservarlo para las generaciones futuras. El patrimonio nos une, teje redes, construye puentes y nos permite comprender mejor nuestra historia. Más que la suma de iglesias y monumentos, el patrimonio es la manifestación mas visible de la memoria de un pueblo. (Odette Magnet, agregada de Prensa y Cultura del Consulado General de Chile en La Paz)

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