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Jackeline Rojas Heredia

“Un kilo de arcilla blanca más 50 gramos de óxido de manganeso y otros 50 gramos de sílice, que es la arena: esos tres elementos forman la pasta coloreada”, explicó Verónica Velasco Martínez a los casi 20 estudiantes que la escucharon atentos durante el desarrollo del taller de bisutería en cerámica. 
¿Y si luego dominamos la técnica y abrimos nuestro negocio? Propuso uno de ellos a sus compañeros que amasaban con fuerza la arcilla.
Velasco estuvo entre los 12 artistas que impartieron talleres de cerámica en distintas técnicas a estudiantes de universidades y hasta bachilleres del colegio La Salle en Trinidad, Beni, en el Primer Encuentro de Cerámica Tradicional y Artística que se realizó del 4 al 11 de junio y congregó a 20 artistas de varios lugares del país.
En el evento organizado por el Museo Nacional de Arte (MNA), José Bedoya, director del repositorio, dijo que el objetivo es mostrar a los estudiantes las técnicas  y que sepan que el arte no es solo la pintura o la escultura. Al mismo tiempo, el encuentro motivó el intercambio de experiencias entre los ceramistas participantes.
Previa a la organización y mientras se desarrolló la lista de elementos y materiales que la actividad requería, se descubrió que la Normal de Beni poseía hace tres años, equipos que jamás fueron estrenados porque se ignoraba su utilidad: tres tornos eléctricos, otros a pedal, un aparato para planchar la masa y hornos eléctricos. Aparte, se fabricó también un horno de barro. Estos equipos fueron entregados por el Gobierno para estimular las actividades y el desarrollo artístico en los jóvenes  en concordancia con la Ley Abelino Siñani.
Marcela Mérida Coímbra tiene 37 años como maestra y casi toda su vida como artista. Ella enseñó diseño a los estudiantes, luego acompañó el proceso de ahuecar los murales hechos en cerámica. “Todo por detrás debe quedar hueco”, indicó.
“Al enseñar tú recibes sus energías y conocimientos, todo eso me dio la oportunidad de ayudar y de vivir en esas cosas. Los chicos tienen muchos deseos de aprender, es su oportunidad y es una posibilidad para el futuro de ellos y deben ver que hay personas que vivimos del arte y estamos felices de hacer lo que nos gusta”, dijo. “Cuando era niña me preguntaron qué quería ser. Y yo dije equilibrista, artista o payaso. Creo que soy más payaso que artista”, ríe a carcajadas.

Técnicas y formas
Todos los artistas tienen formas distintas de trabajar con la arcilla; unos las trajeron desde la ciudad de La paz, otros prueban por primera vez la del Beni. Edwin Genaro Méndez, que  elaboró instrumentos de viento,  afirmó que investigó mucho porque sabe que las culturas preincaicas solían expresarse a través de los sonidos. Los instrumentos son distintos entre sí, y los estudiantes les dan la forma del animalito de su elección: anacondas, tigres, bueyes, petas y otros.
Víctor Hugo Echeverría Gómez se dedicó a crear máscaras típicas de Beni. Y entre los artistas más populares estuvo Marcelo Terán Mitre, quien fabricó el horno de barro, trasladó el material, se encargó de ayudar y cumplir los requerimientos de cada uno de los ceramistas y luego estrenó los tornos realizando algunas vasijas. “En nuestro medio no puedes solo vivir del arte, así uno quiera. Yo combino fabricando vajillas y otros enseres”, dijo.
“Alrededor de ocho son las técnicas que trabajamos en este encuentro. El torno no es una forma ancestral de trabajar en Bolivia, pero sí es una técnica muy apreciada en el mundo porque permite la rapidez y belleza de piezas que puedes lograr a partir de ese instrumento”, afirmó Lourdes Montero, una de las más reconocidas por sus exposiciones y manejo conceptual de los elementos de la naturaleza traducidos a la cerámica.

Cruce de energías
Si bien todos tienen su técnica y estilo a través del moldeado que sus manos realizan sobre el barro, coinciden en afirmar que esa comunicación entre la tierra por moldear y el artista es un diálogo que en ocasiones se convierte en discusión. “Puedes tener una figura en tu mente, pero es la arcilla la que se encapricha y guía la forma en la que quiere quedar”, dijo Verónica Velasco.
Para otros artistas es la recepción de las energías la que permite y crea la forma. 
Los jóvenes que asistieron a los talleres colaboraron con todo lo que fue posible, siguieron en detalle a cada uno de los maestros y se involucraron activamente para crear. Todas las obras fueron dedicadas a las culturas originales y a la sabiduría ancestral de las comunidades de Beni. 
“La cultura moxeña es una de las que me atrae más y todas las máscaras se inspiran en ella”, dijo también Echeverría, con más de 30 años como maestro en la Academia Nacional e Bellas Artes en La Paz.
Raquel Verástegui se dedica a crear imágenes con figura humana. Tiene una técnica particular que combina el papel. Ella realizó la cerámica con la imagen de una mujer embarazada y el mensaje según ella es que “pese a toda la polémica en torno al aborto, es la mujer la que decide qué va a pasar con su cuerpo”.
Verástegui eligió la figura humana como una búsqueda personal. “Agarrar la pasta que no tiene forma y pensar en una forma humana, en huesos, piel y pensar que es posible que este pedazo de tierra tiene la posibilidad de respirar, eso es lo que me guía”, dijo.
Pablo Muiba, beniano, y autodidacta, fue ganador del premio Eduardo Abaroa en 2013.
Muy emocionado con el encuentro, explicó que en el pasado remoto las culturas indígenas realizaban más obras con arcilla, pero el transcurso  del tiempo, el contacto con otras culturas y las necesidades económicas hicieron que toda esa actividad se perdiera. Cree que a partir del encuentro organizado por el MNA y por la Universidad Autónoma de Beni, la actividad puede retornar. 
Pero aquí y ahora, con las obras preparadas y las distintas técnicas corresponde el secado, luego quizá algunos elementos técnicos para el color o los esmaltes y de ahí al horno, donde a temperaturas muy elevadas se produce el éxtasis de la creación. La pieza está concluida.