Pol 12 F2

 

Víctor Hugo Chambi O. – Edición impresa

oledad, madre de familia y vecina de Cota Cota, en la zona Sur de La Paz, vio en la televisión con asombro los primeros indicios de las irregularidades registradas en las elecciones del 20 de octubre y con el dolor de la decepción y la rabia contenida decidió salir a las calles a manifestar su rechazo por el engaño perpetrado.

“Nosotras estuvimos con las pititas en la zona de Cota Cota, ahí se sumaron vecinos de Chasquipampa, Alto Calacoto, Aledaño Los Pinos y Auquisamaña, nos autoconvocamos primero para expresar nuestro rechazo, después para defendernos de las agresiones y también nos sumamos a la resistencia en la plaza Murillo”, relata Soledad.

“Nos dimos cuenta del fraude, de cómo incitaban a la violencia, de las mentiras, las difamaciones y por eso salimos a las calles por nuestra propia voluntad con la intención de explicar a los vecinos del otro bando la verdad sobre el fraude, pero era imposible ya que muchos de quienes apoyaban al anterior gobierno, no querían dialogar”, dice.

En la zona comercial de la calle Max Paredes, doña Juana (nombre convencional) todavía recibe amenazas y su puesto de venta “está marcado” porque durante varias noches hizo vigilia junto a sus compañeros de la asociación del lugar.

“No había policías, no había seguridad y estuvimos amedrentados, salimos a cuidar nuestros puestos de los vándalos, yo creo que querían aprovecharse del conflicto y querían saquear nuestro puestito de venta, lo que nos costó mucho trabajo”, refiere.

Fue en esa vigilia, “con lluvia, con frío”, que entre los comerciantes comenzaron a dialogar sobre la situación política del país y a expresar sus diferencias.

Relata que ella se sintió “decepcionada de don Evo (Morales)” porque creyó en él y su lucha por los pobres, pero después se encaprichó con el poder, “ya quería la cuarta reelección a pesar de que la mayoría de la ciudadanía le dijo que no el 21F (referendo constitucional del 21 de febrero de 2016) y él intentó burlar eso, lo que no está bien”.

Caminar a diario desde “el pequeño Chapare”

Ella es una mujer joven, de tez morena y cabello largo. Prefiere guardar su nombre en reserva porque vive en una población cercana a Achocalla, “el pequeño Chapare”, le dice por la gran presencia de militantes del Movimiento al Socialismo y que la amedrentan casi a diario, “por pensar diferente”, pero eso no le impidió que exprese su rechazo a los hechos cometidos en las elecciones anuladas del 20 de octubre.

“Todos los días venía a pie hasta el centro de la ciudad, yo participé como joven, como mujer para rechazar la imposición”, cuenta.

Recuerda aquellos días en los que decidió, junto con unos vecinos, manifestar su reclamo por la postura del expresidente Morales de buscar una nueva reelección a pesar de la negativa de la población.

Las amenazas de cortarles el agua si no salían a marchar en apoyo a Evo, no impidió que se mantengan en “la resistencia”. Lamenta que otros de sus vecinos tuvieran que verse obligados a bloquear solo para poder tener el líquido elemento para sus hijos.

Pero de las amenazas pasaron a las agresiones, ese fue el caso de las mujeres que tuvieron el valor de colocar su “pitita” y sus “llantitas” en ‘la garganta’ de Bolognia, al sur de La Paz.

Romina (nombre convencional) cuenta que en los primeros días de la movilización tuvieron que soportar insultos de gente que apoyaba al exmandatario, “pero luego se pusieron violentos, vinieron en tropa y nos atacaron, a mí me tumbaron y me cortaron, buscaban a las mujeres, soltaron las pitas con cuchillos y nos amenazaron, pero igual volvimos a colocar las pitas porque sabíamos que teníamos la razón de que había fraude”.

En Pampahasi, la situación no fue diferente. Doña Irene tuvo que salir de forma apresurada a organizarse con sus vecinos para cuidar sus viviendas. “La noche después de que Evo renunció fue terrible. Estuvimos amedrentados y pese a la protección, igual quemaron la Estación Policial. Estoy segura de que la gente recibió dinero para destrozar las cosas que conseguimos como vecinos”.

La transición trajo alivio y paz

Pero luego de toda la resistencia llegó la calma.

“Hubo más tranquilidad, ya respiramos, pudimos llevar una vida más en paz”, expresa la señora Soledad. Recomendó a los jóvenes no perder esa convicción de lucha por sus ideales.

“Nuestra movilización fue pacífica, somos mujeres de paz y las vigilias eran de paz”, cuenta una madre de la zona de Calacoto, que prefiere el anonimato para no sufrir represalias posteriores por la lucha realizada. “Solo por estar con mi bandera me amenazaron y quisieron agredirme y hasta ahora siento que me persiguen”, añade.

“Ahora es diferente, ahora sí se respira un aire de libertad en los barrios, pero el acoso no acabó, tenemos que seguir alertas”, recomienda.