Consolidado el funcionamiento de la nueva entidad Navegación Aérea y Aeropuertos Bolivianos (Naabol), en lugar de la deficiente Administración de Aeropuertos y Servicios Auxiliares a la Navegación Aérea (Aasana), corresponde darle el respaldo e impulso para que cumpla a cabalidad las tareas encomendadas en la norma.

¿Fue acertada la decisión de proceder a liquidar una entidad estatal deficitaria? Sí. Definitivamente no había otra alternativa y debe quedar claro que no fue una decisión improvisada porque previamente se efectuó un relevamiento de información y se estableció que había un alto grado de ineficiencia administrativa que derivó en una deuda que supera los Bs 1.300 millones. Además se verificó que los ingresos no alcanzaban a cubrir los gastos, menos su elevada planilla de más de Bs 7 millones.

Las evaluaciones practicadas a la desaparecida Aasana detectaron varias anomalías de orden administrativo, como la existencia de personal supernumerario que generaba un gasto mensual de Bs 5,3 millones. A manera de ejemplo el ministro de Obras Públicas, Édgar Montaño, develó que contrataron “a una secretaria, esta secretaria tenía como ayudante a otra secretaria y este ayudante tiene todavía otro personal de apoyo, y ese personal de apoyo tiene todavía su ujier (asistente)”.

Su funcionamiento estaba plagado de otras irregularidades, entre ellas la presencia de clanes familiares y el poder ilimitado de los sindicatos, el diálogo con ellos estaba contaminado y no daba lugar a la más mínima reflexión. De manera recurrente sus dirigentes amenazaban con medidas de paralización de actividades y no estaban dispuestos a renunciar a sus privilegios, en suma no les interesaba cambiar el estado de cosas. Las consecuencias de ese descalabro se reflejaban en la insostenibilidad financiera, deuda en constante crecimiento, falta de liquidez, uso y abuso de horas extras por parte de los funcionarios. 

Para ilustrar esta apreciación, conviene recordar la denuncia del Ministerio de Obras Públicas en sentido de que los trabajadores llegaron a cobrar horas extras sin trabajar. Durante la pandemia, en 2020, los vuelos fueron suspendidos por restricciones impuestas por el gobierno de facto, pero la entidad seguía pagando horas extras.

Bajo esas consideraciones, las actuaciones están plenamente justificadas, era necesaria una reingeniería de los servicios que se presta a la navegación aérea y la vieja Aasana no estaba en condiciones continuar. Lo de bueno de este periodo transitorio es que la determinación de las autoridades se enmarca en las leyes.

Por todo lo expuesto, la liquidación de Aasana y la creación de Naabol fue la mejor decisión que el Órgano Ejecutivo ha tomado, porque una institución que tiene una deuda de más de Bs 1.314 millones no es sostenible ni a corto ni a largo plazo.

Por último, los extrabajadores de Aasana deben estar tranquilos porque se respetarán sus derechos, ya que el Ministerio de Obras Públicas garantizó que recibirán los beneficios sociales que correspondan por ley.  Son Bs 182 millones destinados a cubrir los cargos a pagar.