David Foronda H.

En estos tiempos hay de todo en esta Viña del Señor. Por un lado, una cuarentena de modo obligatorio debido al COVID-19 y también, merced a este, un escritor y pensador contemporáneo ―Michael Ignatieff―, según Juan Carlos Pérez Salazar (BBC), quien dice que “ahora se está llevando a cabo un experimento terrible en tiempo real: cuál sistema, el democrático o el autoritario, responde mejor ante la epidemia”.

De acuerdo con el artículo que publicó ese medio internacional, ya hace varios días, Pérez Salazar reflexiona: “El mundo en pausa. La gente bajo encierro, las calles vacías, la economía frenada…Pero es una pausa vertiginosa, preñada de preguntas, porque nadie sabe qué vendrá después, cuando el nuevo coronavirus sea vencido. ¿Serán China y su modelo autoritario los grandes ganadores y la democracia la gran derrotada como auguran algunos? O por el contrario, ¿los sistemas democráticos saldrán fortalecidos por su capacidad de generar unión y consensos? ¿Debe la democracia aprovechar esta crisis para realizar cambios profundos y tratar de cumplir las promesas que, en lugares como América Latina, ha dejado incumplidas? ¿Se ha traspasado un umbral en el uso de la tecnología y ahora aceptaremos que puedan monitorear desde dónde hemos estado y con quién hasta la temperatura de nuestros cuerpos? ¿Volverán, por fin, los hechos y los expertos al centro del debate público y empezará la retirada de los populistas que promueven los “hechos alternativos”, cuándo no la mentira abierta y descarada?

Lo cierto es que esta pandemia que azota el mundo, y sobre la cual otro investigador inglés, David Icke, niega la existencia del COVID-19 con una serie de argumentos, y por el contrario denuncia “una operación tiránica de control en el mundo”, algo casi lindante con la ficción, aún continuará dando mucho de qué hablar, y por supuesto ocasionando infinidad de muertes, así incluso no se sepa toda la verdad sobre la misma.

Ocupándonos ya de nuestra realidad, que no deja de ser preocupante, digamos que la necesidad tiene cara de hereje (frase popular mediante la cual se justifican las acciones que ha hecho alguien en una situación desesperada o al límite, y que en la antigua Roma ya usaban una figura legal: “necessitas caret lege”, o sea, “la necesidad carece de ley”. Actualmente se la usa “cuando una persona se encuentra en acontecimientos desesperantes y hace algo que nunca haría en otra circunstancia para poder sobrevivir, o salir de una mala situación”, valga la redundancia) para referirnos al contexto relativo al confinamiento forzoso de los conglomerados sociales.

Justamente es lo relacionado con bastante gente que, debido a la cuarentena, ya no puede salir a cumplir con sus labores que le permiten agenciarse el pan y chairo diarios destinado a los suyos. Y aunque existen ayudas brindadas por las autoridades del país, bastantes segmentos poblacionales se encuentran en situaciones harto difíciles, por lo cual en las esferas superiores gubernamentales se tendrá que evaluar detenidamente esta realidad a la hora de adoptar una determinación sobre la probabilidad de prolongar o no esa medida que, de una u otra manera protege la vida de todos, aunque a la vez deplorablemente ya han surgido una serie de contratiempos, temidos por muchos, a lo que se suma la ausencia de una adecuada ayuda psicológica a las familias bolivianas mediante las pantallas televisivas, a fin de que superen el estrés, ansiedad y hasta la depresión.

A ello se suma el típico “espíritu” de comerciante de un gran segmento de la población, recordando no obstante que el comercio es algo innato al ser humano desde tiempos primigenios, tan antiguo como la sociedad, y no podríamos concebir ―afirman― estar sin él, habida cuenta de que gruesos sectores poblacionales viven del comercio informal, ante la crónica falta de trabajo o empleos en Bolivia, hecho a agudizarse por el retorno de contingentes de connacionales desde naciones vecinas a las cuales se trasladaron como mano de obra para diversos quehaceres.

Por donde se vea, el trance es delicado, por lo que en adelante las medidas que vayan a adoptar respecto a mantener la cuarentena, o el retorno gradual a la actividad laboral, deben ser cuidadosamente estudiadas a fin de insuflar certidumbre y seguridad a los bolivianos. Por lo demás, como en una película de suspenso, ¿nadie sabe qué vendrá después?