Redacción central

Natalio Reyes Chávez es otra víctima más de los malos tratos y atropellos de parte de grupos irregulares que se conformaron en octubre de 2019 en la ciudad de Santa Cruz para crear pánico entre la gente humilde que exigía trabajar.

Reyes relató, en entrevista en el programa Somos Democracia, que mientras pasaba por la Rotonda del Plan Tres Mil vio cómo la gente que demandaba el derecho al trabajo era golpeada y maltratada por los grupos apoyados por la Unión Juvenil Cruceñista. De pronto la Policía llegó al lugar y comenzó a gasificar, las personas se dispersaban por donde podían y en ese momento él recibió un impacto de bala en la pierna.

En medio de la gasificación cayó en el suelo producto del dolor y de la sangre en su pierna herida, fue llevado a una clínica cercana al Plan Tres Mil, donde no fue atendido por ser simpatizante del MAS. Llegó a la Caja Petrolera, donde los galenos lo operaron de forma inmediata, pues tenía incrustada una bala nueve milímetros que le había roto el hueso de la pierna.

 “Me quedé 21 días internado, pues tenía fracturas en la tibia y peroné, no podía caminar, estaba con muletas y no me dejaron salir hasta que pagué la deuda en el hospital, pues mi seguro no cubría esta situación, sino sólo me extendieron una baja médica”, recordó.

La falta de recursos impidió que Natalio pueda seguir su tratamiento para que vuelva a caminar, ya que los medicamentos eran bastante costosos. Por eso recurrió a hierbas que le ayudaron a volver a caminar.

“No me alcanzaba el dinero, todos los días tenía que gastar 700 bolivianos y la gente del campo me sugería que haga otras cosas, pues el médico dijo que no volvería a caminar porque el hueso se había hecho astillas”, narró.

Inició un proceso contra los responsables, pero lamentablemente no lo pudo seguir por cuestiones de dinero y porque se encontraba solo. Ahora lo único que pide es justicia porque desde aquel día su vida cambió significativamente, pues no puede correr ni alzar objetos pesados.

Natalio Reyes considera que las exautoridades del gobierno de facto ahora se quieren hacer las víctimas, pero en realidad lo que deben hacer es rendir cuentas y asumir sus responsabilidades por los crímenes que cometieron en su régimen por las masacres de Sacaba, Senkata y de otros lugares del territorio.

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