Néstor Agramont

 

Luis Mérida Coímbra

Virtuoso en el humor, todos lo conocían por el sobrenombre de Japo. Su temple era creador, platicaba sin descanso, nunca dejaba nada por decir cuando su verbo se habría en la noche oscura de los caminantes. Su sonrisa contagiaba hasta a los muertos (Sic).
Su conocimiento de la poesía era locuaz, señalaba con metáfora pura el compendio del arte universal y regional; con sabia armonía conocía que la poesía tiene figuraciones destellantes, fulguraciones románticas, estatutarios góticos, reflejos abstractos, surrealismos patéticos, ultraísmos selváticos, costumbrismos endemoniados, espiritualidades barrocas. 
Tenía fáustica palabra de poeta, creía en la oración de los ángeles, en el canto de las sirenas y en los lamentos del averno. Dialogaba como un ser misterioso y subterráneo. 
Es de resaltar el Gran Premio Coral que ganó en Cuba, junto a Francisco Cajías, ‘Por Las Vidas Que Vendrán’. Dejó un gran guión sobre ‘El Gran Poder’.
Su vida como su pasión siempre lo llevaron a un diálogo poético, en la alabanza o en la maldición, consagraba y profanaba, era un espíritu encarnado en un cuerpo cuya euforia original nacía del hablar, sinónimo del crear. Su creación la trocaba con su inocencia original, revelando siempre lo escondido, despertando la imagen, el sonido, suscitando la aparición del ser audiovisual.
Su temperamento era festivo, dialogal, alegre; era síntesis, inteligencia y cautivadora memoria llena de imágenes acopladas a un anecdotario fértil y luminoso. Sus imágenes creadas eran casi milagrosas, festivas y dotadas de azar, de vendimia; permanentemente fosforescentes, endemoniadas, acaloradas.
Provenía del espíritu sembrado por el poeta Jaime Sanz, de quien recordaba pasajes de su vida bohemia, con esa cosmovisión tan paceña, tan lúcida y en su momento de gran resplandor. Fue un cometa que iluminó la ciudad de La Paz.
Resalta su memoria de alta resonancia como personaje de la historia de la imagen en movimiento.  Era un creador original, un testarudo constructor de imágenes, un retumbante amigo de la vida y la muerte. Se marchó una mañana tomando desayuno, nos espera entre fuegos y cascadas transparentes.

(*) Cineasta y Poeta