Cuando el pueblo, cuando la gente decide hacer algo, no se puede forzar a que haga lo contrario ni con amenazas, ni con amedrentamientos, ni siquiera con el uso de la violencia, al mejor estilo de grupos fascistas paramilitares o parapoliciales. Y fue eso lo que sucedió este lunes en la ciudad de Santa Cruz. El ciudadano honrado y trabajador le dijo ¡NO! a Camacho y sus secuaces y salió de sus hogares para trabajar, para ganarse honradamente el pan de cada día, pese a los riesgos que podría significar para su integridad e incluso su vida.

El cansancio está llegando a su límite y eso se vio precisamente hoy. En varias oportunidades anteriores, los mecanismos de presión, desde los medios de comunicación hasta los grupos irregulares organizados y sostenidos por la organización cívica cruceña, habían logrado asustar a la gente y obligarla a quedarse en sus casas, mientras sus grupos de choque hacían alarde a través de sus medios aliados de su capacidad de convocatoria para paralizar la ciudad.

La gente se dio cuenta del falso discurso de los supuestos dirigentes cívicos y de la forma en que las “movilizaciones” habían sido utilizadas en beneficio de unos cuantos, de los mismos que se creen dueños de Santa Cruz, patrones de hacienda, y que piensan que el resto no son nada más que siervos o pongos que deben obedecer sus órdenes.

Que el pueblo cruceño tiene reivindicaciones, seguro que sí, pero no son precisamente las que manejan esas élites retrógradas y obsoletas. Son más importantes: salud, educación, integración caminera, infraestructura productiva, en fin, todas dirigidas a mejorar la calidad de vida. La mayor parte de estas demandas es de responsabilidad y competencia de la Gobernación y no hace nada por cumplir sus obligaciones para con el pueblo cruceño. La incapacidad de quienes gobiernan Santa Cruz puede apreciarse de manera por demás evidente en los bajísimos niveles de ejecución presupuestaria de esa Gobernación, la más baja del país. Y precisamente para ocultar esa ineficiencia e incapacidad se buscan otras acciones que nada tienen que ver con sus funciones y atribuciones, como sus famosos paros cívicos, amenazas, matonaje y violencia directa en contra de quienes piensan diferente y no acatan sus mandatos.

Camacho, Calvo y un pequeño grupo de nostálgicos oligarcas cruceños no representan a la mayoría del pueblo cruceño, no pueden hablar a su nombre. A Camacho lo eligieron para que haga gestión en la Gobernación, y Calvo se autonombró dirigente cívico. La representación legal y legítima de los cruceños la tienen quienes fueron elegidos por el voto popular para representarlos. Senadores, diputados, asambleístas, concejales, ellos deben ser los que salgan por sus fueros para poner fin a estas arbitrariedades que pretenden institucionalizarse en contra de las leyes que rigen la vida democrática de nuestro país.

Santa Cruz es más que ese pequeño grupo de violentos autoritarios y antidemocráticos, es un departamento que en sus 15 provincias y 56 municipios con sus más de dos millones y medio de habitantes quiere trabajar, progresar y ve el futuro con optimismo gracias a la estabilidad y confianza que le otorga el Gobierno nacional encabezado por el presidente Luis Arce Catacora y el vicepresidente David Choquehuanca, y no va a oír más esos cantos de sirena de quienes solo buscan beneficios personales y de su pequeño grupo, y sabrá responder a la altura de los desafíos de la historia.