Por: José Llorenti /

Cuando se habla de la crisis política y social del 2019, se parte generalmente de la dicotomía entre si lo ocurrido fue un fraude electoral o fue un golpe de Estado, y se termina identificando con uno de los dos lados de la moneda. En el caso de la narrativa del golpe de Estado se pueden identificar cuatro corrientes, no ajenas entre sí: los que dan una lectura geopolítica del tema, los que parten de un criterio más personalista enfocado en la figura del expresidente Evo Morales, los que buscan narrar los hechos de manera cronológica encontrando causas y efectos, y los que superan la esfera descriptiva de la narración cronológica y tratan de profundizar las causas profundas del golpe de Estado.

En el primer caso se puede encontrar las lecturas que realiza el ex ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana; en el segundo caso los que realizan intelectuales de renombre internacional como Alfredo Serrano; en el tercer caso se encuentra al ex ministro de Minería, César Navarro y en el último caso se puede ver al ex ministro de Gobierno, Hugo Moldiz; al exvicepresidente, Álvaro García Linera; también al intelectual, Rafael Bautista y al vocero presidencial, Jorge Ritcher, entre otros. Obviamente, existen muchas más lecturas de lo sucedido el año 2019, pero casi todas (sino es todas) se enfrascan en esas 4 categorías no excluyentes entre sí.

En el otro lado de la luna, tenemos los autores que hablan de un fraude electoral y que generalmente coinciden en una misma línea discursiva con diferentes ribetes de profundidad; por ejemplo, se tiene a Robert Brockman con “21 días de resistencia”; José Orlando Peralta con “Rebelión y pandemia” y Carlos Valverde con “Octubre 2019, fraude y después…”, existen más textos al respecto, pero por razones de espacio no los mencionaré; de todas maneras, esos tres libros de alguna manera se desarrollan bajo una línea clara y cronológica: hubo fraude electoral/movilización social/renuncia/gobierno constitucional de transición. Ninguna de las lecturas rompe con ese esquema analítico, y tampoco profundizan exceptuando cuando tratan de encontrar las raíces originarias del conflicto del 2019 en el referéndum del año 2016.

En este sentido, el presente artículo hablará exclusivamente del texto del señor Valverde, que al ser ampuloso (900 hojas), se suponía que sería el más completo y que presentaría nuevas pruebas que justifican la hipótesis del fraude electoral en Bolivia.

El título del texto afirma directamente la existencia de un fraude electoral, sin embargo, las primeras 300 hojas, de las 900 que componen el texto, hablan de temas diferentes, desde el referéndum del 2016, las encuestas de aprobación a la gestión del expresidente, Evo Morales, hasta de Lidia Gueiler, el título profesional de Evaliz Morales, el mundial de Rusia y algunos errores discursivos del expresidente, incluso algunas anécdotas de la oposición, temas que parecerían no ser trascedentes pero, que al final el autor usa como base para ulteriormente justificar las movilizaciones previas al golpe y demostrar los “a-moralidad” del gobierno de Evo.

El grado de profundidad del autor para explicar lo que sucedía en Bolivia se reduce a considerar que el caso Zapata, (del cual el autor fue su impulsador principal) inició el ciclo de decadencia de Evo Morales; el autor se arriesga a decir que el 3 de febrero del año 2016 todo cambió en Bolivia y que eso fue uno de los detonantes para el golpe de Estado y la llegada de Jeanine Añez al poder el 12 de noviembre del año 2019. Aunque, se puede considerar que después del referéndum vino un proceso de estancamiento en el MAS en términos de crecimiento en apoyo popular, difícilmente se puede reducir todo a simplemente un caso de esa naturaleza y una denuncia a una expareja del expresidente.

Después de esa extensa introducción, el autor usa las siguientes 100 hojas para hablar del fraude electoral. A primera vista, 100 hojas para justificar un punto de vista suena ridículamente convincente, sin embargo, la mayoría de esas 100 hojas (desde la página 319 hasta aproximadamente 407) están compuestas por citas de periódicos, apuntes de un informe policial que supuestamente justifica la existencia de servidores ajenos que fueron usados para cometer el fraude electoral, el paro del TREP, y al final el informe de la OEA apoyando su argumentación en una falacia lógica como es el argumento por autoridad.

El autor publica in extenso el informe policial del Caso “Tribunal Supremo Electoral” donde expresa “(…) los servidores BO1 Y BO20, por los cuales se introdujo información a las bases de datos, para favorecer los votos al Movimiento Al Socialismo se realizaron entre el 20 y el 21 de octubre en coordinación del equipo mexicano”. (Página 406), teoría que la corrobora aduciendo que las múltiples contradicciones de los voceros del MAS sobre el paro del TREP reforzaron la idea de que esos servidores hubieran sido usados para cometer un fraude electoral; sin embargo, el autor comete el mismo error que comete el informe de la OEA, hablar demasiado del TREP, un sistema que no es oficial y que sin importar sus resultados no son vinculantes. Es decir, el autor agota toda su argumentación de más de 100 páginas a hablar del TREP. El autor también menciona algunos problemas limítrofes entre departamentos que provocarían que algunas personas tengan doble registro en el TSE, sin embargo, fuera de lo anecdótico del tema, esa información no puede ser tomada en cuenta para un fraude electoral.

Después de esa extensa explicación, el autor, desde la página 430 hasta el final (900), es decir, 470 páginas las usa para hablar de las protestas sociales por el supuesto fraude, donde da algunos detalles llamativos como que Camacho despegaba de su avión desde la terminal presidencial en El Alto (Página 647); sin embargo, fuera de esas anécdotas que seguro en algún momento se volverán pruebas para un juicio (¿Qué hace un civil usando espacios de esa naturaleza?), el libro no argumenta ninguna prueba real de la existencia de un fraude electoral en Bolivia el año 2019, al contrario, repite hasta el cansancio el tema del TREP y se respalda en lo que ya dijo la OEA.

Lo que llama la atención es que el autor acepta sin ningún reparo la victoria del presidente Arce en la gestión 2022 con el 55% de los votos, mientras en otras líneas dice “el vergonzoso fraude del MAS”, es decir, el autor da pruebas “contundentes” para explicar el fraude del año 2019 cometido por esta tienda política, pero reconoce la victoria 11 meses después de la misma fuerza política con el 55%, sin dejar de decir que se debería realizar una auditoría completa del padrón electoral que no se realizó en la gestión de Romero a la cabeza del TSE.

Valverde parece conformarse con simplemente recomendar cambios en el sistema electoral boliviano (él lo llama bits vs huellas) y pedir que el Segip trabaje con el Padrón Electoral de manera interoperable, hecho que no sucedió, pero que igual no afectó en la victoria del MAS el 2020, o sea, aunque no hagan caso a sus recomendaciones igual es legítimo quien gane, entonces, ¿para qué esas recomendaciones?

Asimismo, Valverde no ingresa en la discusión sobre por qué el MAS ganó con mayores votos que el año 2019, prefiere evitar el tema, tampoco menciona a los grupos paramilitares y los actos de racismo, y peor problematiza la presidencia de Añez y su inconstitucional posesión sin quórum; para el autor, la historia comenzó ese 3 de febrero con el caso Zapata y terminó el 10 de noviembre del año 2019 con la renuncia de Evo Morales, todo lo demás sobrepasa su análisis de 900 hojas.

Finalmente, la bibliografía de un libro de 900 hojas son únicamente 12 libros, y a pesar de citar a John Reed y al mismo Lenin en sus páginas, no los menciona en su bibliografía, quizá por vergüenza por no haberlos leído y solo haberlos visto en algún buscador para parecer más riguroso en su obra cúspide. Si esta es la explicación más exhaustiva y documentada de la narrativa del fraude electoral en Bolivia, y suponiendo que ningún otro autor se anime a escribir algo más voluminoso al respecto, podríamos concluir que el agotamiento de esta narrativa es inevitable.