TRIBUNA
Erika J. Rivera

Nadeshda Petrovna Lamanova (1861-1941) fue hija de un militar de clase media. Se hizo sastre después de una formación breve en costura y trajes. En 1885 abrió en Moscú un negocio propio. Fue muy exitosa como diseñadora de vestidos de gala para la familia imperial y la alta nobleza.

Fue probablemente la primera feminista exitosa en Rusia y es considerada muy positivamente, porque se opuso a sus padres, a sus hermanos y a su esposo en cuestiones intelectuales, políticas y financieras. Ya en el siglo XIX viajó sola al exterior y dirigió sus empresas sin permitir ninguna intervención masculina. Desde muy temprano reunió escritos y testimonios intelectuales sobre aspectos etnográficos de la antigua Rusia y sobre la situación de la mujer, especialmente en las regiones del Asia Central y del Extremo Oriente, donde regían costumbres e instituciones patriarcales.

Después de la Revolución de Octubre fue encarcelada. Fue liberada solo por la intervención del gran escritor izquierdista Maxim Gorki. Se dedicó a revitalizar trajes, modas y costumbres campesinas y de las minorías étnicas.

En la época revolucionaria le fueron muy útiles sus estudios de antropología y sociología rurales para inspirarse en el diseño de modas originales, pero a partir de entonces con una clara inclinación a recuperar los rasgos populares. Lamanova hizo una clara distinción entre los aspectos progresistas, es decir rescatables, de las tradiciones populares y los fenómenos retrógrados, inservibles de esa misma herencia. Esto es lo que nos falta en Bolivia: hay que rescatar, por supuesto, nuestros saberes ancestrales y las tradiciones populares que tienen un contenido racionalista y humanista, y desechar los elementos arcaicos e irracionales de la misma herencia.

Después de unos años de clandestinidad y prisión (1917-1919), se estableció paulatinamente como la creadora de la moda revolucionaria soviética, por ejemplo como diseñadora de los famosos y elegantes uniformes del Ejército Rojo y la inventora de las chamarras negras de cuero para la Policía Secreta. En su campo de trabajo, Lamanova se enfrentó sin miedo a Lenin, Stalin y Trotski al crear un estilo nuevo, aerodinámico, de corte simple pero muy elegante para oficiales, soldados y policías, la moda “adecuada a la lucha de clases, pero sin caer en lo feo y lo vulgar”, como ella misma definió su estilo después de una confrontación dura, pero exitosamente con la alta burocracia del Partido Comunista, cosa entonces muy peligrosa. Después de 1919 Lamanova dijo que la elegancia y la vestidura de calidad debía ser algo para todas las clases sociales. Su principio rector era: elegancia, utilidad práctica y precios bajos. Al igual que antes de la revolución, Lamanova no permitió a ningún varón, por más poderoso que sea, que le transmita directivas acerca del diseño de modas, colores, materiales y precios.

En el periodo de entreguerra popularizó en toda Europa la moda a la rusa: combinación de la llamada alta costura de la próspera sociedad capitalista con folklore ruso y elementos textiles del mundo oriental. Ella personificó la paradoja de ser la reina de la moda tanto bajo el zarismo como en la época del stalinismo. Diseñó para los grandes directores de cine de la época soviética. Murió en el bombardeo alemán de Moscú en 1941. Fue un feminismo callado pero efectivo con gran capacidad de adaptación, colocándose por encima de cualquier sistema político.