Federico García Lorca o la simpatía

Aitor Arjol*

Federico García Lorca, el poeta que lo hizo todo a pesar del trágico y vil desenlace de su vida. Una luz de candil entre tanta vileza. De él me había propuesto escribir acerca del nuevo material inédito en torno al poeta granadino.
Un libro publicado por Malpaso que lleva por título Palabra de Lorca: Declaraciones y entrevistas, editado por Rafael Inglada y con la colaboración de Víctor Fernández. La obra “reúne por primera vez todas las entrevistas conocidas del poeta, incluso aquellas que se publicaron después de su muerte, tal y como fueron publicadas en las revistas y los periódicos, sin los cortes que habían sufrido algunas de ellas”, se indica en la página web de la editorial.
¿Una nueva forma de entender al poeta del Romancero Gitano, de Poemas del Cante Jondo o de ver  obras que terminaron por rasgar nuestra esencia? Es posible leerlo como antes nunca lo habíamos hecho, advirtiendo otros matices y sentimientos de Federico García Lorca. La versión de la muerte del poeta nos la sabemos de memoria, pues todos los años se alza el muro de su aniversario y con ello continúan las investigaciones, teorías y encontronazos en torno al lugar donde descansan sus restos. 
Muchos años de lectura han ocupado al respecto, pero también, me devoraba la idea de acercarme a la vida y obra de Lorca por medio de otros derroteros. La música es uno de ellos y, sin lugar a dudas, Enrique Morente ocupa el primer lugar en mis recuerdos. Varios de sus discos llevan fragmentos de la producción lorquiana en sus entrañas, resultando descorazonador cerrar los ojos al mismo tiempo que escuchar sus piezas envueltas en el aire. Así decía el ‘cantaor’ flamenco cuando se refería al poeta: 
“Lorca tiene muchas etiquetas. La más común es la de flamenco, la de gitano. Si viviera hoy, estoy seguro que sería un recitador. Lorca vale para todo. Vale para un cabaré de aquella época, para una taberna o para la calle. Hoy podría estar perfectamente en una estación de metro y solidarizarse con cualquier okupa. Vale para estar en las universidades de cualquier país y para el teatro más serio…”. 
Es cierto, Lorca valía para todo a pesar de la tragedia. Así como para que Paco Ibáñez, Miguel Poveda o Leonard Cohen se fascinaran por sus letras y las incorporaran como bagaje personal y vital inevitables.
A mediados de la década de los 80, Amancio Prada también incorporaba a su producción la musicalización de los sonetos, que fue completada con el álbum Sonetos y canciones de Federico García Lorca, en 2003. 
El disco de Amancio Prada se abre con el soneto ‘A Mercedes en su vuelo’ y deja resbalar por el temblor de su melodía versos como: “Una viola de luz yerta y helada / eres ya por las roca de la altura. / Una voz sin garganta, voz oscura / que suena en todo sin sonar en nada, continuando con otras composiciones tan íntimas como Noche del amor insomne, “el amor duerme en el pecho del poeta” o “soneto de la carta”. 
Con semejantes antecedentes y en la propia romería de la soledad, pretendía referirme al nuevo material inédito de Federico García Lorca, cuando alguien me cóntó cómo se puede reseñar un libro sin haberlo leído con anterioridad, estando al otro lado del océano Atlántico y supongo que en una noche tan cerrada como la persiana de un submarino.  Todo es cuestión de enfoque, así como de recursos escénicos.
Al grandísimo trabajo realizado por Rafael Inglada con su obra  Palabra de Lorca antecede una coyuntura única, puesto que hace poco llegaba de la mano del mismo autor todas las entrevistas que concediera en vida Antonio Machado, así como Conversaciones con Federico García Lorca: la canción de los chopos, ambas en el sello Confluencias.
Estamos una vez más de enhorabuena. Se recupera una parte esencial de la memoria lorquiana. Las entrevistas y declaraciones de Federico García Lorca a la prensa, que afirmaba: “En las entrevistas siempre me hace el efecto de que es una caricatura mía la que habla, no yo”. Hace unos años el Centro de Documentación Teatral publicaba en su página web una entrevista recuperada a Federico García Lorca en las postrimerías del año 1931 a propósito de sus ideas sobre el teatro, el fútbol, su vida en Madrid y el primer estreno de sus obras de teatro… de todo lo cual el entrevistador recuerda cómo Lorca le tendió la mano generosamente, gesto que significó “tanto o más que sus palabras”.

*Escritor español radicado en Ecuador

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