PAPIRRI

Jackeline Rojas Heredia

Un poco de broma, otro tanto de seriedad, música a la letra sin sentido y para la que tiene más de un sentido. Narraciones para recordar vivencias, ya que en la remembranza está el conocimiento o ¿quizá la fuerza? Tristezas, risas y más palabras que desdicen otras o se acomodan según el caso de la ‘metafísica popular’, todo eso tiene nombre y voz, Manuel Monrroy Chazarreta, ‘El Papirri’.
Lo escuché en distintas ocasiones, en medio de alguna broma o algún sinsentido salió a relucir su nombre junto a esas frases que se han quedado grabadas entre los bolivianos de varias generaciones, “Ahora que tenemos, ahora que tenemos… bien le cascaremos”, tarareaba mi pequeña hija cuando era tiempo de cobrar el sueldo. O aquella que se repitió varias veces el 6 de diciembre, cuando la Unesco eligió incorporar a su lista de patrimonio inmaterial de la Humanidad a los rituales de Alasita.
“Alasita, alarila, rebaja casera…”
Lo imagino retornando de Quito (Ecuador), donde fue embajador de Bolivia, llenó de ganas y deseos de reencontrarse con su público, con el que comparte y gusta de sus composiciones, y claro, quizá su reencuentro no fue el esperado. Ese mal entre mortales en el que se revuelca el rencor, la envidia, los celos y en el que aún está latente el racismo no permite ver más allá de cargos, de ideas, no permite que nos veamos como seres humanos. Como sea, y al margen de la imposibilidad momentánea de realizar una entrevista divertida, como se le ocurrió a ‘El Papirri’ cuando le solicité la necesaria cita, paso a recordar las actividades en las que más ha contribuido el artista.
“Yo he dado sin querer queriendo unos 14 a 15 años de clases, he sido docente de guitarra, de solfeo y el solfeo era feo, pues. Lo enseñaban de una manera tan eurocentrista, tan académica… ¡Que aburrido! Entonces yo traté de aplicar un método de Kodály, que es un pedagogo húngaro que inventó un método de leer música a través de las escalas, los modos, y las reglas húngaras, entonces ese método lo apliqué a la música aymara. Experimenté un año y mis estudiantes leían más rápido y mejor que los del paralelo que seguían un método más italiano, entonces ese encuentro, que luego supe con mi maestro, de que yo estaba tratando de hacer un encuentro de saberes,  de tener una visión por lo menos posmoderna del asunto”, compartió.
Enseñanzas que impartió en el Conservatorio Nacional de Música en La Paz y en el Taller de Música de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) cuando asumió su dirección. 
“Un maestro me enseñó en un diplomado que hice, que tenemos asuntos culturales, genéticos incorporados, entonces incentivamos la escritura  a través de lo que uno siente más cercano y seguro que uno aprende a leer más rápido, pero era un asunto genético incorporado, algo tan obvio y que han desarrollado mis propios alumnos. Por lo menos durante siete años yo he comprobado que esa metodología funcionaba. Uno de mis estudiantes es el Grillo Villegas y él experimenta mi método de música aymara”.  Inesperadamente se pone a cantar  “Mi la la sol la, mi, sol, sol, mi, sol y mi re sol, sol fa”, que era una tarqueada, con lo que yo empezaba mi método de lectura. Era rarísimo y me ha costado que me saquen de la institución por querer innovar”, narró. Sin embargo, lo que caracteriza más a ‘El Papirri’ es esa honestidad cruda para decir las cosas, las que le gustan y las que no, ya sea que parezca decirlo en chiste. Cualidad o defecto que de seguro lo mete en problemas con quienes acostumbran “guardar apariencias”. Retornando al maestro, sus años y su esfuerzo para compartir su conocimiento musical lo han hecho merecedor de un importante título otorgado por el Ministerio de Educación en noviembre. “Todo eso ha servido a que el Ministerio de Educación me dé este título, eso sumado a que yo tengo estudios de muchos años de música, solamente que el Conservatorio por su modernismo exacerbado y su eurocentrismo de aquella época (hace 30 años) cambiaban el pensum a cada rato, así que nunca nos dieron un reconocimiento merecido. Estoy agradecido porque me dicen que es algo muy importante”, relató.
Ha dado también materias como música moderna e historia de la música latinoamericana, tiene entre sus estudiantes a destacados artistas como el Grillo Villegas, Raúl Flores, Juanjo Flores, Ever Peredo y otros.
Escribe artículos de opinión en medios impresos de Bolivia. Entre las canciones más queridas, además de las mencionadas arriba, están Hoy es domingo, que interpretada por Emma Junaro se hace memorable, Te kero ver, y una lista interminable que no podría repetirse en este espacio. Pero más allá de sus composiciones nuevas, contemporáneas o legendarias, es sin duda un enorme placer leer sus letras sea en periódico o en los libros publicados por editorial El Cuervo. Tabla de salvación, reeditada en 2012 capta inmediata atención por su nombre que invita a transcurrir por espacios de vida en los que el artista hace a los lectores cómplices de instantes de dolor, alegría o de anécdotas que terminan en interesantes lecciones. 
Crónicas del Papirri reeditada en mayo del presente año, es también otra experiencia que a su vez intenta, si se enlazan las anécdotas, ser una autobiografía compleja y divertida. Compartir con Manuel Monrroy Chazarreta es una vivencia para recordar, ya sea que uno lo lea, escuche o tenga la oportunidad de conversar unos minutos con el artista. ‘El Papirri’ es un personaje indispensable para comprender el alma boliviana intercultural, es una mezcla de nostalgia andina, de calor de valle y jocosidad oriental. Termino con una oración hecha por él al Ekeko, el dios andino de la abundancia: “Sobre las esperanzas, quisiera pedirte que le hagan una estatua al Nilo Soruco y una plaza al Benjo Cruz. Y que un gran parque lleno de flores en Santa Cruz se llame Gladys Moreno. Quisiera pedirte que nuestro ayllu boliviano esté repleto de ternura, que la señora gorda no lo persiga tanto al inquilino, que le ayudes un poco al k’encha Terán para que pague sus deudas. Que al mundo lo gobiernen los artistas, que les otorgues inspiración y platita a los artesanos de verdad y que los chilenos no se roben el salar de Uyuni… Porque mi pueblo no necesita de una isla de la fantasía donde se cumplan sus sueños, para eso está: Alasita, ala plena, alasita, rebaja casera, alasita, alarila ¡Sé que el Ekeko ya cambió mi vida!”