La Central Obrera Boliviana (COB) es la organización más grande y de más trayectoria de lucha de los trabajadores del país. Fundada en abril de 1952, pocos días después del triunfo de la revolución nacional, ha marcado con su presencia la historia boliviana de los últimos setenta años y es un referente mundial de organización sindical y de unidad de los trabajadores bolivianos.

Nacida bajo el cobijo de organizaciones de tradición de lucha como la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia, la Confederación de Fabriles y organizaciones de otros gremios, se vio fortalecida a fin de los años setenta con la adhesión de la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia y pese a los avatares propios de nuestra historia se mantiene incólume hasta hoy, siendo uno de los factores más importantes de poder en nuestro país.

Ni las más cruentas dictaduras militares lograron derrotar y/o hacerla desaparecer, ni los gobiernos neoliberales más recalcitrantes pudieron dividirla.

La COB ha permanecido unida, sólida y consecuente con los principios que dieron lugar a su creación, de defensa de los intereses de los trabajadores, pero no solo de los asalariados, sino de todos los bolivianos explotados, bajo el principio de solidaridad de clase.

A lo largo de las siete décadas de vida de la gloriosa organización sindical, muchos han sido los intentos por destruirla, desde sectores oligárquicos, patronales, conservadores y fascistas. Sus dirigentes han sido víctimas de persecuciones, han sido encarcelados, torturados, desterrados a las zonas más alejadas e inhóspitas del país, exiliados, en fin, una serie de acciones destinadas únicamente a mermar el espíritu combativo de los trabajadores bolivianos.

También desde sectores sindicales de trabajadores han surgido voces disidentes, unas veces solo como manifestación de pugnas de liderazgo, pero en otras con la intención de debilitar desde adentro a la organización obrera. Algunos han pretendido ir más lejos. Al no conseguir sus objetivos de división dentro de la misma COB han acudido a generar paralelismo sindical, que no es otra cosa que admitir su incapacidad de poder discutir, debatir y conseguir el apoyo mayoritario de los trabajadores afiliados a la Central Obrera Boliviana, a través de sus organizaciones.

El paralelismo siempre ha pretendido cobrar vigencia, consolidarse, lograr dividir a los trabajadores, mas nunca lo ha logrado, puesto que los trabajadores bolivianos tienen a su unidad en torno a su organización matriz como el elemento fundamental de su fuerza histórica y arma de lucha contra el capitalismo, el colonialismo y cualquier forma de explotación de los más pobres y humildes de nuestro país.

Los intentos de sindicalismo paralelo siempre se han quedado en eso, en meros intentos sin rumbo, sin consistencia, pese al dinero con que se compraron conciencias de dirigentes sin convicción, pese a las presiones a muchas organizaciones laborales y a otras formas de extorsión. Así ha sucedido en el pasado, así sucede en el presente y será en el futuro porque la unidad de la clase trabajadora en torno a los intereses únicos del pueblo es la fuerza que da vida al movimiento obrero y trabajador boliviano.