El intento de asfixiar al país para dejarlo sin oxígeno ni alimentos fue motivado por razones políticas, por intereses partidarios que han provocado no solo pérdidas económicas millonarias en el sector productivo, pues varias vidas se fueron. Aunque es posible que no se sepa con exactitud el número de decesos por la falta de este insumo medicinal, las familias afectadas sintieron este daño y aún siguen sufriendo. La democracia también ha sufrido.

De hecho, el país ahora se encamina a un proceso electoral que debería estar marcado por la paz; los bolivianos necesitamos paz para decidir. Esta condición implica una responsabilidad de todos los sectores políticos, especialmente de los protagonistas que pugnan por el voto ciudadano. Las manifestaciones motivadas por intereses del Movimiento Al Socialismo (MAS) están enmarcadas en una macabra campaña para volver al poder. ¿El ciudadano estará dispuesto a confiar en una organización que te bloquea si no estás de acuerdo con sus postulados? Es la pregunta está hecha.

Además, la economía de Bolivia, como la de muchas otras naciones de la región y el mundo, está afectada por la expansión de la pandemia. Las proyecciones económicas auguran indicadores negativos y ante ello se han tomado varias medidas de reactivación con bonos directos y préstamos dirigidos a empresas, así como a pequeños emprendimientos. La idea es cuidar el empleo. Por eso, llama la atención que la Central Obrera Boliviana (COB), una entidad que históricamente luchó por la estabilidad laboral, haya hecho exactamente lo contrario, alentando bloqueos que asfixiaron al país.

Pero además de la pandemia, Bolivia está pagando un alto costo por la violencia política. El MAS optó por este juego de chantaje y presión para pedir el voto; para volver al poder en un contexto en el que se desnudaron los resultados de malas decisiones asumidas durante los 14 años anteriores, con inversiones de infraestructura orientadas al culto a la personalidad. Un museo para el líder, decenas de canchas de fútbol con su nombre y hoteles para dirigentes sindicales entre muchas obras que poco sirven ante una crisis sanitaria actual.

Bolivia necesita paz y los esfuerzos para conseguirla no son solo un mérito de las autoridades. Existen miles de ciudadanos que, durante los 13 días de bloqueos, estaban dispuestos a enfrentarse a las personas que estaban bloqueando los caminos. Las Fuerzas del orden detectaron armamento entre ellos, posiblemente para provocar muertes que luego sean endosadas al Gobierno. Es una estrategia de larga y macabra data.

Un escenario de paz también aporta al estado de derecho y el avispado lector sabe dónde exactamente están las cartas que apuestan a un estado de violencia que es capaz de destruir la autoestima colectiva, la serenidad y la unidad de una Bolivia. Se requiere paz para decidir.