• Naira C. De la Zerda/

El nuevo defensor del pueblo, Pedro Callisaya, explicó en una entrevista exclusiva con Ahora El Pueblo qué lo motivó a postular al cargo, cuáles serán los lineamientos que guiarán su gestión y cuáles serán sus primeras acciones en la institución.

El 27 de septiembre, después de una polémica sesión de la Asamblea Legislativa Plurinacional, Pedro Callisaya fue elegido como el nuevo Defensor del Pueblo. 

Tanto en su discurso como en sus primeros contactos con la prensa, el abogado y maestro afirmó que uno de sus principales objetivos es recuperar la confianza de la población en la institución. Reiteró que su gestión se centrará en la defensa de los derechos humanos de todos los bolivianos, sin distinción.

—¿Qué lo motivó a postularse al cargo?

—En marzo evalué presentarme a la convocatoria para la provisión de Defensor del Pueblo, porque tengo un amplio camino recorrido en el ámbito de los derechos humanos y creo que la idea inicial siempre fue servir y contribuir.

Es importante el compromiso social que uno tiene para lograr la defensa de aquellos más desprotegidos, de aquellos que fueron excluidos o se encuentran en una situación vulnerable. Esos son los ideales que me motivaron a presentarme, aunque hayamos tenido que esperar cinco meses para que la Asamblea Legislativa tome su decisión.

—¿Cómo vivió esos cinco meses de incertidumbre ante las dificultades para elegir a un Defensor?

—Ese tiempo fue un espacio importante para reflexionar acerca de la importancia de esta institución para el Estado. Fuimos muy respetuosos con el trabajo de la Asamblea, mantuvimos un silencio mediático.

Durante todo este tiempo hemos esperado pacientemente que se resuelva esa situación porque no queríamos interferir con su labor. Sabemos que los tiempos políticos pueden tener sus pausas y esperamos a que a través de los mecanismos de la Asamblea puedan los asambleístas tomar una decisión. Una vez que esto se resolvió, asumí el reto.

Fueron cinco meses difíciles, la familia ya estaba desesperada, estaba sin actividad laboral porque no podía emprender un proyecto y recomenzar otro. Por un tema de seriedad debía esperar un resultado. Además todos los postulantes fuimos injustamente etiquetados con tendencias partidarias —algunos del oficialismo, otros de la oposición— por el solo hecho de haber prestado servicio en alguna instancia del Estado, ni siquiera del Ejecutivo.

Tuvo su connotación e importancia en ese momento. Ahora iniciamos otro periodo y la idea es comenzar la gestión y darle una identidad propia a la institución.

—¿Cómo pretende diferenciar su gestión? ¿Qué valores priorizará para liderar la Defensoría del Pueblo?

—Tengo el precepto que voy a repetir constantemente: las puertas de la Defensoría deben estar abiertas para todos los bolivianos. Entiendo que el concepto de pueblo nos abarca a todos, independientemente de la postura que se pueda tener, ideológica, partidaria. Ningún tipo de discriminación marcará nuestra intervención institucional.

Nuestra prioridad es recuperar la confianza de la población en la institución. ¿Cómo vamos a hacerlo? Abriendo las puertas de la institución a todos los bolivianos. Parece una noción simbólica o metafórica, pero tiene mucho contenido.

También pretendo recuperar la noción de que todos tenemos derechos iguales. Busco recuperar el ideario constitucional que ha dado lugar a la Defensoría del Pueblo, que es justamente la defensa de los derechos humanos de todo el pueblo. Tenemos que manejar esta institución con equilibrio, que implica construir independencia institucional.

—¿Cómo ve la imagen del Defensor del Pueblo?

—El nombramiento de un titular en la institución ha generado mucha expectativa. Siempre digo que el suscrito tiene una triple responsabilidad. Tengo una responsabilidad con el país y la población por el cargo que ahora ejerzo. Tengo responsabilidad con mi familia porque es el núcleo principal que me impulsa a servir. Y tengo una carga por ser una persona aymara. Eso ya implica tres razones que me impulsan a hacer las cosas bien.

Tengo el compromiso y voluntad de trabajar. Solo le pido al pueblo que pueda acompañarme en esta gestión, y a los medios de comunicación que asuman el rol de constructores, de gestores principales de esta defensa de los derechos fundamentales. Sin ellos no podré comunicarme con la población y tenemos que trabajar para empatizar con el pueblo y que la gente confíe en la institución. Fundamentalmente queremos plasmar nuestro compromiso en la comunicación con el país a través de los medios.

—¿Qué aporta al cargo su identificación con la cultura aymara?

—Nosotros tenemos, culturalmente hablando, un equilibrio que nos permite tener una visión diferente de la vida. No queremos conflicto, queremos un mundo donde haya ética por la vida, no un desprecio por el ser humano.

Vemos cómo se degrada al ser humano en las acciones de las personas mismas. Esto es un suicidio porque así como se desprecia, lesiona o mata a otro ser humano, en última implica lesionarnos a nosotros mismos.

El principio básico es que no podemos vivir sin el otro, no podemos desarrollarnos como seres humanos a plenitud si los otros no están a ese mismo nivel. Ése es nuestro enfoque a partir de lo cultural.

—¿Cree que su formación académica como maestro y abogado marcará una diferencia en su actividad como Defensor?

—Hay el componente académico que acompaña esta gestión. Soy maestro normalista y abogado. También fui docente universitario en varias universidades, la última es la Universidad Católica.

Es importante la formación porque le da una visión no solo empírica, sino científica y teórica a lo que estamos haciendo. Es importante, pero no sería nada si no tuviéramos el compromiso de servicio. Hay mucha gente que tiene mucho conocimiento, pero si éste no va a acompañado del compromiso de servicio a nuestra gente, no se podrá avanzar.

Estamos desde ayer poniéndonos ya la chaqueta de la Defensoría y estamos incesantes en esa lógica.

—¿Cuáles cree que son los principales retos que enfrentará como líder de esta institución?

—En lo interno, hay una debilidad económica. Si queremos fortalecer la Defensoría para que pueda ejercer su rol constitucional efectivamente, debemos darle fortaleza económica. Hay un presupuesto que no alcanza para todas las actividades, tenemos que buscar maneras de lograrlo. Ése es uno de los principales retos de la gestión.

Ojalá que podamos lograr también el apoyo de gente que puede invertir en la institución. Tenemos que recuperar la sinergia con los actores de la sociedad civil, el pueblo organizado, organismos internacionales de defensa de los derechos humanos todos quienes estamos involucrados en esta lucha para fortalecer este espacio.

—¿Cuáles serán sus primeros pasos en el cargo?

Inicialmente tenemos una agenda que está organizada en dos niveles. El primero está vinculado con los problemas emergentes. Estamos ahorita con temas de conflicto que son importantes y no puedo cesar de intervenir. Ésa es una agenda inmediata.

El segundo nivel es el tema administrativo. La transición misma de autoridades. Leía un titular que decía “Continúan las exautoridades en la Defensoría”, pues claro que continúan porque debemos hacer una transición.

Estamos transfiriendo información y no podemos ser irresponsables —más allá de la defensa de los derechos humanos, que sí se está haciendo—, ésta es también una instancia estatal que se regula por normativa administrativa. Por lo tanto debemos tener cuidado.

La segunda actividad será nombrar delegados adjuntos, para ello estamos buscando los mejores perfiles de las personas vinculadas a los derechos humanos desde la sociedad civil, entre otros. Nos están apoyando y vamos a darle la buena noticia al pueblo boliviano eligiendo a las personas con el mayor compromiso.

Y un tercer momento será la construcción conjunta de una agenda centrada en los derechos humanos. Tenemos que construir con todos los actores qué temas vamos a trabajar en la Defensoría, queremos determinar en forma participativa cuáles son las principales necesidades de nuestra sociedad.