Ariel Molina Pimentel /

En La Paz: a los menos, el proyecto de ley les ha traído recuerdos de mala consciencia y sin querer hacer las valijas miran de reojo la vigencia de la visa a “Miami”, se apuran a preguntar si los contratados ya llegaron al punto. Estos otros, ejerciendo el derecho de recibir unos pesos por el esfuerzo de pararse ahí sin necesidad ni obligación de saber por qué lo hacían, cumplían la encomienda. Sin el chantaje docente estudiantil, carecen de masa los menos. Los ediles sabían que el ir y estar bastaba, no necesitaban quedarse. Se notó entonces que el permanecer y luchar son propios de la consciencia de clase. Se fueron temprano.

En Santa Cruz: el ídolo convocó a las masas, a qué y para qué, no terminó nunca de aclararse. Había que unirse, habrá joda, decían. Desconocer y mirar a otro lado lo que sucede en el tejido social de la capital cruceña es aceptar lo mediático, es consentir el relato de cada telediario: el gobierno es enemigo de Santa Cruz. Los de siempre apostados en logias, azuzaron viejos y falsos discursos: que el socialismo, que el comunismo, que el centralismo, que la libertad, que otra dictadura habría surgido. Cambiar esa forma de concepción que tienen sobre nuestra historia para que el significado de opresión, de la violencia que ejercen o promueven sus propios ídolos deje de estar bien, es algo poco menos que imposible. Insistir allá con la conciencia hasta parece necedad.

Pero hay voces y sentires legítimos en todo el país que rechazan el proyecto de ley, tienen derecho a oponerse, estamos en democracia y es que entre los menos hay preocupación, entre ellos se generan cuestionamientos: cómo puede permitirse que se investigue de dónde ha obtenido su familia tanto dinero, cómo pueden quedarse quietos si en esa investigación se desnudarían otros negocios que seguramente tienen, serán públicos esos “bis-nes”, sus privilegios terminarían y no bastará ese persignarse al pasar por una iglesia, no alcanzaría el perdón divino que ofertan las misas de domingo. Saldrán a flote los delitos y la viveza criolla dejaría de existir, ya no podrían seguir aprovechándose de la informalidad del mercado y de la adecuación a un régimen especial que les permite decir que no tienen, que no hacen y que por eso no declaran impositivamente. Los paraísos fiscales dejarían su anonimato. Barbaridad y media dicen.

El tratamiento del proyecto de ley, fue suspendido. Sin embargo, hay batallas que no merecen la pena, archiven el proyecto de ley, postérguenlo antes que nos hagan firmar compromisos. No hay motivo para protestar en las calles. Las excusas deben terminar. El 18/10/2020, se recuperó de las manos de la vocación corrupta de la derecha boliviana el país secuestrado. La democracia ha vuelto. La baja convocatoria a participar del Paro Cívico, responde a la necesidad de trabajar del pueblo boliviano, porque los más, tenemos que salir temprano y regresar tarde para obtener ingresos que nos permitan cumplir con las deudas y con el país. (Ariel Molina Pimentel es abogado)

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