Pablo Jofré Leal /

Cuenta el mito que el Titán Prometeo, tras haber robado el fuego de los dioses para regalarlo a los hombres, Zeus, el jefe máximo de ese Olimpo le impuso un castigo a Prometeo por su osadía. Su hermano Epimeteo recibió como regalo de los dioses una compañera: Pandora. Una mujer dotada de todos los encantos para seducir: Afrodita le dio la belleza, Hermes la elocuencia, Atenea la sabiduría, Apolo la música…

Cuando Pandora se presentó ante Epimeteo, lo hizo acompañada de otro regalo de Zeus: una tinaja, que el paso de los relatos transformó en una caja cerrada, con la advertencia que bajo ningún concepto debía ser abierta. Epimeteo, deslumbrado ante las cualidades y belleza de Pandora, ignoró la promesa hecha a su hermano Prometeo de no aceptar jamás regalo alguno de los dioses olímpicos, considerados por el Titán como astutos y traicioneros y escondió la dichosa caja en un lugar seguro (1).

Pero, la curiosidad pudo más y Pandora, un día que Epimeteo dormía le robó la llave del lugar donde escondía la caja, y la abrió para espiar su contenido. En ese momento escaparon de la caja todas las desgracias y males que podían afectar a la humanidad, y se extendieron por el mundo: enfermedades, sufrimiento, guerras, hambre, pandemias, envidia, ira… Pandora, al ver lo que había hecho, cerró apresuradamente la caja dejando en ella a Elpis, el espíritu de la esperanza, que no logró escapar y entregando al mundo su mensaje respecto a que “la esperanza es lo único que no se pierde”.

Este mito de la caja de Pandora da nombre a la investigación periodística por la cual se denunció la existencia de secretos escondidos en los paraísos fiscales —aparentemente legales, pero inaceptables a estas alturas— denominados Pandora Papers, que revelan riqueza oculta, evasión de impuestos y lavado de dinero a diestra y siniestra. 12 millones de documentos filtrados, archivos que 600 periodistas en 117 países, agrupados en el llamado Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación con sede en Washington, revisaron durante 8 meses, encontrando historias vinculadas a los hombres más ricos y poderosos del mundo involucrados en actividades cuestionables. En Chile, el nombre revelado es del mandatario Sebastián Piñera, frente a lo cual el denominado Centro de Investigación Periodística —CIPER— dio a conocer una interesante investigación sobre la participación de Piñera y su familia en sociedades fiscales (2).

La filtración de los Pandora Papers incluye 6,4 millones de documentos, tres millones de imágenes, más de un millón de correos electrónicos y medio millón de hojas de cálculo, que incluyen al menos 330 políticos de 90 países, 130 multimillonarios y 14 presidentes latinoamericanos en activo y expresidentes, entre ellos el mandatario chileno, el empresario y multimillonario Sebastián Piñera Echeñique, involucrado con su familia y su grupo económico  en operaciones llevadas a cabo en paraísos fiscales. Lo de Piñera da cuenta de un negocio relacionado con un proyecto minero portuario en la Cuarta región de Chile (Coquimbo) denominado Proyecto Dominga, que ha sido cuestionado desde su origen por temas ambientales. Recordemos que Piñera buscó beneficiar a Minera Dominga en agosto de 2010, cuando de manera arbitraria y saltándose la institucionalidad ambiental canceló la construcción de la central termoeléctrica Barrancones en la cercana comuna de La Higuera.

Estos personajes han utilizado compañías secretas con ventajas fiscales, para así ocultar su riqueza, canalizando, desviando dinero y escondiéndolo del control. Empresas anónimas con sede en otra regiones o países: Islas Caimán, Suiza, Singapur, Panamá, Islas Vírgenes Británicas, entre otras.  Una actividad que ha sido definida como no ilícita, pero indudablemente poco ética y destinada a no pagar impuestos en sus países de origen. Esto, por los mismo políticos y empresarios que suelen llenarse la boca de conceptos como patria, nacionalismo, defensa del país, desarrollo social para todos los habitantes y ellos simplemente buscan ocultar sus riquezas.

Algunos nombres de los involucrados son el actual monarca de Jordania, por negocios inmobiliarios por decenas de millones de euros en el Reino Unido. Oligarcas rusos, el presidente de Ecuador, Guillermo Lasso; el dominicano Luis Abinader y otros 11 ex presidentes latinoamericanos. Pedro Pablo Kuczynski; el hondureño Porfirio Lobo; los colombianos César Gaviria y Andrés Pastrana; el paraguayo Horacio Cartes y los panameños Juan Carlos Varela, Ricardo Martinelli y Ernesto Pérez Balladares. Se incluyen en esta caja que ha sacado toda la pestilencia posible a personajes como el ex primer ministro británico Tony Blair; el antiguo director gerente del FMI, Dominique Strauss-Kahn; y a los cantantes Julio Iglesias, Miguel Bosé, Shakira y el entrenador del Manchester City Pep Guardiola. A los que se unen el actor y político Volodimir Zelenski, actual presidente de Ucrania y el cantante Elton John. Al que se suma, ya en forma crónica uno de los exmonarcas más corruptos en la actualidad, Juan Carlos I, de la casa de los Borbones en España y su amante Corina Larsen, entre otros.

Trascendió, igualmente —y no podía ser de otra manera— que en el Pandora Papers aparecen mencionados millonarios, políticos y organizaciones vinculadas a la ocupación del territorio palestino. La palabra Israel aparece 40 mil veces en los Pandora Papers, según Shomrim, una organización israelí de periodistas que participa en la investigación internacional. “El más conocido de los 565 israelíes mencionados es Nir Barkat, antiguo alcalde de Jerusalén, ahora diputado del Parlamento israelí“. Se suma la asociación de judíos religiosos y ultranacionalistas, Ateret Cohanim, que promueve el asentamiento en los barrios palestinos de Jerusalén. Organizaciones de colonos extranjeros judíos, que en la mayoría de las ocasiones utilizan empresas ficticias para adquirir bienes inmuebles en Jerusalén. Este, según explica Uri Blau, periodista de investigación israelí. La investigación arroja que Ateret Cohanim, la organización de colonos en cuestión, no ha pagado las tasas e impuestos en las Islas Vírgenes Británicas, donde están domiciliadas sus empresas ficticias. Por tanto, técnicamente, las Islas Vírgenes Británicas son las propietarias de las casas de Jerusalén Este. (Telesur)

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