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Reynaldo J. González / – Edición impresa

Piraí Vaca, uno de los más destacados músicos bolivianos en el ámbito internacional, llegó a La Paz para brindar tres presentaciones especiales, el lunes en el Palacio de Comunicaciones y el jueves y el viernes en el Teatro Nuna. 

Los conciertos se dan luego de la gira nacional Todos bajo el mismo cielo, que se realizó en junio en 14 escenarios de los nueve departamentos, e inmediatamente después de una gira internacional por países como Alemania, Francia, Luxemburgo, Corea del Sur, Argentina y Japón, donde tocó su guitarra ante la princesa Mako, de la familia imperial del Japón.

Durante los conciertos en La Paz, el maestro cruceño  presentará su DVD El ángel de la lluvia, grabado en vivo en dos conciertos que se realizaron en la sede de gobierno en 2017. Igualmente, aprovechará su estadía para dictar un taller de guitarra auspiciado por el programa Intervenciones Urbanas del Ministerio de Planificación del Desarrollo.

El periódico Bolivia aprovechó su visita para conversar con Vaca sobre su música y percepciones sobre la situación que vive el país. 

Maestro, ¿cuál es el repertorio de estas presentaciones y cómo se estructuró?

Cada vez me doy cuenta que proponer el programa correcto para cada presentación es algo fundamental. Hacerlo bien me llevó años de aprendizaje. Como seres humanos tenemos corazón, mente y una dimensión espiritual que la puedes llamar según tu creencia. Entonces, cuando yo diseño un programa siempre es mi preocupación que esos tres elementos del ser humano estén incluidos dentro de lo que voy a tocar.

Así hay piezas que tocan al corazón, que te emocionan, hay otras que apelan a la mente, que te sorprenden, y hay algunas que apelan a lo espiritual. En este programa tenemos música boliviana, que no falta nunca, tenemos música latinoamericana, norteamericana, africana y europea. Entre las cosas que se podrían reconocer a primera vista están las piezas Alfonsina y el mar, de Ariel Ramírez y Félix Luna; el Capricho árabe, de Francisco Tárrega; el Munasqechay, de Los Kjarkas, entre otras.

Tras tres décadas de carrera, ¿cómo recibe su música el público paceño?

Después de 29 años de hacer música, mi función es emitir un mensaje que llegue a esas tres esferas que tiene el ser humano: lo emotivo, lo intelectual y lo espiritual. En La Paz, en Santa Cruz o en cualquier ciudad donde me presento, busco que mis conciertos sean una experiencia que haga bien al público y que me haga bien. A través de la música busco la unidad, no por la coyuntura política actual, sino como un objetivo que tengo hace muchos años. Quiero crear un espacio en el que gracias a la música nos olvidemos de dónde somos, qué edad tenemos, a qué religión pertenecemos y recordamos que lo más importante es que somos seres humanos. Unirnos a través de la música es mi objetivo.

Como artista, ¿cómo ve la situación actual en Bolivia?

Es una situación compleja. Siempre,  a través de mi arte, mi función ha sido asumir una tercera posición que hoy más que nunca es importante cuando todos están de un lado o de otro. En esta tercera posición podemos ver la diferencia de opiniones, pero no un enemigo. Creo que es necesario tomar distancia. Si yo me adhiero a algún lado de  la polaridad que estamos viviendo solamente  contribuiría a que el caos sea mayor. A través de la música tengo la posibilidad de ver con mayor objetividad el problema para no caer en excesos. Eso es extremadamente importante para mí. Y la complejidad de la situación actual requiere más que nunca esa actitud.

¿Cómo transcurrió el taller nacional de guitarra que dio con el auspicio del programa de Intervenciones Urbanas?

Hicimos el curso en Santa Cruz y Cochabamba.  A pesar de los bloqueos llegamos a pie, en bicicleta o en moto a lugares donde pasamos las clases. Tuvimos 427 inscritos entre personas activas y oyentes. Los cursos  en Cochabamba los realizamos en el momento más álgido del país, con gente que llegaba tras una, dos o tres horas a pie. Era increíble el esfuerzo que hacían esos muchachos. Eso me emocionó un montón. Me hizo ver otra cara del ser humano. Esa experiencia me dejó con el pecho henchido. En La Paz realizaremos los cursos el lunes, martes y miércoles en el Musef.

En los conciertos presentará su nuevo DVD, titulado El ángel de la lluvia. ¿Qué puede contarnos respecto a este audiovisual?

El DVD fue filmado en 2017.  Construimos un escenario con luces y una pantalla LED en el auditorio del hotel Casa Grande de La Paz e hicimos dos presentaciones en vivo. El objetivo del director de fotografía, Milton Guzmán —que fue quien me convenció de hacerlo—  era capturar la magia de una presentación en vivo, lo cual es mucho más difícil y mucho más costoso. A pesar de mis reparos, me rendí a la idea porque si hay algo que caracteriza mi música es el momento de magia en vivo, que no se logra en estudio. En estudio lograrás otras cosas, pero no esa magia. Este DVD nos ha costado bastante, pero estamos contentos con el resultado.

¿Qué proyectos tiene para el resto del año  más allá de los conciertos y del taller?

Dedicarme a descansar. Descansar en mi caso particular significa hacer mi trabajo. Tocar la guitarra, pero tocar sin presión. Cuando no tienes conciertos programados, cuando tienes dos o tres meses para ti, el estudio de la guitarra es completamente distinto.  Es un estudio que se puede centrar simplemente en tocar la misma nota durante media hora o simplemente en perfeccionar el movimiento de un dedo. Te alimentas de una manera completamente distinta. Sin presión, tu técnica se renueva, se replantea, tienes tiempo para pensar dónde estás y dónde quieres ir. Diciembre, enero y febrero serán meses para replantearme muchas cosas, para aprender y crecer de otra manera. Realmente espero esos meses con ansias porque mi vida es de vertiginosidad que a veces me hace colapsar.