La Comisión Económica Para América Latina (Cepal) confirmó lo que se sabía en la región: los gobiernos destinan muy pocos recursos económicos a la salud pública, un dato que ahora alcanza niveles dramáticos.

Dice el informe que los países de la región sólo destinaron 2,2% del PIB a la salud a pesar de que la Organización Panamericana de la Salud recomienda que esa tasa llegue por lo menos a 6%.

En Bolivia esta discrepancia llevó a que el gobierno del cocalero Morales expulsara del país a un sacerdote que pedía 10% del PIB para salud, un nivel que ya ha sido decretado por el gobierno de la presidente Jeanine Áñez.

Dice el documento de la CEPAL: «Habrá fuertes impactos en el sector de la salud por la escasez de mano de obra calificada y de suministros médicos, así como por los aumentos de los costos. La mayoría de los países no han invertido lo necesario en salud. La mayoría de los países de la región se caracteriza por tener sistemas de salud débiles y fragmentados, que no garantizan el acceso universal necesario para hacer frente a la crisis sanitaria del Covid-19”.

A propósito de que son servicios fragmentados, el documento precisa: «Generalmente los sistemas de salud se organizan en torno a servicios en el sector público para las personas de bajos ingresos, servicios del seguro social para los trabajadores formales y servicios privados para quienes puedan costearlos. De esta manera, los sistemas permanecen segregados y claramente desiguales al ofrecer servicios de distinta calidad a diferentes grupos poblacionales. Si bien se han emprendido reformas para reducir esta fragmentación y expandir acceso al sistema de salud, aun son insuficientes».

La cantidad de camas disponibles para la población es insuficiente en todos estos países, aunque en algunos, como Bolivia, son demasiado reducidos.

En una alusión que podría entenderse que está dirigida a Bolivia, el documento dice: “Los sistemas de salud de varios países de la región ya estaban bajo presión a causa de la epidemia de dengue en 2019, cuando se infectaron más de 3 millones de personas (la mayor cifra registrada en la historia de la región) y 1.538 personas murieron a causa de la enfermedad.”

El documento alude también el efecto que tendrá el virus en la pobreza en la región debido a la parálisis económica decretada para evitar el contagio con cuarentenas que todavía están en vigencia y que podrían ampliar su vigencia con la llegada del invierno.

La Cepal había advertido a principios del año pasado que Bolivia estaba entre los pocos  países donde la pobreza extrema había crecido, un dato que, por supuesto fue ignorado por el gobierno del cocalero Morales, dedicado a gastar dinero en propaganda, y justamente en propaganda sobre la “reducción de la pobreza”.

Pero el peor legado que dejó el cocalero al país es el estado calamitoso de la salud pública, justamente después del mayor auge de ingresos de la historia del país, con recursos que fueron despilfarrados de la manera más irresponsable, con grados de corrupción jamás vistos. La mala, pésima, asignación de recursos durante el auge es responsabilidad directa del cocalero Morales y de su ministro de economía, el ahora candidato Luis Arce Catacora.