Encuentro de poetas

Homero Carvalho Oliva (*)

Escribir un poema es un acto de soledad en el que, sin embargo, se encuentra la humanidad porque la poesía permite reencontrarnos con el otro, con el que somos y no somos. En un poema somos uno y somos todos. Para decirlo con palabras de Martin Heidegger: “La poesía es la fundación del ser por la palabra. Poéticamente hace el hombre su habitación en la tierra”. 
Desde hace algunos años, intento que la filosofía me ayude a hacer las preguntas que la poesía me dará, acaso, las respuestas. Como afirma Robert Penn Warren: “En el fondo, un poema no es algo que se ve, sino la luz que nos permite ver. Y lo que vemos es la vida”. Y la poesía hecha poemas busca no solamente ser leída, también ser escuchada y si es de la voz de sus autores encarna un significado muy especial. Ese hallazgo es el que buscan los festivales de poesía por todo el mundo, desde una lectura en un pequeño pueblo hasta otra en el mayor de los teatros de una urbe cosmopolita. 
Existen festivales de todo tipo en los que lo importante es el verso y el encuentro. Desde hace varias décadas he tenido la suerte (uno de los tantos nombres de la Divinidad) de participar en muchos de ellos. El año 2010, fui invitado al Festival Internacional de Poesía de Medellín, que celebraba su vigésima versión. Cien poetas de los cinco continentes nos dimos cita en un hotel del centro de esta ciudad colombiana, aquello parecía una torre de Babel. El año 2012 me fui a Lima, también he estado en Santiago y Concepción, en Chile; en Bolivia he participado en varios de ellos. He leído poemas en teatros, parques, auditorios, aulas universitarias y de colegio, bibliotecas de barrio y capillas de comunidades campesinas. La comunión que establece el poema entre la audiencia y el poeta es mística. Es algo que nos reconcilia con el mundo y con nuestro interior.
Paralelo Cero
Esta semana, la dicha ha querido que lea mis poemas en Quito, como invitado a la novena versión del Festival Internacional de Poesía en Paralelo Cero, uno de los más importantes del continente. En la inauguración he leído en la unidad educativa Martín Cereré junto a los poetas Antonio Preciado, de Ecuador, homenajeado por el Festival por su extraordinaria obra; Miguel Ángel Zapata, de Perú; Sara Palacios y Julia Erazo, de Ecuador. Hoy, jueves, en la sede de Unasur, leeré junto a Christian Zurita, Franklin Soria y Laura Calvache, de Ecuador; José María de la Quintana, de España, y Juan Carlos Olivas, Costa Rica. He vuelto a comprobar, una vez más, que, como señala Octavio Paz: “Cada poema es único. En cada obra late, con mayor o menor grado, toda la poesía. Cada lector busca algo en el poema. Y no es insólito que lo encuentre: ya lo llevaba dentro”, porque un buen poema es aquel que te lee a ti.
‘¿De qué día es esta noche?’
La editorial El Ángel, de Ecuador, presentará mi poemario ¿De qué día es esta noche? Y la Unesco, que son mis anfitriones, me organizaron una serie de actividades, entre ellas dos talleres de escritura creativa en la Librería Rayuela y la Universidad Central de Ecuador, además de entrevistas. Es decir que, en Quito, la literatura será el centro de mi vida, como siempre lo ha sido y seguirá siendo hasta que la postrera palabra me cierre los ojos. 
Así como las lecturas nos enlazan con la audiencia, las palabras lo hacen entre poetas al margen de los actos programados porque el encuentro sucede en los cafés, en los almuerzos, las cenas y en la alta noche, con bebidas, tabaco y libros. Uno lleva y se trae libros, uno autografía sus poemarios y se trae los de otros con cariñosas palabras. Eso es todo y es mucho; uno se encuentra y se desencuentra con sus pares, con los poetas y con el público y eso hace posible el milagro de la creación. Y el milagro se hizo también carne porque en esta ocasión me acompaña mi hija Carmen Lucía, poeta y música, cuyos poemas son de una sorprendente escritura y no lo digo solamente como padre, también como experimentado lector. 

(*) Escritor y poeta
 

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