Fotos: Gonzalo Jallasi

• Gonzalo Jallasi /

El ruido de un pequeño motor resuena en toda la galería Illimani. Se asemeja al sonido de las máquinas de los dentistas y se lo escucha en todos los rincones. De cerca parece un toque eléctrico permanente; sin embargo, para los clientes es soportable y hasta agradable, pues se trata de grabarse en la piel algún símbolo, un nombre o una imagen.

Desde las 10.00 hay gente sentada en las gradas del edificio esperando la apertura del encuentro de tatuadores, desde jóvenes hasta mayores, algunos con un papel en la mano, donde está el diseño de lo que quieren grabarse. Otros aguardan a los tatuadores para confirmar la obra de arte. Así fue una de las jornadas del evento Tattoo El Alto El Gran Jacha Uru, tercera versión, que se celebró del 4 al 6 de junio en la urbe alteña.

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