Lilian Loayza Ojeda (*)

A poco de haber concluido el primer mes de 2021, es importante hacer una revisión de nuestra situación y de los cambios suscitados a la fecha; sin lugar a dudas uno de los principales problemas con los que el Estado se encuentra luchando es el efecto causado en la salud y en la economía de las y los bolivianos tras el rebrote del coronavirus, que lógicamente ha golpeado a las familias; ante ese escenario surgen muchos comentarios, la mayoría relacionados con cuáles serían las medidas que debe adoptar el gobierno para la contención de la crisis, pero existe un problema de qué crisis atender primero ¿la salud o la economía?

Partiendo por la salud, en una lógica sencilla se debería dictar una cuarentena rígida para evitar más contagios, situación que parece razonable, ante la inconsciencia de algunas personas que salen sin protección se contagian y contagian a sus familias; pero analizando los efectos causados por la cuarentena rígida que se instauró en el país durante los meses de marzo, abril y mayo de 2020, que si bien de alguna forma ayudaron a postergar el contagio del masivo del virus, es sumamente claro que gracias a ese encierro se desencadenaron otro tipo de problemas para los ciudadanos, vinculados con la dificultad de generación de ingresos por la falta de trabajo, la imposibilidad de pago de deudas de los prestatarios, el cierre de empresas, entre otros.

Ahora bien, lo antes mencionado se relaciona directamente con el ámbito económico, que visto en términos microeconómicos si una persona (agente económico) no trabaja, no genera ingresos entonces ¿cómo se pretende que subsista? ¿o que cumpla con sus obligaciones crediticias?, si agregamos ese comportamiento en el conjunto de la población, en términos macroeconómicos es evidente que se ve afectada la economía nacional, entonces ¿qué se debe atender primero?, lamentablemente es un trade off imposible de definir, porque ambas crisis son de urgente atención.

Sin embargo, hay buenas noticias para los bolivianos, el gobierno gestionó la compra de vacunas para poder hacer frente al problema de salud sin descuidar la economía, la llegada del primer lote de vacuna al país es sin lugar a duda una solución estructural que permite preservar la salud del pueblo boliviano, siendo una medida que logrará mejorar la condición actual; permitiendo resguardar la salud de los grupos, sectores y personas más expuestas al contagio como ser el personal médico, sin tener que llegar a extremos de cuarentenas, dando la posibilidad de seguir trabajando y generando recursos no sólo para cumplir con sus obligaciones financiera, sino principalmente para que no le falte el sustento a sus familias; ello no significa que se tenga que dejar de lado todos los cuidados y normas de bioseguridad que corresponden, pues lo que se busca es minimizar el riesgo de contagio.

Muchos dirán “que el número de vacunas es ínfimo, que no cubre a la totalidad de la población”, pero ante ese comentario es preciso hacer mención a una frase que escribió Ángel Careaga en sus redes sociales “si, son “apenas” 20 mil vacunas, pero son nuestras 20 mil primeras vacunas y son parte de la esperanza de lograr superar esto…”, seamos críticos, pero de forma objetiva, pues no se trata de aplicar la típica frase “dime de que se trata, para oponerme” si no de ser positivos y propositivos, y es así como “vamos a salir adelante” juntos, apuntando a un mismo objetivo, el “bienestar común”.

(*) Lilian Loayza Ojeda es economista