Por: Sebastián Ochoa /

Creados a mitad del siglo pasado para promover el desarrollo de poblados de todo el país, actualmente los comités cívicos son un arma de doble filo. Pueden ser una amenaza para sus propias poblaciones cuando son cooptados por intereses políticos y económicos, dijeron especialistas a Sputnik.

Los comités cívicos tienen un rol determinante en la vida democrática de Bolivia. Así lo demostraron en el intento de golpe de Estado de 2008, en el golpe de 2019 y en las últimas protestas contra el presidente Luis Arce, cuando volvieron a demostrar su capacidad para desestabilizar gobiernos legítimamente constituidos. Pero ¿qué son los comités cívicos? ¿Cuál es su origen y cuáles sus motivaciones?

El Comité Cívico pro Santa Cruz es el más fuerte del país. En este departamento del oriente boliviano los cívicos se autoproclaman como “el gobierno moral de los cruceños”, lo cual da a entender que hay un poder paraestatal diseñado para proteger a la “cruceñidad”.

Esta identidad regionalista se corresponde con los valores convenientes a grupos económicos y políticos dominantes de estas tierras, donde en varias ocasiones amenazaron con separarse de Bolivia para montar otro país.

El Comité Pro Santa Cruz fue fundado en 1950, cuando la ciudad tenía 50.000 habitantes. Hoy alberga a más de dos millones de personas, las cuales la convierten en el centro urbano más grande del país.

En un principio, este comité se movilizó para tener luz, agua, pavimento, alcantarillas. En 1957 sacó lustre como defensor de los cruceños, cuando encabezó las protestas para que el Gobierno nacional dejara al departamento el 11% de regalías por la explotación petrolera, que aún es una de las actividades principales de Santa Cruz, junto a la agroindustria, especialmente la sojera.

Rafael Rafo Puente es uno de los intelectuales más destacados del país. En los 90 fue diputado de Izquierda Unida, en el mismo periodo y partido que Evo Morales (2006-2019), con quien coincidió más adelante en la creación del Movimiento Al Socialismo (MAS). Fue su viceministro de Interior y también fue gobernador de Cochabamba, entre 2008 y 2010.

Con sus 81 años de experiencia, conoce como pocos el devenir y el significado de los comités cívicos, con sus luces y sombras. Alertó que, bajo ciertas condiciones, pueden convertirse en “un peligro” para la población, tal como lo demuestra el accionar de estos días del Comité Pro Santa Cruz, presidido por el controversial Rómulo Calvo.

AMENAZAS DE UN NUEVO GOLPE

La última intervención de los comités cívicos de Bolivia aconteció semanas atrás, cuando encabezaron la protesta nacional e indefinida en contra de la Ley 1386, la cual pretendía controlar el contrabando, el narcotráfico, la trata de personas y todas las ilegalidades que transcurren en las fronteras bolivianas. Promulgar esa normativa era un compromiso de Bolivia con las Naciones Unidas.

Pero las protestas cívicas de nueve días, fundamentalmente en las ciudades de Santa Cruz y Potosí, decidieron al presidente Luis Arce a derogar la ley, al tiempo que denunció la ejecución de un nuevo golpe de Estado.

Para Puente, no todos los comités son iguales. En Bolivia hay cientos de ellos, muchos en áreas rurales, que están manejados por gente realmente interesada en mejorar la calidad de vida de sus vecinos.

Para él, un comité cívico “pretende darle a la sociedad una opción de reunirse y de tomar decisiones al margen del Estado. De ahí viene el nombre de ‘cívico’. Viene de la ciudadanía. No es algo estatal, no es algo oficial. No es comparable a lo que pueden ser gobiernos más o menos democráticos o autoritarios”.

Desde esta óptica, un comité cívico “vale la pena y es una forma de expresión de los deseos, necesidades, urgencias, quejas y propuestas de la sociedad civil. En Bolivia han habido comités cívicos que en determinado momento han influido de manera muy saludable y han logrado cosas, han logrado apoyar a la movilización de la población”.

CUANDO SE DEGENERA EL COMITÉ

Hay un lado sombrío en los comités, que gana cuando prevalecen intereses de sectores políticos y económicos. Es lo que se vio en el Comité Pro Santa Cruz en 2008, cuando a la cabeza de Branko Marinkovic y los cívicos de Pando, Beni, Tarija y Chuquisaca jugaban con la idea de hacer una república aparte.

Esta aventura concluyó con la masacre de Porvenir, en Pando, donde fueron asesinadas 15 personas.

El plan separatista se volvió descabellado cuando llegó al país Eduardo Rózsa Flores, nacido en Bolivia y fogueado en la guerra de los Balcanes, en la cual combatió para el bando de Croacia. La misión del cruceño era crear milicias que se encargaran de dividir al país: una parte andina, al oeste, y la parte de valles y llanos, al este.

En abril de 2009 la Policía irrumpió en el Hotel Las Américas, en pleno centro cruceño, y acribilló a Rózsa junto con dos de sus ayudantes. Otros dos fueron detenidos. Luego de que declararan, cayó una larga lista de cívicos y funcionarios de la Gobernación cruceña, entonces liderada por Rubén Costas, quien previamente había sido presidente del Comité Pro Santa Cruz.

Cuando el grupo de Rózsa fue desbaratado, desapareció del país Marinkovic. Volvió en 2019, cuando triunfó el golpe de Estado contra Morales. A los pocos meses asumió como ministro de Desarrollo Rural y de Economía del Gobierno de facto de Jeanine Añez (2019-2020). En ese momento, nadie recordó su pasado separatista. Hoy su paradero es otra vez desconocido.

Cuando un comité tiene mucho poder, “también empieza a correr el peligro de degenerarse. Hay gente que quiere controlar los comités cívicos para ser alguien, para poder influir, para obtener ganancias de alguna forma”.

APARATO IDEOLÓGICO DE LA ÉLITE CRUCEÑA

La politóloga cruceña Helena Argirakis dedicó mucho tiempo a estudiar el fenómeno cívico. Consultada por Sputnik, se excusó de hablar porque pasa por un momento de salud delicado. Pero recomendó leer algunas de sus investigaciones.

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