Milenio

La poderosa tradición y nuestras creencias nos llevan desde hace unos días a felicitar a familiares y amigos por la celebración de la Navidad y, de paso, para desear un nuevo año lleno de prosperidad. Ambos hechos son tan bien recibidos que es mal visto quien lo pasa por alto, como cualquier día, lo cual es difícil, pero no imposible.

La publicidad comercial sabe para qué son estas fechas. Los almacenes, tiendas y centros vacacionales se preparan con mercaderías y atracciones para aprovechar aguinaldos de los trabajadores.

Sin embargo, siempre queda la sensación de que algo falta como sociedad, principalmente cuando día con día nos tenemos que enterar y cuidar de agresiones de los delincuentes, así como abusos en pleitos familiares por ruptura matrimonial, herencias o propiedades en conflicto.

 El papa Francisco difunde su mensaje de amor y paz, siempre bien recibido. No obstante, parece que la sociedad pierde una etapa ideal para la educación, la que podemos inculcar a las nuevas generaciones. Enseñarles a respetar, a cuidar los objetos públicos, a no destrozar, a guiarse con la verdad, a no robar, a no agredir a nuestros semejantes, a ser responsables, esforzados y solidarios, a rechazar la violencia, a no dejarse manipular, a trabajar, a ¡pensar!