Yves Froment

Por varios años hasta 1997, Yves Froment Debroux ejerció como maestro y catedrático en artes, cine y retórica en universidades de Cochabamba.

Eduardo Mitre
Poeta, ensayista y escritor

Vino anoche en mi sueño
a decirme personalmente
que se había muerto. Me lo comunicaron antes
amigos nuestros. Pero no pude o no quise creerlo y evadí cobardemente el duelo. Y él lo sabía.
Por eso vino anoche de visita
a decirme —tristísimo 
pero firme— que ya no lo negara pues era cierto.
Ya de retorno a su Bruselas natal, en un anónimo apartamento, detuvieron su corazón, 
apagaron sus ojos risueños, silenciaron su cálida voz:
la soledad, el alcohol
y la pesada cruz
de los sueños deshechos. Ahora yo acabo de despertar y él de irse, y en el fluyente vitral de los recuerdos
vuelven los rituales felices
que compartimos: Los versos de René Char
(que él citaba como versículos),
la pasión por el cine y sus ídolos,
el fútbol y la magia de sus demiurgos,
la música húmeda del jazz, 
el pícaro paraguas de Brassens, el viaje que con el difunto Carlos Navarro hicimos por primera y última vez
a las verdes alturas de Machu Picchu… En fin, ojalá fuera uno Sherezade para contarle a la Muerte (hasta intrigarla y mantenerla en vilo) la vida azarosa de Ives Froment:
siempre yendo y viniendo
entre Bruselas y Cochabamba, buscando tercamente El Dorado
como un Cabeza de Vaca sentimental en cada par de ojos femeninos. Sí, ojalá uno fuera Sherezade
y la Muerte tuviera oídos
para así postergar
indefinidamente
el desventurado origen
de estas imágenes menesterosas: tristes prendas del desventurado amigo —ahora bajo las hojas de Hypnos— que flotan en el caudoloso
río de la memoria.