centrales (3)

Marcia Morales (*)

Recorrer Tiwanaku, Guaqui y Taraco es recorrer la historia de civilizaciones fuertes, habitantes de las orillas del lago Titicaca, es comprender cómo se comunicaron, cómo convivieron o cómo se dominaron entre sí. Hay tantos lugares llenos de historia, tradición, llenos de vivencia y misterio.
La fe religiosa integrada a los modos de ser y hacer de culturas como la aymara, la chiripa, la tiwanakota y la incaica. Un viaje al pasado y al presente prometedor para las poblaciones que habitan esos municipios paceños y que fue posible gracias al convenio y coordinación entre la empresa estatal Boliviana de Turismo (Boltur) y el circuito turístico Markasataki, que integra precisamente Tiwanaku, Guaqui y Taraco.
En Tiwanaku existe un museo lítico y cerámico, lleno de significados, objetos que se construyeron en el pasado y que hoy, sobre la base de la greda y los tintes naturales, se imitan para souvenirs destinados a los turistas. La riqueza de ese municipio explica las creencias milenarias al Tata Sol y la madre Pachamama.
Guaqui se ubica a una distancia de 90 kilómetros de la ciudad de La Paz y a 3.800 metros sobre el nivel del mar. Entre sus atractivos está la maestranza de trenes, lugar en el que se halla la locomotora Illimani Nº 6, capaz de  recorrer 40 kilómetros por hora. De procedencia inglesa, la locomotora funcionó en 1900 y adelante, es conocida por su participación en el filme de Antonio Eguino, Los Andes no creen en Dios.
En el lugar están también, como en un depósito, los famosos tranvías que funcionaban en la ciudad de La Paz. La guía turística comparte que en ese entonces, de 1905 hasta 1925 más o menos, el pasaje para trasladarse en tranvía tenía un costo entre los 10 a 20 centavos, y el servicio de transporte se desarrolló en líneas bien específicas. Parte de esos recuerdos se encuentran en el registro fotográfico sobre el barrio de Sopocachi que se presenta en el Espacio Simón I. Patiño.
Fanny Torres, guía turística de Guaqui, relató los momentos tristes que vivió la población en 1986, cuando la crecida de las aguas del Titicaca la inundó: se dice que la causa fue el enojo del Tata Santiago.
“La fiesta más importante para Guaqui se celebra el 25 de julio en honor al Tata Santiago, es ahí que los devotos bailan morenada, la danza preferida del Tata. Ese año 86, de otra población llegó una fraternidad de tinkus, y eso no le gustó al santo, por eso castigó a todos con la inundación”.
Montado sobre su caballo, lleva una espada temible en la mano, dicen sus creyentes que es muy milagroso, que es un personaje luchador que vino de Europa.
Más adelante, la población deleitó a los visitantes con la tradicional danza de los chunchus de Zapana, de rasgos particulares. Se dice que es originaria de la zona lacustre y que representa el contacto de las poblaciones aymaras con las etnias amazónicas, es una extraña imitación a los danzantes del oriente. En Taraco, la escuela Arthur Posnansky lleva el nombre del célebre investigador y presenta de la misma manera un museo de piezas arqueológicas halladas en la misma unidad educativa. Taraco es conocida como capital de la morenada.
Tres poblaciones que luchan por la conservación de sus atractivos, que apuestan no solo al turismo, sino también a la producción de leche, actividades agroturísticas, agricultura y pesca, tres poblaciones que fascinarán al más refinado visitante.

(*) Periodista invitada

linkedin