Weimar Arancibia

Jackeline Rojas Heredia

Weimar Arancibia es el director musical invitado de la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN), institución dependiente del Estado a través del Ministerio de Culturas y Turismo. La OSN está a punto de concluir un año de exitosos conciertos bajo la dirección de Arancibia y con el aporte y entrega de los músicos profesionales que la integran.
Hace pocos días, el público paceño disfrutó de la novena sinfonía del compositor alemán Beethoven. Lo siguiente y como parte del cierre de gestión será el concierto Rescatando Nuestra Navidad, entre el 12 y el 14 de diciembre, junto a Música de Maestros.
Weimar Arancibia hizo su maestría y doctorado en dirección orquestal en Michigan State University College of Music.

¿Cómo y cuándo nace en usted la inquietud por especializarse en la dirección orquestal?
Siempre me gustó la música y bueno, mi hermano estudió piano y a mí me fascinaba estudiar guitarra clásica. En eso se abrió un taller de música en la Universidad Católica con la especialización en dirección y composición. Ahí es cuando surgió mi interés por la dirección de orquesta. 

Si ya se inclinó por la guitarra, ¿qué elemento en la dirección orquestal motivó su elección? O mejor, ¿qué es dirigir una Orquesta?
Me di cuenta que la dirección involucraba un esfuerzo de abstracción grande, tú suenas, es decir, los instrumentos son los seres humanos y la orquesta. Un director tiene que sacar lo mejor de los músicos y de los instrumentos para lograr el resultado, es un nivel especial de las habilidades humanas, y entendí que la orquesta es un paradigma social. Refleja lo que debería ser la humanidad, una integración, todos aportando y articulando su trabajo en un solo compromiso, si así fuera la humanidad, entonces nada sería igual. 

¿Se especializó en EEUU, cómo logró ese objetivo?
Fui director asistente en la Universidad Católica y luego hice una aplicación para irme a estudiar a otro país, tuve la suerte de entrar a una universidad en la que hallé a un director que cambiaba los conceptos de lo que es orquesta en Estados Unidos. Cuando llegué, él me dijo que mi nivel era bajo, fue muy honesto conmigo, lo que me impactó porque ya venía de haber participado en conciertos en Santa cruz y otros, y tenía algo de ego, pero empecé a esforzarme porque me di cuenta que él tenía razón y que yo estaba muy debajo de mi realidad. La maestría me costó bastante, pero pude crecer y él me aceptó para estudiar el doctorado, me quedé a trabajar mucho y a redescubrir cada día lo que es una orquesta. Pude volver a Bolivia el año pasado, fui invitado para dirigir un ciclo, un programa interesante para interpretar al compositor ruso Stravinski y la orquesta respondió muy bien. 

Alguna vez lo escuché decir que la orquesta es como su familia, ¿cuándo surge ese nexo con usted, cómo percibe la coordinación de los músicos con su dirección?

En la infancia fue mi padre porque estaba ausente, ya que mis padres se habían divorciado y cada quien había rehecho su vida. Mi padre era una figura legendaria para mí, a quien veía en las vacaciones. 

¿Cuándo empezó su inclinación por la escritura?
A la orquesta me une un nexo antiguo, la quiero desde siempre. Yo me colaba a los ensayos, fui asistente de David Hegel durante su tiempo como director de la OSN. Y cuando tenía que enviar la audición para la maestría, la orquesta me apoyó y la dirigí en un video, y cuando retorné sentí la sensación que uno siente cuando retorna a casa. La orquesta es una máquina especial formada por seres humanos que hacen que funcione, cómo mover el tiempo, cómo hacer que un acorde brille, cómo incentivarlos, cosas por el estilo. Viví en EEUU casi 7 años y estaba más atento a las noticias sobre Bolivia, a lo que vivía cuando estaba acá. Afuera descubres mucho por tu país y aprendes a quererlo, yo extrañaba el chairo. Cosas así. Pude volver a Bolivia y creo que estamos junto a la OSN concluyendo un año de grandes conciertos. Soy el director artístico esta temporada y fue una feliz coincidencia, nos pusimos a trabajar desde el principio el ciclo completo de las sinfonías de Beethoven. Hemos tenido al maestro alemán por más de dos meses visitando La Paz. Hubo momentos excepcionales de música, Beethoven es un patrimonio universal y de alguna forma nos apropiamos de esa sinfonía que hicimos nuestra porque la complementamos con esta energía nacional paceña. 

¿De marzo a mayo se interpretaron las nueve sinfonías?
Sí. Después de eso hemos tenido otros conciertos interesantes, como la Gala Argentina junto a Danilo Peroni, los más fascinantes, nos fue muy bien en ese concierto. La orquesta hizo un convenio de cooperación con la Embajada Argentina. En el concierto tocamos una obra universal y luego intercalamos la interpretación de un compositor boliviano y un compositor argentino, es interesante escuchar ese diálogo e interpretamos también a Marvin Sandi, un músico que no se toca mucho, y Alberto Ginastera, otro músico latinoamericano. Esa gala permitió encontrarnos con escenas campestres de la vida argentina.
Luego escuchar a Sandi con música de Eduardo Caba y los aires indios fue fascinante. Otro concierto memorable fue Los Planetas, con el fagotista Mauricio Wayar. Y bueno, entre lo fascinante está tocar la novena sinfonía porque refleja la sociedad con la que soñamos, es una obra política, una que plasma un amor grande por la humanidad, cuyo mensaje es ‘dejemos las diferencias y seamos hermanos’. Yo creo que no hay una revolución social sin una revolución cultural de fondo. Creo profundamente que la orquesta puede crecer mucho, pero necesitamos mucho apoyo de la sociedad, de nuestras autoridades, de la familia y de nosotros. Yo seguiré soñando porque sé que es posible ser un referente latinoamericano.