Revista Mexicana

El escritor mexicano Francisco Trejo conoció al poeta beniano Homero Carvalho Oliva en el Encuentro de Escritores y Poetas en Ecuador ‘Paralelo Cero’.
Trejo afirmó que se interesó de inmediato en Carvalho debido a la historia de exilio que vivió en México entre los años 1980 y 1981, durante la dictadura de Luis García Meza.
Carvalho ganó su primer reconocimiento, el Premio Latinoamericano de Cuento, por el Joñiqui, obra incluida también en la Antología del Cuento, editada por Miguel Vargas y publicada por la Biblioteca del Bicentenario de Bolivia (BBB).
La obra integra ahora la edición junio-julio de la revista Crítica de la Universidad de Puebla, junto a la entrevista desarrollada por Francisco Trejo.
El escritor mexicano plantea muchas cuestionantes sobre la influencia del exilio en la creación del cuento en particular, luego se responde: “Me parece pertinente decir que es un texto sin patria, un texto latinoamericano, en el mejor de los casos, por su tema y su atmósfera, por sus preocupaciones estéticas y su estructura. Queda en manos de los lectores esta tentativa para generar discusiones en torno a los temas de exilio y literatura”. Las preguntas no inician ni acaban ahí, van más allá, a esa parte en la historia de vida de uno  de los autores nacionales más destacados a nivel internacional. Trejo pide a Carvalho que le cuente las circunstancias de su exilio, y Homero Carvalho responde a continuación: 
“El 17 de julio de 1980 tomó el poder, en Bolivia, el dictador Luis García Meza. Ese nefasto día asesinó, entre otros, a Marcelo Quiroga Santa Cruz, jefe del Partido Socialista Uno; a Gualberto Vega, líder sindical minero, y a Carlos Flores, jefe del POR-Posadas, en los días sucesivos se cometieron masacres en las calles y los dirigentes políticos, sindicales y universitarios tuvimos que ponernos a buen recaudo. En esa época, yo militaba en el grupo revolucionario Octubre, organización de izquierda nacional, y era dirigente de la carrera de Sociología, de la Universidad Mayor de San Andrés, de La Paz, y con unos amigos y compañeros supimos de una lista que la ‘narco dictadura’ tenía para perseguir y apresar a ciertos dirigentes; en ella estaba mi nombre. Conocía la tradición de México de proteger y amparar a los exiliados y por eso decidí irme para allá. Ahora, muchos años después, frente al teclado, pienso que fue una decisión acertada”.
Una de más de una decena de preguntas difíciles de reproducir en el presente espacio. Sin embargo, se destaca el interés de un escritor mexicano al proporcionar a estudiantes lectores las historias de vida de escritores bolivianos. (JRH)