RobertoEchazú

Luis Mérida Coímbra*

Cuerpo ligero, casi aéreo, huesos homéricos, mente clara, llena de presentimientos e imaginación fecunda, sospechosa, mordaz. Roberto tenía alas de ángel en la alborada, cuando la noche era un murciélago curioso, avezado. Su vida era una juguetería de niño malicioso, desamparado.
Este juglar de alta poesía nació en Tarija, allá por el año 39 del siglo XX, su obra, como dice la poeta Vilma Tapia “…no es ‘abundante’, pero en la concentración que tiene hay una complejidad que trasluce su vida, sus reflexiones, sus lecturas, su fe y, sobre todo, una ética”.
Roberto Echazú se inicia a los 24 años, publica su precioso libro: 1.812. “En el mar / hombres colmados / de tristeza / cargaban sus fusiles /…mujeres y niños / hombres y viejos / morían alegremente”. La palabra puntual, el deleite de llegar al poema con unidad, aliento, aura. Un libro desangrado, la guerra perdida, la honda pena de estar sin el mar o la mar. Amar el mar. 1.812 es reflexión, paradigma, su verso con fuerte dosis de economía verbal, de sintaxis definida en secuencias correctas.
A Roberto lo conocí en la bella Tarija por los años 80, bebimos vino en una querencia que daba al río Guadalquivir, conversábamos hasta el alba, me deslumbró su verbo, eran tiempos del beber, del vivir, del compromiso con la historia, con la vida, vivíamos tiempos sombríos. Su expresión tenía candor y crueldad, su voz era tierna siempre, sabia de dolor.
Cuando fungía de diplomático en Cuba, yo trabajaba en la bella Habana, tuvimos oportunidades de convivir labores y tertulias, asistí al lanzamiento de su libro Provincia del Corazón. Un poema de este libro hace alusión a la gesta guerrillera del Che, recuerda a los individuos saturados de paciencia, a los hombres levantados en armas en el sudeste de Bolivia. “Este país no país / camarada / de la tierra / del hombre / libre / de Ñancahuazú.”
Algunos poemas con tinte político, pero su camino seguía siendo de cal, de sal, de cantos de tierra de amor. La poesía de Echazú es un segmento de cielo, es un terco corazón que ama. Un mar bravo en tensa calma. Un poeta universal.
Roberto revela la palabra, es un mágico espejo del haz de luz, hay tristeza en su metáfora, angustia de llegar al centro del poema, al éter iluminado. Su ser busca siempre El Libro de la Pureza: lo encuentra en sueños, siempre páginas en blanco, son libros que piensan en la vastedad del hombre en la tierra, su palabra es una víbora peligrosa, una tierna ave rapaz. Roberto es un niño-viejo que juega al mismo tiempo que sufre.
Roberto, tarijeño de cepa, amaba su bella y andaluza ciudad. Lucila, su compañera, quien no hablaba, todo cantadito decía; sus dos hijos, Gabriel Sebastián y Humberto Esteban, inspiraron dos hermosos poemas; su patio níveo, su noria, al fondo, en un segundo piso se encontraba su escritorio, lugar que él denominaba “mi idiotario”, espacio lleno de libros, cuadros, fotos, la más conmemorativa, saludando a Fidel Castro. “En este lugar” —decía el vate— cuando estoy idiota me subo a escribir”. Este buró fue fuente de luces y sombras, manantial de palabras, desde este espléndido espacio salieron poemas, cartas, mensajes, adoratrices, todos con sabor a uva y locoto.
En el número 9 de la Mariposa Mundial afloró tiempo atrás un texto publicado por Rodolfo Ortiz que dice: “Días anduve enhebrando la imagen de Roberto Echazú, hasta que al fin descubrí que era suficiente dejarla en paz y cuidarla como uno de los más preciados tesoros que la botellística y la poetística confiaron en mi memoria”. Feliz epigrama para rendir homenaje a este insigne, perenne hombre de la poesía.
¡Salud! / Roberto,/ donde te encuentres.// Y,/ claro, / tú gozo/ siempre nos acompañe. 
LMC

*Poeta y cineasta