Hordas de mercenarios que responden al cocalero Morales insultan y apedrean en El Alto a médicos y enfermeras que cumplen la tarea de atender a los afectados por el virus chino.

En otros países, en cambio, el personal médico que está haciendo estas tareas recibe los aplausos de la gente, el reconocimiento por lo que están haciendo, que es un gesto de heroísmo, por el riesgo de contagio que corren.

De esa manera, Bolivia se ha convertido en el único país del planeta donde ocurre esta atrocidad, esta iniquidad, este acto de salvajismo, este comportamiento cavernícola, de simios.

Cuál será el grado de ignorancia de esta gente que obedece consignas desquiciadas, como aquella por la cual se culpa a “la derecha” por el virus chino y por la cuarentena que se decretó para frenar su expansión.

El repudio de los bolivianos a estos grupos que desprestigian al género humano es muy grande y está creciendo conforme se reproducen los actos de salvajismo.

Para ser capaz de obedecer estas consignas se requiere un grado de ignorancia muy grande, un grado que, como se puede observar, no se presenta en ningún otro país del planeta.

Agredir a enfermeras que están haciendo su trabajo de cuidar la salud de la gente es lo último que se podría registrar en la escala de la degradación humana, y se está dando ahora en Bolivia.

Los responsables intelectuales de esta corriente, quienes instan a sus seguidores a cometer estas atrocidades deberían tener por lo menos una pizca de criterio, pero se nota que no, que están decididos a llegar al extremo de la atrocidad para conseguir sus propósitos políticos.

Se guían por el criterio de “después de mí, el diluvio”, como dijo el francés Luis XV, con una personalidad ególatra y enferma de poder. El diluvio o el desastre, o la guerra civil, o lo que sea, incluso el fin del mundo.

El problema que tiene este personaje que envía las consignas es que el pueblo boliviano ha decidido no rendirse y plantarse frente a este atropello. El pueblo boliviano ha dicho nunca más. Lo dijo en las jornadas de octubre-noviembre y ahora, si se diera el caso, su determinación se mantendría firme, hasta hacer tronar el escarmiento.

Quienes manejan estas consignas están jugando con fuego. Destruir carreteras, dinamitar gasoductos, atacar a la policía y al ejército, pero sobre todo apedrear e insultar a las enfermeras y a los médicos, son comportamientos capaces de provocar un estallido de repudio incontrolable.

Cuidado. Están jugando con fuego.