La orangutana Sandra vive en un santuario de primates en Estados Unidos. (Foto: Semana)

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Ni los animales escapan a la necesidad de tomar medidas para evitar el contagio con el coronavirus. Sandra, una orangutana que reside en un santuario de primates en Estados Unidos, imita a sus cuidadores y se lava las manos con agua y jabón, como la mejor forma de hacerle frente a la pandemia.

La acción que se repite de manera permanente por parte de las personas que tienen la responsabilidad de cuidarla, llevaron a Sandra a actuar de la misma forma, tal vez sin entender mucho de qué se trata lo que hace. Sin embargo, es claro que en momentos en que se deben tomar todas las precauciones para evitar la enfermedad, es un buen ejemplo a seguir.

Sandra fue el primer animal en ser declarado sujeto de derechos en el mundo y en noviembre del año pasado pasó de habitar en cautiverio durante 24 años en un zoológico de Argentina, al santuario de simios más grande de Estados Unidos, en donde tiene compañía y vive feliz.

Esta orangutana, de 33 años años, encontró defensores que lograron hacer valer sus derechos ante la justicia argentina. El animal inició una nueva vida en el santuario en Florida, luego de que se le diera cumplimiento a una sentencia dictada a finales de 2015, cuando fue declarada «persona no humana», otorgándole derechos fundamentales como el de la vida y la libertad.

En un fallo sin precedentes, en su momento, la juez Elena Liberatori, declaró al animal como un ser “sintiente” y con derechos, convirtiéndolo en el primero en el mundo en gozar de este tipo de garantías. Desde ese momento la vida de Sandra cambió para siempre, pues el fallo determinó que se le debía buscar un lugar en el que se garantizara su bienestar.

Aunque el carácter de «persona no humana», que obtuvo en la primera instancia del proceso judicial fue revocado tras diversas apelaciones, persistió la condición de «ser sintiente”, gracias a la cual la orangutana obtuvo su boleto para vivir en un espacio abierto y con otros animales de su misma especie: el santuario Centro de Grandes Simios (Center for Great Apes).

La orangutana Sandra ahora es libre en un santurio para simios en Estados Unidos. 

Nacida en 1986 en el zoológico de Rostock, en Alemania, Sandra creció sola, pues su madre la abandonó. Luego fue enviada al zoológico de Gelsenkirchen y cuando tenía nueve años, la vendieron al de Buenos Aires, en donde permaneció por décadas.

La depresión se había apoderado de ella y por eso no faltó quien quisiera asumir la defensa de sus derechos. El abogado constitucionalista Andrés Gil Domínguez, miembro de la Asociación de Funcionarios y Abogados por los Derechos de los Animales (Afada), consideró que la situación del animal era intolerable y acudió a los tribunales con el fin evitar que siguiera siendo considerada una “cosa” u “objeto”, como establece el Código Civil y Comercial argentino.

Su propósito y el trabajo legal y jurídico para cambiarle la vida a Sandra no fue en vano. La decisión de la juez, quien asegura que estudió leyes para defender a los inocentes, y considera que no hay nadie más inocente que un animal, fue el inicio de un nuevo capítulo en la vida del animal.

El 21 de octubre de 2015 la juez emitió la sentencia mediante la cual Sandra fue reconocida como “sujeto de derecho” y se le ordenó al gobierno de Buenos Aires, propietario del zoológico y, por tanto, de la orangutana, que garantizara al animal “las condiciones naturales del hábitat y las actividades necesarias para preservar sus habilidades cognitivas”.

Sin embargo, dado que en este país no hay un sitio adecuado para cumplir con este mandato de la jueza, fue necesario iniciar la búsqueda de un lugar que garantizara el bienestar del animal y la misma juez se encargó de conseguirlo.

Tras cumplir con los procesos de rigor y demostrar su buena condición de salud, fue traslada al santuario, un lugar de 40 hectáreas, localizado en el área rural de Wauchula, una zona boscosa y húmeda. Antes de que llegar Sandra, en ese lugar vivían 21 orangutanes, de distintas edades, todos rescatados de circos, de la industria del entretenimiento o de hogares que los tenían como mascotas.