Savia Nueva nació en 1976, en plena dictadura militar. (Foto: RRSS)

Estéfani Huiza Fernández/Crónicas

El canto revolucionario de los hermanos Junaro contribuyó a que el proletariado se identifique con sus letras. Savia Nueva nació en 1976, y varias agrupaciones folklóricas comienzan a ofrecer un discurso contestatario, estas expresiones se convierten en las voces acalladas, dormidas de las masas que ansiaban condiciones más justas de trabajo y de vida.

El reconocido músico y activista en los derechos del artista, Eduardo Cassapia, en su artículo titulado ‘Bolivia y su canción comprometida’ reconoce que la música de protesta actual en el país tiene algunas influencias latinoamericanas, como la nueva trova cubana y la canción contestaría de Argentina y Chile.

Cassapia destacó que Nilo Soruco, cantautor del sur de Bolivia, es pilar fundamental de la canción contestataria social y sindical. Su música recorre todo el panorama nacional desde los años 50 a los 80.

“La noche de San Juan es el título de la canción más emblemática de Nilo, trata de un pasaje trágico de la historia boliviana allá por los años sesenta (del siglo pasado), la sublevación y matanza de los mineros y sus familias en el altiplano, en esa década comienza una transformación tanto social como musical”, agregó.

El experto menciona además a Benjo Cruz, un cantautor argentino que vino a Bolivia inspirado por el Che Guevara y su guerrilla en La Higuera, a ser parte del Ejército de Liberación Nacional (ELN). Su canto emblemático y de trinchera fue la bandera universitaria por décadas. Murió en combate, “cambió la guitarra por el fusil”, añadió.

En los 70, los grupos de rock nacional empiezan a contextualizar el rock importado con los instrumentos y ritmos nativos, las herramientas musicales que fueron marginadas por siglos y no tenían entrada en las ciudades.

También recordó que la agrupación Wara (estrella) comienza a dar origen a un sentir de identidad nacional a partir de esa poderosa unión, el rock y la música nativa. Destaca su álbum Maya 1974 (disco grabado en aymara) y El Inca 1975.

SAVIA NUEVA

Los hermanos Cesar, Emma y Jaime Junaro.


El antropólogo especializado en música andina Ramiro Gutiérrez explica que el canto de protesta surge aproximadamente desde la revolución del 52, con la reivindicación de algunos derechos conseguidos por los trabajadores mineros del país.

La política cambia a partir de esa fecha, obreros y demás sectores luchan por sus derechos. A partir de los sesenta hay varios cambios. Cada vez aparecen más partidos con intención de gobernar el país y en ese proceso surge la música de protesta, contó Gutiérrez.

“Algunos mineros van a comenzar a utilizar el charango, el huayño como un género musical de protesta y de esa manera emergen algunos cantantes con tendencia revolucionaria”, añadió.

El Grupo Savia Nueva aparece en ese contexto, en el año 1976, según el relato del experto. Con la llegada de los gobiernos militares, la izquierda comienza a crecer junto a los partidos comunistas y socialistas. Ese hecho genera una cultura popular de protesta con influencia de la nueva trova cubana, representada por Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, entre los artistas más representativos.

En ese proceso surge Savia Nueva “como efecto de este movimiento entre los mineros. Las letras que manejan tienen fuerte contenido social, ellos desarrollan ese género musical en Bolivia, junto a Luis Rico, entonces le van a dar cuerpo y forma a la música de protesta nacional”, contó Gutiérrez.

El especialista destacó que Savia Nueva se alineará al género de protesta y desarrollará un estilo propio, marcando diferencia con agrupaciones de otros países de Latinoamérica. “Comenzará a utilizar instrumentos típicos nativos y ritmos andinos, peruanos, colombianos, venezolanos, su capacidad de utilizar el género latinoamericano, en todo esto, es fundamental”, agregó.

Al respecto, el músico Eduardo Cassapia comentó que canciones como Los mineros volveremos, de César Junaro, grupo Savia Nueva; Jallalla, de Jesús Jechu Durán; Jacha Uru (el gran día), de José Jacha Flores en la versión de canto popular; y El Minero, del grupo Savia Andina, son ejemplos del poder de la canción contestataria en el país.

LENGUAJE DE PROTESTA
César Junaro, músico compositor e integrante del grupo Savia Nueva, contó que en una época hacer música popular era un compromiso arriesgado, por los gobiernos militares de ese entonces y el contexto sociopolítico, ellos desafiaron ese sistema con canciones cuyas letras reflejaban las injusticias a las que era sometida la clase obrera.

“Era muy arriesgado salir al escenario a interpretar temas con alto contenido social, fue un compromiso físico e ideológico, fue una época muy valiente porque no era fácil sostener la línea de canto que tuvimos”, recordó.

Junaro narró que desafiaron gobiernos con su canto y ese hecho los llevó a buscar refugio a otros países latinoamericanos. “Tocamos en plena dictadura de García Meza, eso nos costó el exilio”, manifestó.

El experto en música Ramiro Gutiérrez explicó que la participación de Savia Nueva, desde los años 70 al 90 en apoyo a los sectores populares, es fundamental. A través de sus letras y composiciones inéditas cuentan la historia de los gobiernos militares, y mediante la música logran desarrollar un lenguaje escrito en prosa que reivindica los derechos de los obreros.

Para Gutiérrez, Savia Nueva representa un aporte invaluable para la cultura boliviana, porque en los años sesenta, cuando la música de protesta era interpretada por mineros, obreros, que utilizaban instrumentos típicos para contar sus desdichas, un grupo de jóvenes que no pertenecía a esa clase social comienza a identificarse con la causa del proletariado.

Por esos años, narró el experto, no era lo mismo escuchar a un Alberto Terán a un grupo urbano, en caso de Savia Nueva no eran fabriles o mineros, eran músicos de clase media. “Su canto nació en las universidades, entonces su aporte es invaluable”, añadió.

EL LEGADO DE JAIME JUNARO
“Tienes que volar paloma en tu propio cielo. Hay un palomo esperando pa’ que vuelen juntos. Mi camino no es el tuyo, yo soy de otro cielo. Tienes que volar paloma en tu propio cielo. Extiende tus blancas alas, vuela hasta que encuentres remedio pa’ tus heridas y olvides tus penas. Las alas de aquel palomo quieren ayudarte. Si juntan los dos sus alas volarán muy lejos”, cantaba Jaime en las salas frías y lastimeras del hospital Obrero.

Postrado en una cama, igual le sonreía a la vida, recordaba aquellos tiempos lejanos cuando tuvo que huir del país por defender sus ideales, junto a su hermano César, compañero de escenario, vida, penas y alegrías.

“Él quería irse a la casa, vamos Emita, me decía, hablaba en quechua y cantaba, su voz se escuchaba por todo el hospital”, contó.
Jaime falleció el lunes 7 de junio por complicaciones con la diabetes. Su hermano y hermana lo recuerdan como un hombre sencillo, soñador, un poeta que amaba Bolivia. Casi todo podía conmoverlo, desde el amanecer, la naturaleza hasta las injusticias sociales.

César recuerda una anécdota que compartió junto a su hermano. Cuando estaban en Ecuador, visitaron la ciudad de Santa Ana de los Cuatro Ríos de Cuenca, en el lugar circulaba un río de aguas tibias, por un volcán cerca del sitio. En ese cauce de aguas cristalinas, varias mujeres mojaban sus muslos frotando con ahínco aquellas prendas. Después secaban sus ropajes al sol, el cielo azul servía de fondo a aquella escena que se asemejaba a un paisaje. “Son los caballitos al cielo”, dijo Jaime al contemplar las nubes que se disipaban en el horizonte.