DEP 11 - FOTO 1 - MARTINEZ

 

La Paz / Reynaldo Gutiérrez

Para el exseleccionado nacional Simón Martínez, el fútbol boliviano y la Selección no están en un buen momento porque faltan talentos y líderes.
 
¿A qué se dedica?

A mi familia y a mis nietos. Ya cumplí mi ciclo como trabajador y como futbolista profesional. Estoy jubilado y vivo tranquilo de mi renta.
Ya no puedo practicar ningún deporte porque mis rodillas me molestan.

¿En qué quedó el fútbol?

Ya no voy a los estadios porque los partidos ya no son atractivos, rara vez miro por televisión.
Bajó mucho el nivel del fútbol boliviano y eso te desmotiva a asistir a los escenarios.

¿Qué diferencia hay entre el fútbol de ayer y el de hoy?

Antes se jugaba con mucho más corazón; no nos cuidaban ni nosotros nos cuidábamos el físico, le metíamos con todo porque a nadie le gustaba perder, luchábamos hasta el final de los partidos para ganar. Ahora cambió la situación, los jugadores son más fríos, los defensores son más estáticos, no hay líderes que te impulsen y lleven adelante, juegan callados, les hacen un gol y no dicen nada ni se enojan y no demuestran ansiedad por triunfar.

Muchos compañeros de mi época hoy están pagando la factura por dar todo, con lesiones en la rodilla y cadera que ya no te dejan caminar; jugábamos infiltrados sin pensar en que nos estábamos haciendo daño.

No veo que llegue gente extranjera que venga a enseñar, como lo hacían antes, de buen nivel; hoy ni tienen alma para defender la camiseta a muerte.

Hoy los clubes se arman para estar arriba y ganar los tres millones de dólares de premio, se olvidaron de las divisiones inferiores, que son la base para formar nuevos talentos. Piensan más en el dinero que en el fútbol como espectáculo, por eso la gente ya no va al estadio.

A los dirigentes les cuesta aceptar la inclusión de un Sub-18 en los partidos. Si se quiere mejorar el nivel por equipo, deberían jugar por lo menos dos o tres Sub-18 o Sub-20, pero hoy a regañadientes aceptan a uno y por un período, cuando deberían jugar los 90 minutos. Solo así vamos a formar gente.

Antes había la cuarta especial o la segunda, que era la que le seguía a la primera, con el incentivo de que podían dar el salto al primer equipo y así se formaron muchos.

En la actualidad hay mucha gente madura que sigue jugando porque no hay futbolistas para reemplazarlos, no hay promoción ni incentivo en los clubes, son contados los equipos que le dan apoyo a sus categorías menores.

¿Por eso estamos así?

Sí, se descuidó las inferiores y desde la creación de la Liga se anuló la participación de los chicos en preliminares de los partidos oficiales. Antes los muchachos se ‘rajaban’ para tener el carnet de ingreso libre, ese era el único incentivo por el que peleaban con toda su alma y corazón, porque no había plata de por medio.

Los jovencitos de hoy reciben plata y ya no se dedican a jugar por amor al fútbol, hay que rogarles para que jueguen u ofrecerles dinero.
Por el lado de los clubes tampoco les dan oportunidades, en Bolívar he visto que hay mucha gente que puede responder, pero el espacio es limitadísimo, creo que suben uno o dos por año.

¿A los cuántos años comenzó su carrera futbolística?

A los 15 años, en el 31 de Octubre de Oruro, y jugué en las selecciones orureñas de las diferentes categorías. A los 17 años ya comencé a trabajar y después me vine al 31 de Octubre de La Paz.

Participé en tres selecciones nacionales: en el Sudamericano de Lima Perú, Panamericanos de México y Juegos Odesur en La Paz. El 75 fui parte de la preselección boliviana de mayores. El 77 y 80 conformé las selecciones nacionales. 1980 fue un año especial y peculiar porque yo era el único futbolista que jugaba en la Asociación de Fútbol de La Paz convocado a la Selección, el resto pertenecía a clubes profesionales de la Liga. Fue algo que me llenó de orgullo.

Ese año pasé a The Strongest donde no tuve mucha continuidad porque había como cinco defensores, fue una transferencia poco beneficiosa porque ya tenía todo arreglado con Mario Mercado para irme a Bolívar, pero el gerente financiero de Comibol era miembro del directorio del Tigre y me llevó.

Antes no había Fabol para que pueda protegernos. El pase era de los dirigentes, que podían hacer lo que les daba la gana, sin respetar el pensamiento del futbolista. Luego pasé al Municipal, donde jugué mis últimas cartas, y en 1987 dejé el fútbol.

¿Cómo ve a la Selección nacional de hoy?

Me gustó que entren más jóvenes. Se necesita mucho trabajo y los microciclos son insuficientes; antes nos concentraban de 20 días a un mes.

Hay que darle tiempo al técnico para que pueda desarrollar su plan de trabajo y olvidarse de querer cambiarlo cada que pierde. La dirigencia de la Federación está pensando más en los resultados que en la formación de jugadores, y ahí se comienza a perder.

No es malo copiar lo bueno que hacen otros países, como Venezuela, que ahora está por encima de nosotros.
El fútbol boliviano también adolece de dirigentes que sepan de fútbol. Quienes están al frente de los clubes llegan rápido porque tienen dinero y sin experiencia en el manejo del fútbol, ahí tenemos un déficit que influye negativamente.

¿Qué cree que falta para salir de este mal momento?

En el fútbol boliviano no hay líderes que te empujen a ir al frente con todo. Antes teníamos a Ricardo Fontana, Nicolás Linares, que si fallabas una pelota te gritaban con palabras fuertes porque lo único que querían era ganar.

Hoy no tenemos jugadores que se pongan al equipo en la espalda. Se conforman con poco. Eso hay que cambiar.

Cuéntenos una anécdota…

Eduardo Angulo se quejaba porque lo pateaba y le recordé que él también pegaba y nadie se quejaba, no era una cuestión de dar y no recibir (sonríe).

Una vez, cuando Wilfredo Camacho era técnico de la Selección, en un partido entre los equipos A y B, fui a marcarlo a Erwin Romero, quien manejaba muy bien los codos, me dio uno y no me quedé atrás, le metí fuerte, pero sin mala intención y se revolcó, a lo que Camacho me gritó: “Martínez, qué pasa, va a fregar a la gente”, cuando de su parte debía incentivar a jugar con fuerza, pero sin lastimar a nadie.

Después se agarró conmigo y me decepcionó como técnico porque en mi mejor momento no me puso de titular en un partido contra Colombia, que era decisivo y perdimos.

Antes había mucha camarilla, los dirigentes de clubes grandes influían en las decisiones de los técnicos pidiendo convocar a sus jugadores, y lo hacían; no sé si eso cambió, creo que no porque sigo escuchando comentarios así.

Perfil

Simón Martínez Sánchez, exfutbolista orureño de 64 años. Jugó en las selecciones nacionales de las diferentes categorías. Su mejor etapa la pasó en el equipo 31 de Octubre.

 

linkedin